Notre innocence

Wajdi Mouawad lanza a los millennials gritando a coro su inocencia y reclamando una responsabilidad en la herencia recibida

Signo inequívoco de los dramaturgos imbuidos de postmodernidad, agolpados por el postdrama y todas las fragancias del arte conceptual, es trabajar a partir de una idea (no siempre suficientemente compleja). En la mayoría de los casos se alcanza una extrañeza esteticista generalmente hueca; en unos pocos, la propia idea rompe los límites y ofrece, gracias a la inteligencia de los creadores, efectos, soluciones y hasta metas más que satisfactorias. Wadji Mouawad casi lo consigue; pero le ha faltado abordar la complejidad de los individuos que contradicen al imperioso estereotipo. Desde luego, sigue siendo Incendios la obra que ha logrado una larga lista de seguidores. No negaré que es un buen texto, aunque sus procedimientos sean de corte clásico; pero me parece mucho más interesante, incluso cuando se queda a medias (véase Les larmes d’Oedipe o   Inflammation du verbe vivre), en sus experimentaciones artísticas como en Seuls o en este caso de Notre innocence. El prólogo, una larguísima historia entreverada de metaficción, sitúa a la actriz Hayet Darwich a relatar pormenores que no parecen razonables en su extensión y que más sirven al dramaturgo para conectar con la «realidad» el acontecimiento (como acostumbra a hacer). Curiosamente, por la estructura del montaje, podríamos considerar que del principio se pasa a lo podría haberse establecido como apoteósico final. Sigue leyendo →

Bestias de escena

Emma Dante propone una pretenciosa performance con catorce actores desnudos a la intemperie de un escenario vacío

Foto de Masiar Pasquali

La idea es vaga, y después las ocurrencias, lo que salga, lo que llene un tiempo y un espacio (imposible transgredirlos en la coordenada humana-consciente). A posteriori, la reflexión, la explicación; y las tragaderas. El arte conceptual es una estafa inconmensurable. Casi nunca el concepto es tan valioso, ni trascendental. Su ejecución puede ser estéticamente gustosa. Aunque se digiere mejor que La crítica de la razón pura y uno se cree más humano. Bestias de escena viene con prospecto: una entrevista a la creadora que el Centro Dramático Nacional «esconde» en su dosier de prensa. No tiene desperdicio. Antes de desmenuzarla, será bueno que abordemos lo que pasa encima del escenario. Cuando el público entra en la sala principal del Teatro Valle-Inclán, catorce individuos confeccionan en corro diversos pasos que van repitiendo de forma más o menos acompasada al ritmo que marca uno de ellos. Uno aguanta en su butaca como ese espectador que deglute las doce horas de Out 1, noli me tangere («no me retengas»), de Jacques Rivette, donde asistimos impertérritos a decenas y decenas de minutos de prácticas actorales. Sigue leyendo →

Consentimiento

Un drama de parejas donde la validez de la justicia se pone a prueba en una indagación de las insidias humanas

Foto de marcosGpunto

El envoltorio de comedia ajustada a los cánones más que manidos de la lucha entre sexos que Nina Raine ha utilizado para indagar en el alma humana, está cargado de trampas y es conveniente no caer absolutamente en ellas. Señalemos que la estructura fundamental está compuesta por dos matrimonios con hijos y otros dos individuos dispuestos a entenderse amorosamente. El primer truco de la dramaturga es cargar las tintas sobre los varones. Ellos son personajes redondos, complejos en la simpleza de esos machos estereotipados que ya no deberían engañar a ninguna fémina. Tipos con poder, pertenecientes al mundo judicial (abogados, fiscales), encantados con su cómoda vida familiar convencional, adornada por las inexcusables aventuras. Seres que en el fracaso sacan la furia y el lloriqueo de unos púberes malcriados. Ellas, sin embargo, no sobredimensionan su esbozo. Así, María Morales (Raquel) es un «poco» abogada, apenas aporta su visión del asunto cuando tiene oportunidad; pero su papel no tiene demasiado recorrido. Su interpretación mantiene la solidez habitual. Sigue leyendo →

El público

El japonés Kei Jinguji presenta su versión sobre esta obra surrealista de Lorca con un acentuado trabajo grupal

Será inevitable para los espectadores españoles que tengan presente la dramaturgia que Rigola desplegó de El público, no hacer comparaciones con esta versión de los japoneses de Ksec Act, dirigidos por Kei Jinguji. Son miradas tan distintas, fundamentalmente en el planteamiento escenográfico, pero también en la cadencia y en la interpretación; que pareciera que estamos ante dos obras que no tienen nada que ver. Mira que en aquella el grito a veces era excesivo; pero en esta los nipones ejercen una dicción honda, fuerte, como si estuvieran en plena lucha, tanto con sus interlocutores como con ellos mismos. Esta manera engarzada en la tradición japonesa de expresarse choca con las formas, digamos que estandarizadas y hasta corrientes, que se usan en el teatro contemporáneo europeo. En ese aspecto, resulta exagerado cómo se ataca cada frase agónicamente. Por otra parte, si el texto de Lorca ya es complejo, recordemos que está inacabada y que se sustenta en un andamiaje de capas superpuestas, de teatro dentro del teatro, de intimismo y de recuerdo adolescente, de crítica social y de ese embate del dramaturgo contra las convenciones morales que no le dejan vivir libremente su homosexualidad y contra las convenciones teatrales que han reducido este arte a puro entretenimiento burgués. Sigue leyendo →

La tumba de María Zambrano

Una colección de impresiones oníricas en este cuadro viviente sobre los recuerdos de la célebre filósofa

Foto de marcosGpunto

Parece que la dramaturgia con la que Nieves Rodríguez quiere insistir se funda más en la creación de imágenes y en un excesivo trabajo de la elipsis. Ya lo observamos con su anterior obra: Por toda la hermosura. En esta ocasión es María Zambrano el motivo para desarrollar una función en la que, ante todo, se echa en falta mayor contenido, una sustancia que verdaderamente nos permita adentrarnos en aspectos más profundos e interesantes de la filósofa. Pero lo que nos encontramos es con un cuadro viviente —y no demasiado— de seres insertos en una dimensión onírica —la obra se subtitula «Pieza poética en un sueño». No podemos parar de preguntarnos dónde está aquella librepensadora, porque lo que contemplamos son unas pinceladas tan nimias, tan redundantes en sus movimientos y tan próximas al mundo infantil que por momentos podría tratarse de una mujer desconocida. No es tanto que seamos incapaces de reconocer los permanentes símbolos, como de la disposición de los elementos —demasiado volcada hacia lo performativo y lo coreográfico— se constriñe a chispazos que no logran trascender. Eso sí, Jana Pachecho nos ofrece un montaje bien ensamblado y con un acertado aprovechamiento de la escenografía. Sigue leyendo →

La autora de Las meninas

Una suave sátira sobre la política cultural de nuestro país protagonizada por una Carmen Machi formidable

Foto de David Ruano

Las ideas que entran en liza dentro de la fábula distópica que ha planteado Ernesto Caballero me parecen realmente interesantes y sugestivas. Durante la ¿pasada? crisis económica llegamos a enterarnos de que Portugal había vendido 85 Mirós y a los griegos les propusieron —desde la Federación de Industria Alemana— que se deshicieran de parte de su patrimonio nacional. Sigue leyendo →

Democracia

Alexei Borodin abre el ciclo «Una mirada al mundo» con la representación del famoso caso de espionaje «sufrido» por Willy Brandt

La figura de Willy Brandt —seudónimo de Herbert Ernst Karl Frahm— es lo suficientemente interesante para los europeos y, también, concretamente para los españoles (no podemos olvidar el soporte que brindó a Felipe González y de cómo el PSOE se asemejó en su alejamiento de los postulados marxistas al SPD, el Partido Socialdemócrata de Alemania). Además, el canciller alemán estuvo por España durante la Guerra Civil y era un gran conocedor, como periodista, de la realidad hispánica. Por lo tanto, aunque esta obra se centre en el Affaire Guillaume, sus repercusiones llegan hasta la actualidad; puesto que la reconstrucción de Alemania y su reunificación han tenido consecuencias muy significativas que están plenamente relacionadas con su diseño. Sigue leyendo →

Espía a una mujer que se mata

Daniel Veronese plantea un Tío Vania propulsado por un elenco que lleva a límite su asfixia existencial

Foto de marcosGpunto

Quizás, cuando uno se adentra en el tedio, aceptando que Chejov es así, con su brillantez, pero también con su plomizo proceder, echa en falta algo más de ímpetu, del nerviosismo con el que hoy en día nos comunicamos. Pues Veronese nos lo concede y lleva a su máxima esencia esta obra hiperrepresentada (la temporada anterior el Vania, de Carles Alfaro). Si todo se redujera a la trama, a la observación de los deseos de cada uno y de cómo las piezas deben encajar, terminaría por ser un culebrón. Muy a la contra, es una oda nihilista que deja entrever fatuamente una esperanza existencial en la búsqueda de la belleza; ya sea en el arte o en la naturaleza o en las mujeres. Ahí tenemos, por ejemplo, la reiterada frase de Ostrovksy acerca de la lucha por liberar a «la belleza». La autoparodia irónica que el dramaturgo argentino pone en la boda de Serebriakov nada más empezar es toda una declaración de intenciones sobre su propuesta estética: «No querida, no… Empieza la función, y en un cuarto de tres paredes sucias, desangeladas, iluminado por una luz fría y artificial, ves a esos grandes talentos, a esos nuevos sacerdotes del arte sagrado, representando a la gente comiendo, hablando… Siempre los mismos, se repiten actores, no usan vestuario, los mismos decorados siempre… Y se creen que están haciendo un servicio a la humanidad». Sigue leyendo →

Dentro de la tierra

Sube a escena la obra de Paco Bezerra sobre los invernaderos almerienses, a través de la mirada de un joven fantasioso

Foto de marcosGpunto

Ante todo, se plasma en esta obra galardonada en 2009 con el Premio Nacional de Literatura Dramática, una atmósfera; ya de por sí viciada por la confluencia de múltiples elementos, como se verá, que es observada, además, por una contemplación evasiva y enloquecida que nos remite más al sueño que al raciocinio. La huerta almeriense, cubierta de plásticos, es, auscultada desde fuera, un paraje artificioso al que sabemos que acuden muchos inmigrantes africanos. También es el lugar con menos precipitaciones de Europa y, a la vez, el que genera unas cosechas de números exorbitantes. La implementación de técnicas de cultivo, y eso incluye el uso de insecticidas («Los insectos se inmunizan y crecen hasta el triple de su tamaño»), han propiciado una ingente riqueza a muchos agricultores de la zona. Aquí precisamente nos encontramos a una familia, integrada por un padre y sus tres hijos, que ofrecen comportamientos antiguos, modales que remiten a esa presión social propia de sociedades rurales encerradas sobre sí. El auténtico protagonista, Indalecio (como el santo patrón de Almería o como el indalo), vive inmerso en sus historias, es un escritor que no conserva sus relatos por escrito, sino que los deja cocer en su cabeza. Es el menor de los tres hermanos, un muchacho fantasioso que se cuela en los invernaderos de su padre para divagar en sus cuentos. Sigue leyendo →