Juan Echanove y Lucía Quintana se ponen al frente de esta adaptación de la conocida novela de Mario Vargas Llosa
La novela de Mario Vargas Llosa, una de las buenas; aunque no de las mejores, no es complaciente con el hecho histórico que pretende criticar y desbrozar. La adaptación de Natalio Grueso, sí lo es. El objetivo parece inequívoco: entregarle al público la versión teatral de la obra de un Nobel, despojándola de la complejidad literaria (un manejo del tiempo en constante vaivén, tramas que se entreveran, personajes dibujados hasta el mínimo pormenor, una riqueza léxica inconmensurable y una tensión sostenida que va desde lo íntimo al acontecimiento trágico y político) y construyendo un texto cargado de explicaciones antidramáticas. Cada escena parece una lección de historia sobre la República Dominicana y la dictadura de Trujillo. Enseguida nos damos cuenta de que el versionista ha decidido cargarse uno de los hilos conductores, aquel que va desentrañando el atentado que algunos conspiradores organizaron para acabar con El Jefe (este aspecto se resuelve desastrosamente con unas imágenes que casi son un pim pam pum sin importancia). Así que todo se centra en Urania, la hija de Cerebrito, el senador Agustín Cabral (hombre de confianza en el trujillato). Lucía Quintana tiene la difícil papeleta de representar a la mujer madura que regresa a Santo Domingo ―ella hace tiempo que se ha exiliado a Estados Unidos, para desarrollar una exitosa carrera profesional―, a encararse con su padre, con sus tías y con el pasado que inapelablemente ha determinado su torturada personalidad. Sigue leyendo






No queda tan lejos aquel maravilloso espectáculo que nos ofreció Toni Servillo en el Festival de Otoño de 2009 sobre la Trilogia della villeggiatura condesada en tres horas. Ahora la compañía Venezia Teatro comienza su proyecto de montaje sobre las tres piezas que componen esta «Trilogía del veraneo» que Carlo Goldoni escribió allá por 1761. Deudor de la «comedia del arte», cuando esta vivía su estertor, se propone una transformación del teatro italiano; lógicamente impregnado por el estilo neoclásico de la época con esas intenciones didácticas que subyacen a la delectación. En esta primera comedia titulada Le smanie della villeggiatura, es decir, Los afanes del veraneo o Los desvaríos del veraneo, según la adaptación de José Gómez-Friha, que moderniza la pieza con anacronismos y léxico actual como forma de acercamiento. Además, se ocupa de la dirección, con una meritoria labor. 