Un elenco afinado por Gabriel Chamé convierte la tragedia shakesperiana en una comedia repleta de ritmo

Es de agradecer que una tragedia como esta se pueda lanzar a las tablas con tanto humor. Si uno se fija en lo ocurrido en los últimos tiempos, esta obra de Shakespeare ha comenzado a observarse con verdadera reticencia e, incluso, con miedo (aunque sea con ironía). Así se remarcaba en Shakespeare en 97 minutos, pues se negaban a representarla al no contar con un actor racializado entre sus componentes. En otra dimensión se puso Marta Pazos cuando se acogió a los dictámenes políticos de nuestra contemporaneidad al darle el protagonismo a Desdémona. En cualquier caso, seguimos contando con montajes que se ajustan con mayor precisión al clásico, como así dejó constancia Eduardo Vasco, quien ahora dirige el propio Teatro Español donde se representa esta función. Sigue leyendo
¿No es esto exprimir a un valor seguro que incide en lo mismo? En los últimos tiempos, la editorial Salamandra ha conseguido que las «novelas» (o crónicas noveladas) de Édouard Louis también sean un éxito aquí en España, como lo han sido en Francia. El propio escritor ha estado en varias veces en nuestro país, ya sea para avalar la adaptación que realizó La Joven sobre 

Que la empresa, a priori, era arriesgada eso es más que evidente y, por eso mismo, la producción parece que debiera haber sido más acorde con el magno planteamiento. Porque la factura se torna macilenta, pobre y repetitiva. Una especie de quiero y no puedo permea el ritmo. Conviene comparar este montaje con 


