La compañía Nao d´amores representa la gran tragedia de Cervantes desde una estética austera donde sobresale la música

Muy distinta, desde luego, es esta Numancia de aquella que presentó Pérez de la Fuente en 2016 en el Teatro Español. Ana Zamora ha hecho una apuesta austera, y diría que excesivamente purista en las cuestiones fonológicas. Al espectador le chocará, en primera instancia, que la pronunciación le suene tan «medieval». Más allá de que se ha querido afinar con la «supuesta» forma de pronunciar que tenía Cervantes al escribir su tragedia alrededor de 1585, en un periodo de asentamiento de la lengua y algunos cambios en las sibilantes, por ejemplo, que generan dudas en cuanto a su dimensión regional. Quizás se esté especulando con la pronunciación de algunos sonidos de una manera innecesaria. Da la impresión de que se quiere trasladar el aura medivalizante y renacentista de los habituales trabajos de Nao d´amores. Sigue leyendo

Que conozcamos de sobra el desenlace, no quita para que la batalla dialéctica nos dé un impresionante morbo. El resto de personajes pueden quedar en la sombra y en silencio. Los avatares bélicos propician el movimiento de las piezas en la partida erótica, y el erotismo es una máscara aviesa por sujetar un poder muy quebradizo. ¿Quién hace más teatro? ¿Cleopatra o Marco Antonio? Nuestra mirada romántica nos hace crédulos ante tales arrumacos en los primeros instantes; pero ahí se dirime mucho más. En concreto, la supervivencia política. La reina de Egipto había hecho lo propio con Julio César y ahora no tendría inconveniente en volver a «venderse» a otro romano.
Está claro que la pujanza en los últimos tiempos del feminismo no solo provoca miradas desde otra consciencia, sino que se buscan temas y conflictos donde las mujeres sean las protagonistas. De hecho, sobre las 



