Vicky Luengo ofrece un estupendo trabajo actoral para encarnar a una abogada que ha sufrido una violación. Es, de hecho, el gran valor de la obra, en la órbita del movimiento #MeToo, firmada por Suzie Miller

Viene esta obra a redundar en el estado paranoico de nuestra «cuestión». Y no me refiero ni al consentimiento, ni al caso Rubiales, ni a los que vengan; sino a cómo se juega con distintas teorías de la verdad (o de la falsedad) según nos convenga. En nuestra coctelera de la comunicación social entran las leyes ad hoc, la moral x y las emociones y, los prejuicios que sí o no, lo grabado, lo contado, los antecedentes, la presunción de inocencia, el sexo/género, las redes sociales, las inquisiciones contemporáneas y, como vamos a ver, mi yo, mis sentimientos, mi perspectiva, el POV (point of view) del personal impuesto como objetividad suprema, la del dios omnipresente. De esto va Prima Facie.
Un tema de enorme relevancia en esta propuesta es el punto de vista que la autora ha decidido adoptar. Un monólogo donde la protagonista es la única de quien obtenemos la información. Si nos fijamos en otras obras de cariz similar, como Consentimiento, de Nina Raine; o Jauría, sobre el caso de La Manada, de Jordi Casanovas; al menos, recibimos diferentes visiones que nos acercan a la difícil determinación de lo que pudo haber ocurrido.
Aquí no permanece ni un poso de ironía, de duda; es únicamente ella en el convencimiento de su vivencia. El público está compelido a creerla, atenazado en una escenificación torticera de nuestra propia época. Para ello, el director, Juan Carlos Fisher, va encendiendo con insidia las luces de sala para remarcar que somos ese gran jurado que debe confiar en su relato. ¿Cómo no hacerlo? ¿No acabamos de asistir prácticamente a la representación «real» de lo que «auténticamente» ocurrió? Esto, en un teatro, es un problema; porque el espectador queda inerme. Ya que no se ofrece una dialéctica, una confrontación con otras miradas. Con la versión del acusado, por ejemplo.
En otro aspecto está la interpretación de Vicky Luengo, una actriz que va imponiendo su seguridad y su energía en cada papel, y que aquí deriva en una gama de expresiones profundas que acaban por ser embriagadoras. Ella es el gran valor de esta función. Su Tessa Ensler, esa joven abogada que procede de un entorno socioeconómico mucho más bajo que el de sus compañeros, posee la cadencia y la adrenalina propios de alguien ambicioso que se desenvuelve con gran astucia en ese juego algo macabro. A eso ayuda indudablemente el ritmo que le ha metido a la música Luis Miguel Cobo. No obstante, la historia se demora en describirnos la vida fascinante de esa mujer durante la primera media hora. Quien, por cierto, clarifica uno de esas situaciones —sigue habiéndolas— de pura meritocracia (¿o acaso ha sido seleccionada por un gran bufete para cumplir la cuota femenina frente a sus colegas varones de familias renombradas?).
¿Cuál es el asunto? Pues que su colega Julian, uno de esos jóvenes con buen apellido y que, por supuesto, también desea medrar, se ha convertido en su amante. Un buen tipo con el que se acuesta; pero que, en una noche de alcohol, ha pasado del «buen sexo» al abuso. Luego llega la denuncia (sabiendo que parte de una posición muy desfavorable). El tortuoso camino (782 días de espera) hacia el juicio se expresa con pujanza épica. Todo el cuestionamiento de lo que hasta ahora consideraba que era su trabajo supone lo más consistente del texto.
Al final, en la blancura expeditiva y sofisticada que ha ideado Lua Quiroga, parece que ya no está la heroína de una obra de ficción, sino la propia letrada Suzie Miller quien, ante todo, ansía lanzarnos la VERDAD: «La experiencia de una mujer de agresión sexual no encaja en el sistema de verdad definido por los hombres».
Texto: Suzie Miller
Reparto: Vicky Luengo
Dirección: Juan Carlos Fisher
Traducción y adaptación: Juan Carlos Fisher y Rómulo Assereto
Música y espacio sonoro: Luis Miguel Cobo
Iluminación: Ion Aníbal López
Escenografía y vestuario: Lua Quiroga Paul
Ayudante de dirección: Rómulo Assereto
Videoescena: Emilio Valenzuela
Comunicación: Ángel Galán
Fotografía y diseño gráfico: Javier Naval
Fotografía en escena: Omar Antuña
Jefe de producción: Carlos Montalvo
Producción ejecutiva: Olvido Orovio
Dirección de producción: Ana Jelín
Distribución: Producciones Teatrales Contemporáneas S.L.
Una producción de: Producciones Abu, Morris Gilbert – Mejor Teatro, Gosua, Teatro Picadero, TIDI y Hause-Richman Producciones
Teatros del Canal (Madrid)
Hasta el 17 de septiembre de 2023
Calificación: ♦♦♦
Texto publicado originalmente en La Lectura de El Mundo
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