Anfitrión

Juan Carlos Rubio versiona y dirige la plautina obra de Molière con un espectáculo de inconsecuente aire circense

Anfitrión - Foto de Jero Morales
Foto de Jero Morales

Si algún escándalo pudo provocar Molière al adaptar —mínimamente— la comedia de Plauto, por unas supuestas críticas entreveradas a los romances de Luis XIV y a los usos amorosos de la corte (bastantes líos tenía ya el dramaturgo con su Tartufo), a nosotros nos deja que ni fu ni fa. Anfitrión es insustancial, y para que suponga un entretenimiento divertido y gozoso, no queda más remedio que infundirle agilidad y chispa. Justo lo que le falta a la dirección de Juan Carlos Rubio. Y eso que la idea de reconfigurar el asunto con la estética del circo, me parece, a priori, excelente; sobre todo, porque uno se imagina a los artistas vibrando con sus habilidades a cada instante. Pero ninguno de los ingredientes que entran a formar parte del pastel, logran aunar un gran postre. Para empezar, este montaje, se nos viene directamente del Festival de Mérida y eso implica, como ya se nos tiene acostumbrados desde los últimos años, los elencos de caras conocidas priman por encima de los elencos caras adecuadas para lo que se necesita. Sigue leyendo

Trigo sucio

Nancho Novo se encarna en un magnate de la industria cinematográfica, trasunto de Harvey Weinstein, en la última obra de David Mamet

Trigo sucio - Foto¿Es esta la obra más floja de David Mamet o debemos achacarle la falta de eficacia satírica a la dirección de Juan Carlos Rubio? Si se nos induce inevitablemente a pensar en Harvey Weinstein y en las consecuencias que tuvo su caso con el surgimiento del #MeToo (ahora en cierto declive, en pos de otros movimientos reivindicativos que nos mantengan tan enfebrecidos como entretenidos), cuesta creer que este Barney Fein, tan descuidado, grotesco y zafio haya conseguido alcanzar un estatus de tal categoría dentro de la industria cinematográfica hollywoodiense. Y tenemos varias razones para percibir esto. Principalmente, el tono que imprime Nancho Novo, quien ha sido «engordado» con una prótesis tan exagerada como ridícula para potenciar la caricatura; es grandilocuente y, sobre todo, evidente. Un tipo tan poderoso no muestra sus cartas a la primera de cambio, porque no lo necesita. Sigue leyendo

Lorca, la correspondencia personal

Juan Carlos Rubio pone en marcha un montaje que aprovecha excelentemente los textos más personales del poeta

Foto de Gerardo Sanz

Con el Año Lorca en Madrid de este 2019 para conmemorar la llegada del escritor a la capital de España, los espectáculos a los que hemos podido asistir han sido varios y por eso, quizás, el enfoque se distorsiona y la sorpresa se devalúa. Puedo recordar El sueño de la vida, un montaje que partía de la obra inacabada Comedia sin título, de la que aquí resuenan esas famosas palabras del preámbulo. Pero lo que vamos a observar sobre las tablas del Lara, se puede relacionar más estéticamente con una propuesta llamada Federico hacia Lorca, de La Joven Compañía, que estuvo a cargo de Miguel del Arco, y que también buscaba trazar un itinerario biográfico del poeta. Y por añadir una función más, en gran medida, se puede vincular a Los amores oscuros, aquel espectáculo entreverado de música y cante que se adentraba en sinuosidades más morbosas. La tendencia parece, es incidir en una especie de hagiografía repleta de subjetividad y de lirismo, en un constructo etéreo y sacrificial, alegórico hasta la náusea. Lorca como panoplia de símbolos incuestionables del teatro, de la poesía y de la libertad creativa, una vez consiguió expurgar sus demonios en torno a la homosexualidad. Ciertamente, Juan Carlos Rubio ha elaborado un mosaico de fragmentos lorquianos a través de su correspondencia y de algunas interpolaciones de obras teatrales y poéticas, que se nos muestra de manera muy atractiva y que al oído resuena con hermosura y fluidez. Sigue leyendo

La culpa

El último texto del norteamericano David Mamet es un breve ejercicio dramático con tintes religiosos y poco fuste

Foto de Sergio Parra

Debemos recordarnos permanentemente que el autor firmante de esta obra es el mismo que, entre las más recientes en nuestra escena, ha escrito Oleanna o Muñeca de porcelana. ¿Cómo es posible que un experto en trabar conflictos morales a través de diálogos absolutamente medidos en forma, fondo y ritmo haya cometido este desatino? La culpa, en inglés The Penitent (si se hubiera traducido literalmente, probablemente se hubiera afinado más con la intención; pero hubiera perdido gancho comercial. Acierto de Bernabé Rico. Buena versión, en general), apenas se resuelve en una hora y cinco minutos; un visto y no visto. Y precisamente, su brevedad es un lastre; porque las elipsis son excesivas y luego no queda más remedio que explicar lo que debería resultar patente en un desarrollo teatral lógico, donde se muestre la vivencia de esos personajes. David Mamet pretende unir, por un lado, el drama psicológico con el atisbo del thriller; y, por otra parte, interrelacionarlo con cuitas religiosas que se esbozan tan tímidamente, que no es posible considerarlo como un verdadero leitmotiv de la trama. Además, de ello, se intenta aderezar con ínfulas de proceso kafkiano y con acusaciones de homofobia. Entonces, con estos ingredientes, ¿qué falla? Insisto, falla el oxígeno, el vuelo del argumento y ese punto de desvelamiento casi palmario que nos evite la explicación de lo casi evidente. Sigue leyendo

Sensible

La autodestrucción de una mujer comida por los celos en un drama que aúna teatro y danza

Por mucho que se insista, es muy complicado considerar la novelita epistolar de Constance de Salm, Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible, publicada en 1824 —aunque la hubiera estado escribiendo diez años antes—, como una cumbre literaria del Romanticismo. Primero porque la explosión de emotivismo y sufrimiento agónico de una aristócrata devorada por los celos, se consume en la reiteración de unas cartas, muchas de ellas, exageradas, pueriles y hasta insensatas —muy propias de ese movimiento estético. Segundo, porque posee un final de cuento de hadas estomagante. Entonces, ¿qué ha visto Juan Carlos Rubio en esta colección de textos para lanzarse a crear un espectáculo como Sensible? Pues seguramente el desgarro, el impulso y lo abisal. Que no es poco como motor, aunque puede ser, por lo comentado, insuficiente encima de un escenario. Pero hay que felicitar al director por las decisiones que ha tomado en su versión; puesto que ha mejorado la obra original y su persuasión con creces. Sigue leyendo

Muñeca de porcelana

La última obra del prestigioso dramaturgo David Mamet, interpretada exitosamente por José Sacristán

muecaporcelana_fotosergioparra_002La historia del ricachón, del mafioso, del macho alfa bañado en pasta gansa, del millonario caprichoso en perpetua competición con sus congéneres por la fanfarronada mayor, la hemos escuchado y visto en multitud de ocasiones. Es un tópico y uno espera que la peculiaridad le reporte algún interés; pero aquí, en Muñeca de porcelana, David Mamet, que se sabe su oficio como el ebanista que cincela un chifonier con los ojos cerrados, ha empleado sus recursos afilados de guionista y dramaturgo para construir una pieza destinada únicamente al lucimiento de aquel que se ponga en la carne de Mike Ross, ya sea Al Pacino o José Sacristán. Por debajo vislumbramos un guion medido en espacio y tiempo. Una estructura de vaivén que modula nuestras emociones para desembocar en un final que, sea el que sea, a nadie le va a extrañar, puesto que Mamet se rige por los principios de la verosimilitud, aunque nos engañe con sus trucos de cadencia. Sigue leyendo

Páncreas

Patxi Telleria ha cuajado en verso un artefacto perfectamente engrasadouna comedia repleta de dilemas

Foto de Sergio Parra
Foto de Sergio Parra

Si en otras ocasiones la pretenciosidad sobresale en propuestas que hacen aguas por doquier, aquí, en Páncreas, una sencilla trama, sin más trascendencia que plantear un doble y hasta triple dilema moral que se acomoda entre la parodia de la novela negra y la comedia de enredo, encontramos un artefacto perfectamente engrasado, un juguetito dramatúrgico donde las piezas encajan coherentemente durante poco más de una hora. Posee, por lo tanto, no solo un envoltorio atractivo, sino también un procedimiento sugerente. En definitiva, cuenta con suficientes elementos como para que el público pase un buen rato y se deleite con unas actuaciones surgidas de tres actores, tan experimentados, que expelen su alegría y suficiencia en unos papeles en absoluto fáciles. La historia resume la vida de tres hombres que han llegado a ser amigos a través de una serie de peripecias vitales de las que dan cuenta en un prólogo donde ya se da comienzo al ritmo ágil y despierto que arrastra la función. Además, la obra que ha escrito Patxi Telleria posee la peculiaridad de que emplea el verso, aunque ha tenido la habilidad de utilizar endecasílabos, alejandrinos y otros metros de arte mayor que no fuerzan tanto la rima. Este hecho les permite jugar en los diálogos y favorecer el entresijo combinando estrofas entre unos y otros, además de otros recursos retóricos como la ironía, la paradoja o la preterición. Sigue leyendo

El Príncipe

Una lección magistral sobre la ideología recogida en El príncipe, carente de recreación dramática

El príncipe - fotoA priori, no parece sencillo llevar a escena un texto de filosofía política tan célebre como El Príncipe de Nicolás Maquiavelo. Pero si se opta por convertir la función en una especie de clase magistral frente a expectantes alumnos, entonces la incógnita está resuelta. Aún me pregunto qué ha buscado Juan Carlos Rubio con este montaje, máxime si carece de creación dramática y de intervención imaginativa. Quizás transmitir las enseñanzas del pensador florentino o, seguramente, volver a insistir en lo actual que resulta el libro (¿cuándo no lo ha parecido?). Lo que nos encontramos verdaderamente es a un hombre vestido de traje dentro de un despacho, mientras se va autodictando cada uno de los capítulos como si estuviera preparando una conferencia. Ya bastante avanzada la función encontramos un giro, una leve transformación, sin duda el aspecto más interesante de lo que se va viendo. Resulta una aproximación hacia la vida de Maquiavelo, a su desdichado cautiverio motivado por unas falsas acusaciones. Si Juan Carlos Rubio hubiera optado desde el principio por esta línea más autobiográfica, evidentemente, tanto lo narrativo como lo dramatúrgico hubieran ganado en persuasión. En cuanto a la propia doctrina del filósofo, tan mal interpretado en términos generales con aquello de maquiavélico (la publicidad de la propia obra contribuye a ese tópico), sí que se manifiesta su insistencia en la virtud, en el desarrollo del líder virtuoso. Moralmente no era Kant y no iba a defender la verdad por encima de los fines necesarios para el estado, pero su pragmatismo no olvidaba aquellas enseñanzas aristotélicas sobre la prudencia, la fortaleza, la templanza y la justicia. Nada original, pero conviene recordarlo. Sigue leyendo