La hija del aire

La famosa tragedia de Calderón con la perspectiva de Mario Gas; entre la frialdad del elenco y la garra de Marta Poveda

Foto de Lau Ortega

De manera inconfundible es esta una de las comedias más célebres de Calderón. Vive en paralelo de su obra maestra, La vida es sueño; pues igual que ocurre con aquella, también el protagonista mora encerrado por los nefastos augurios que pesan sobre él. Semíramis posee una historia que se pierde en las leyendas de hace siglos y que nos la sitúan como la Sammuramat asiria. Sus reminiscencias se reparten por el Mediterráneo y el propio dramaturgo madrileño la emplea para crear una tragedia sobre la ambición de poder. Desde luego, lo interesante es descubrir si la versión de Benjamín Prado y la dirección de Mario Gas suman lo suficiente como para justificar el montaje más allá del valor que tiene como clásico. En cuanto al primero, nos ha entregado un texto que suena suavizado en los hipérbatos propios de la escritura barroca, y eso hace que el verso se nos muestre más claro al oído; aunque eso le quite cierta sentenciosidad. Por otra parte, al retirar a Chato (y a los músicos), ese bufón rústico que acompaña siempre a la futura reina, nos censura la réplica sarcástica. La sensación general es de frialdad en diferentes tramos de la extensa función. Esta percepción viene determinada por unos actores que han sido dirigidos hacia el estatismo. En muchos momentos parece que, una vez toman posición, su expresión no es acompañada por el cuerpo. Sigue leyendo

Bailar en la oscuridad

Fernando Soto no logra ofrecer una función solvente para la adaptación de la célebre película de Lars von Trier

Foto de David Ruiz

Todo un atrevimiento llevar a las tablas esta película con la que Lars von Trier ganó, entre otros premios, la Palma de Oro de Cannes en 2000 y que nos descubrió las capacidades dramáticas de Björk. Un film verdaderamente impresionante, conflictivo y que aúna mundos disímiles como los musicales hollywoodienses y la lucha de una madre por salvar la vista de su hijo. Además de abordar múltiples temas como el abuso laboral, la xenofobia o la pena de muerte. Creo que Fernando Soto se ha puesto al frente de un proyecto que es más ambicioso sobre el papel que en su factura. Este Bailar en la oscuridad se presenta con una producción endeble en varios sentidos. Por un lado, no contar con los derechos para interpretar la música creada por la cantante islandesa es un hándicap que difícilmente se puede superar, pues en el imaginario del espectador resuena tanto su voz como su estilo. Por otra parte, querer emular algunas de las coreografías con tan solo seis actores, donde parece que solo uno tiene verdaderas habilidades dancísticas, termina por ser poco vistoso y deslucido. Además de todo ello, cuando se pretende adaptar un filme que dura más de dos horas al lenguaje teatral ―siempre y necesariamente todo más lento― a la hora y cuarenta minutos, el argumento y la trama no logran redondear a los personajes en una historia que intenta concentrar diferentes capas. Por si fuera poco, nos encontramos con un elenco al que todavía le falta rodaje y con un sonido terrible ―la sala y la escenografía no ayudan. Sigue leyendo

Los cuerpos perdidos

José Manuel Mora y Carlota Ferrer discurren con tratamiento frívolo para tratar los feminicidios de Ciudad Juárez

Foto de Sergio Parra

El desconcierto llega enseguida, cuando se establece un tono ilógico y trastabillado que ya no remontará en las dos horas tediosas de función. Porque algunos dramaturgos, adscritos a la narración como técnica preponderante para contarnos su historia ―con lo que eso conlleva en cuanto a la anulación de la representación en sí misma y a que el público se tenga que poner a trabajar imaginativamente más de lo debido y de lo exigible―, intentan tirar por la calle del medio con una voz que dirige el asunto y que simplifica las interpretaciones. «Ustedes se preguntarán por qué les cuento todo esto en lugar de dejar que los actores interpreten sus papeles. Si les soy sincero, he de aceptar que no lo sé…». Reconozcamos que es un recurso fácil y efectista (y lo que te ahorras en escenas y en escenografías). Además, este yo que nos habla ―micrófono en mano, por supuesto―, y que Cristóbal Suárez acoge con su imponente presencia y esa manera de proceder algo blanda y agradable, es un individuo que se metamorfosea súbitamente en un monstruo. Un profesor de física, recién separado de su mujer, acepta una oferta de trabajo en Ciudad Juárez, y nada más llegar se transforma, en un consentidor de violaciones, de maltratos y de crímenes adentrándose en el submundo allí impuesto («Busco. Facilito. Engaño. Proporciono información. Callo. Recibo. Doy. Oculto. Cierro los ojos. Hago que otros cierren los ojos. Juego. Contribuyo. Para que algunos cuerpos disfruten otros han de desaparecer»). Sigue leyendo

Blackbird

Irene Escolar y José Luis Torrijos interpretan este drama de abusos sexuales en un montaje con sobresaliente factura escenográfica

Foto de Vanesa Rabade

Resulta ya pesado encontrarse con propuestas teatrales que caen premeditadamente en el gran error de toda creación cinematográfica, narrativa o dramática: contar, contar explicando aquello que se debería evidenciar a través de la vivencia, de la representación, del acontecimiento. Ante todo hay que mostrar, que para eso dispones de un lenguaje visual. Sigue leyendo

Celestina

José Luis Gómez se encarna en la vieja alcahueta para ofrecernos una función llena de aciertos

Celestina - FotoAunque se haya discutido mucho acerca del género al que pertenece la Tragicomedia de Calisto y Melibea ─podemos considerarla una comedia humanística destinada a ser leída en voz alta─, sea drama o novela, el caso es que contiene una serie de dificultades rítmicas que en escena son difíciles de solventar. Digamos que la trama se evade, que se va por los cerros de Úbeda en un intento profuso por caracterizar unos modos de vida que la convierten en una obra transgresora. Debemos ser conscientes de que la grandiosidad de La Celestina radica en el foco que Fernando de Rojas establece sobre la clase social más baja de la sociedad. Aceptamos que el primer acto, en verdad, es anónimo (también aquí continúa la discusión, aunque se da casi por seguro); y, en el resto, vemos cómo enseguida cobran vida los criados de los señores y, sobre todo, la vieja alcahueta, digna sucesora de la Trotaconventos creada por el Arcipreste de Hita. La puta Celestina es un personaje grandioso de la literatura universal que recoge en sí los gérmenes de la picaresca y las habilidades donjuanescas, puestas al servicio del amor y la lujuria, también de la avaricia, pero, sobre todo, del juego. En nada disfruta más la zurcidora de virgos que repartiendo cartas, disponiendo las fichas y moviendo a su antojo a sus marionetas en su fruición lúdica. Sigue leyendo

Entremeses

Suben al escenario tres de los más célebres entremeses de Cervantes, cuatrocientos años después de su publicación

EntremesesRegresa José Luis Gómez con la selección de tres de esos Ocho entremeses nuevos nunca representados que se editaron junto a las comedias en 1615. La propuesta une las tres piezas mediante la ilación musical y los bailes con los que el elenco mantiene viva la acción dramatúrgica. La limpieza del escenario, con un árbol en el centro, lleno de simbolismo, rodeado todo ello de los cachivaches, el atrezo, la vestimenta, unas sillas y, sobre todo, el instrumental necesario para la ambientación musical y los efectos sonoros que apuntillan las situaciones (portazos, chirridos de puerta, tormentas,…) de los que se encarga fundamentalmente Eduardo Aguirre de Cárcer, que además actúa y toca diversos instrumentos. Todo parece un patio andaluz predispuesto al jolgorio. Sigue leyendo