La ópera de los tres centavos

Coque Malla impone su rollo rockero para protagonizar este espectáculo brechtiano en el Teatro Infanta Isabel

El mensaje sigue absolutamente vigente y resuena incluso más que nunca. Lo que ocurre es que la circunstancia que se critica únicamente permea a través de las clarividentes frases como: «robar un banco es delito, pero más delito es fundarlo». Visión robinhoodiana o anarquistoide que se queda embarrada en un argumento que, mutatis mutandis, entronca con Oliver Twist. La ópera de los tres centavos es más macabra, más incisiva, aunque también, en la dirección de Mario Vega y en la estética tan atractiva y tan próxima al espectador que igualmente corre a su cargo, más asequible y entretenida. Difícilmente podemos tener en cuenta La ópera del mendigo de John Gay, obra en la que se basó Brecht, porque ha olvidado bastante. A nosotros casi nos suena más a Rinconete y Cortadillo.

El mayor acierto de esta adaptación consiste en haber considerado que el cantante Coque Malla no solo podría hacer la labor que mejor se le da, sino emplearse con enjundia en la dimensión estrictamente actoral. Ante todo, es un tipo que se desplaza y que se posiciona sobre el escenario con actitud de rockero, y por eso su Mackie Navaja tiene un encanto extraordinario. Posee la ironía de ese nostálgico que tiene poco que perder, y una alegría valerosa para manejarse en los bajos fondos con gran soltura. Además, va con todo a favor para trufar una función dinámica. Ya que, incluso, el propio estilo del líder de Los Ronaldos posee una fluidez displicente que encaja tanto con las baladas (moritats) tabernarias, cargadas de alcohol y de rudeza, para interpretar la partitura de Kurt Weill. Excepcional es la banda, a pesar de que esté demasiado alejada y oculta, que se aposenta en esa buhardilla que ha diseñado el propio Vega, todo un matadero con diversos módulos móviles y escaleras que se transforman en lugares tan lógicos como un calabozo. Los músicos no solo demuestran una implicación magnífica marcando el ritmo de manera imparable y estando al quite de las travesuras del directo y de la espontaneidad actoral, sino que nos descubren a gente como Pablo Novoa, el guitarrista que ya exhibió su talento y su versatilidad en el programa de Buenafuente, aquí baja a las tablas para darle socarronería a uno de esos maleantes de nuestro pillo. También Carmen Barrantes tomará hacia el desenlace el cello, ella es Polly y adopta un tono preciso para conjugar ingenuidad, cortesía y entereza. Se ha enamorado y casado con nuestro protagonista, no obstante, pronto se revelará que ella es una más entre otras tantas. Su padre, una especie de Fagin dickensiano, es Diego Molero, un tipo que impone su corpachón para dominar a los mendigos que trabajan para él. No puede creer que su hijita querida se vaya a enlazar con su máximo rival. Con pocos apoyos dispone, pues su mujer, la señora Peachum, nos ofrece una de las principales vetas humorísticas. Su trastabilleo silábico es capaz de destrozar cualquier idioma y de evidenciar sus cortas luces. De esto modo, Cristina García resulta muy payasa en la elaboración de su carácter. La lista de personajes rayanos en la estupidez es larga. No hay más que contemplar al jefe de policía, encarnado por Miquel Mars, tan fascinado por su amigo Mackie, que sufre desconsolado cuando lo ve entre rejas.

Aunque nos movemos en el hampa londinense, el ambiente es más amable de lo esperado. Nuestro antihéroe convive con las prostitutas y algunas de ellas son sus amantes. En un burdel se hospeda Jenny, quien aceptará traicionarlo, a pesar de que lo ama. Paula Iwasaki brinda su garra de manera genuina. La actriz se mueve con mucho garbo y canta con intensidad aportando solidez al montaje. Por otra parte, otra de esas amiguitas del protagonista es Lucy, que nos deja a una Andrea Guash sobresaliente, pues le da una gran viveza y mucha retranca a su papel. Sus gestos y sus bailecitos se expresan con gran dinamismo en esa pelea de gatas frente a Polly.

En cualquier caso, el argumento discurre como una aventurilla que nos destina a un final excesivamente paródico e inverosímil. Cuesta aceptar una salvación como un deus ex machina procedente de la mismísima reina Victoria. Eso sobrepasa cualquier crítica al sistema. Esa situación y la forma que se tiene de forzar el distanciamiento, con esas autopresentaciones de los propios intérpretes dirigiéndose al público con excesiva afabilidad, terminan por disolver definitivamente el mensaje anticapitalista. No obstante, el espectáculo se disfruta y consigue concitarnos al juego de las imposturas.

La ópera de los tres centavos

Basada en La ópera del mendigo de John Gay por

Texto: Bertolt Brecht en colaboración con Elisabeth Hauptmann

Música: Kurt Weill

Dirección: Mario Vega

Elenco: Coque Malla, Andrea Guasch, Carmen Barrantes, Paula Iwasaki, Cristina García, Miquel Mars, Diego Molero, Pablo Novoa y Néstor Ballesteros

Cover: Dulcinea Juárez

Músicos: Miguel Malla (Saxofón tenor y clarinete bajo), Daniel Rouleau (Saxofón alto, saxofón soprano, flauta y piccolo), Evgeni Riechkalov (Trompeta I), Gabriel Marijuan (Percusión y trompeta II), Roberto Bazán (Trombón y contrabajo), Néstor Ballesteros (Piano, celesta y armonio), Pablo Novoa (Guitarras y banjo) y Carmen Barrantes (Cello)

Dirección musical: Miguel Malla

Diseño de iluminación: Juan Gómez-Cornejo

Diseño de vestuario: Elda Noriega

Diseño de escenografía: Mario Vega

Diseño de sonido: Pilar Calvo

Movimiento y coach vocal: Óscar Martínez-Gil

Ayudante de dirección: Ruth Sánchez

Ayudante de iluminación: Pilar Valdelvira

Ayudante de vestuario: Natalia Cieza

Ayudante de escenografía: Berta Navas

Dirección de producción y producción ejecutiva: Nuria-Cruz Moreno

Adjunto dirección de producción: Fabián Ojeda Villafuerte

Jefa de producción: Blanca Serrano

Ayudante de producción y regiduría: Paco Flor

Asistente de producción: Vanessa Tejero

Dirección técnica: Alberto Hernández de las Heras

Técnico de maquinaria: David González

Técnico de iluminación: Eduardo Vizuete y Raúl Baena

Técnico de sonido: Ricardo Márquez, José Peña y Rubén Muiño

Sastrería: Jennifer Alonso

Asesoría coral: Jennifer Alonso

Construcción de escenografía: Maroto & Vergara

Asesoría técnica de escenografía: Eduardo Rodríguez

Acabados de escenografía: Paul Jara

Alquiler de vestuario: Peris Costumes

Confección de vestuario: Elda Noriega, Nines G. Cano y Carlos Pinilla

Administración: Henar Hernández

Jefa de prensa: María Díaz

Fotografía del cartel: Sergio Parra

Transporte: FJS Transportes

Distribución: Fran Ávila Producción y Distribución

Una producción de Teatro Pérez Galdós, Barco Pirata Producciones Teatrales, Unahoramenos producciones en coproducción con el Auditorio de Tenerife

Teatro Infanta Isabel (Madrid)

Hasta el 1 de noviembre de 2026

Calificación: ⭐⭐⭐

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