La obra feminista de Mercedes Pinto se representa en el Teatro Fernán Gómez a cargo de La Joven

Como el marchamo de Edad de Plata se ha insustanciado, últimamente ─y eso se potenciará el próximo año─ se ha recogido la marca Generación del 27 para abarcar a todo escritor y, sobre todo, escritora, de aquella época, más allá de filiaciones, amistades o participaciones grupales. El laxo término de las Sinsombrero también abraza a artistas de aquí y de allá sin demasiada coherencia. A riesgo de equivocarme, nuestra autora, Mercedes Pinto, apenas vivió unos pocos años en Madrid, donde transcurrieron gran parte de las actividades de la susodicha generación. Verdaderamente, más allá de su novela Él, que tuvo la célebre y valiosa versión cinematográfica por parte de Luis Buñuel, poco más se sabía de ella. No es hito menor, desde luego. Pero lo cierto es que cuesta mucho encontrar alguna referencia suya en las diversas historias de la literatura o, incluso, en la reciente Teatro y artes escénicas en el ámbito hispánico, publicada por la editorial Cátedra hace tres años. Esta circunstancia poco debería importar si la obra Un señor… cualquiera fuese excepcional o relevante y justificara su puesta sobre las tablas. No me parece un mal texto, pues encaja con la concepción novecentista, sin embargo, menos intelectualizada, esa que se iba aproximando a la deshumanización, tal y como propugnó en 1925 Ortega y Gasset. Estilo que se ha olvidado. Pensemos en autores como María Lejárraga, quien publicó Mujer, donde se trazaban los conflictos matrimoniales desde una perspectiva de la liberación femenina. También otros dramaturgos como Jacinto Grau han quedado ensombrecidos.
El planteamiento se presenta como una farsa, aunque repleta de gran extrañeza y hasta de confusión. No se puede afirmar que nos adentremos en la trama con sencillez. Además, la escenografía, que usan materiales de Schaubühne Berlín, resulta bastante esquemática, con una pantalla blanca al fondo, un foco… para simular un estudio fotográfico. El aporte es mínimo. Después será Helena Lanza, en el rol de Sombra, con ímpetu sobrevenido y con discurso divagante, abstracto, quien realice distintas paráfrasis. Aparecen personajes que pasan del ÉL y ELLA a subsiguientes descendientes que plasman escenas escuetas, donde las inversiones de papeles y algunos monólogos un tanto explicativos provocan un notable aumento del distanciamiento. Alejarse del naturalismo es una constante en este espectáculo adaptado por Raúl Losánez.
Por otra parte, el humor negro y algo zafio se imbrica en disputas de pareja, tras la llegada del primer vástago y una separación casi instantánea. Los aspectos autobiográficos se insinúan, pues la escritora se había visto envuelta en una defensa sin cuartel del divorcio. Pero como se discurre con esa manera rayana en la displicencia, un crimen queda expuesto sin tenebrosidad. Los personajes se muñequizan del modo que aprovechó el vanguardismo alargando el influjo del simbolismo. Será el determinismo el que marque el destino de esos seres que van adquiriendo un nombre. Pablo, el hijo, repetirá los patrones aprendidos. Su esposa es Gretchen y, además, tiene una amante, Margarita (todo un proceso fáustico), que está casada con otro de esos hombres anodinos.
José Luis Arellano García y Mabel del Pozo han decidido representar esta obra con tan solo tres intérpretes, aunque la propia Pinto, en el estreno en Uruguay, empleó varios actores más. Esto genera que se acrecienten las disonancias, pues tanto Paula Feror como Raúl Martín resultan demasiado jóvenes como para encarnarse en todos los caracteres que van tomando. Eso los deja algo desamparados. Ambos se afanan en dar credibilidad a las situaciones que ellos esbozan con algunas concreciones. Ella se muestra elegante y directa, cuando va ganando brío. Él, un poco más bajo, se estereotipa mucho, pues es «el cualquiera», y trae a la memoria a todos esos tipos que después han personificado artistas como José Luis López Vázquez o Alfredo Landa.
La función conecta temáticamente con proyectos que hemos observado en el teatro de los últimos años: Cartas de mujeres, de Jacinto Benavente o El desconocido, de Carmen Kurtz. Por otra parte, es bastante breve como para que hallemos un desarrollo más incisivo que supere el ejercicio de estilo y encontremos buenas razones sobre la emancipación de la mujer.
Autora: Mercedes Pinto
Versión: Raúl Losánez
Dirección escénica: José Luis Arellano García y Mabel del Pozo
Intérpretes: Paula Feror, Helena Lanza y Raúl Martín
Escenografía y vestuario: José Luis Raymond
Iluminación: Óscar Fernández
Música original: Koki Lortkipanidze
Ayudantía de dirección: Álvaro Copado
Ayudantía escenografía: Christina Eleftheriadou
Ayudantía vestuario: Laura Camila Forero
Realización escenografía: Juan Carlos Rodríguez
Material didáctico: Maite Fernández, Ana Matey, Elena Trujillo, Mar Friera y Carmen del Valle
Agradecimientos: Alejandra Rojo, Fran Garcerá, Jan Pappelbaum y Schaubühne Berlin
En la escenografía se han utilizado materiales cedidos por Schaubühne Berlín del espectáctulo ‘Postkarten aus dem Osten’ con diseño de escenografía de Jan Pappelbaum y dirección de Stas Zhirkov.
Equipo LaJoven
Presidente: David R. Peralto
Dirección artística: José Luis Arellano García
Dirección general: Pedro Sánchez
Dirección de producción: Olga Reguilón
Coordinación técnica y regiduría: Daniel Villar
Administración y gestión de públicos: Rocío de Felipe
Comunicación y contenidos digitales: Laura Camila Forero
Regiduría y escenografía: Christina Eleftheriadou
Gestión de públicos: Matías Calvo
Mantenimiento y limpieza: Begoña Pérez
Técnico de iluminación: Óscar Fernández
Fotografía: Ilde Sandrin
Prensa: María Díaz
Prácticas de producción: Xiana Arias
Teatro Fernán Gómez (Madrid)
Hasta el 4 de octubre de 2026
Calificación: ⭐⭐
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