Hacer el amor

Francesco Carril y Ángela Boix se adentran en el ensayo de su propia relación amorosa a través de una función verdaderamente extraña

Foto de Danilo Moroni

Ya el silencio de él deambulando pensativo mientras ella lo observa es bermaniano. Después comprobaremos que la función entremezcla varias partituras; pero que la batuta del cineasta sueco y su concepción de las relaciones amorosas marca un ritmo identificable. Anécdota sobre Ingmar y Liv Ullmann, sus compatibilidades y su fin. Son ejemplos del vigor y del fulgor. Luego, también, leerán unos fragmentos del guion de Saraband (publicado en español junto a Secretos de un matrimonio ―esto no tiene nada que ver con ese montaje perpetrado por Darín), como un Johan y una Marianne que en su vejez recuerdan el pasado, una vez ya se ha disuelto su enlace. Pero, aparte de estas claves, ¿por dónde podemos asir esta propuesta? Olvidémonos ―por mucho que el tapiz blanco y la iluminación de Lola Barroso nos lo haga recordar― de La clausura del amor (quizás podamos pensar más en Sé de un lugar, aquella obra de Iván Morales que se representó precisamente en la misma Sala Cuarta Pared en 2014). Esto va de la repetición cotidiana de amarse, de querer amarse, de querer repetir con la misma persona cada día, esto va de agotar el deseo y ansiar novedad. Esto va de «ensayar el amor» y la ruptura, de practicar el amor y sus posibilidades, y sus imposibilidades. Por eso Francesco Carril y Ángela Boix (como ellos mismos en otro giro de la autoficción) amasan y deshilachan esta materia tan dúctil, tan frágil, tan simbólica. Sigue leyendo

La perra

Cristina Rojas ha escrito un drama costumbrista que pretende desarrollar las cuitas de una familia entorno al amor

El subtítulo o la aposición que acompaña a La perra es tan significativo como clarificador ―«La necesidad de ser amado»―; y tan humano que uno enseguida espera encontrar unos derroteros que se escapen de un tema que, junto a la muerte, se escribe con mayúsculas en la literatura. Pero no, el texto que ha escrito Cristina Rojas posee enormes virtudes, como el perfilamiento de unos diálogos ágiles y que se esputan con naturalidad, como la amalgama de pareceres que se van arrastrando de manera muy medida a lo largo de su escrito o como ciertos símbolos encerrados, por ejemplo, en ese canino tan amado; no obstante, a la contra, si rascamos en ese ambiente propicio, en ese ritmo musical y brumoso que concita rencores y sinceridades, como en esos clásicos de la dramaturgia norteamericana ―Eugene O’Neill con Largo viaje hacia la noche o, más recientemente, Agosto, de Tracy Letts, por poner algunos ejemplos― nos topamos con una postura algo conservadora y trazada con unos cuantos personajes un poco estereotipados. Ante esta situación creo que podemos tomar dos caminos: observar lo que vemos desde la perspectiva de la protagonista, que es la propia Cristina Rojas; o tomarlo desde una perspectiva más omnisciente, donde la dramaturga haya cargado más las tintas en las mujeres y haya deshilachado a los varones. Sea como se quiera, el espectador tomará sus decisiones, el caso es que contamos con un preámbulo excesivamente musical, agolpado de unos primeros embates dialécticos algo ruidosos que, a pesar de ello, consiguen llamar nuestra atención por su franqueza y por un tono muy sagaz. Sigue leyendo

Nada

La compañía Ultramarinos de Lucas celebra su vigesimoquinto aniversario revisitando esta historia sobre un joven nihilista

La acentuación radical que propone el libro de Janne Teller, publicado en el 2000 ―después fue prohibido y ahora es lectura obligatoria en muchos institutos―, es una vara de medir ineludible para capturar la sociedad de nuestro tiempo. Aunque los protagonistas son adolescentes ―y ellos mismos pueden y deben leerlo―, el público objetivo es amplísimo (o, quizás, todo lo contrario); pues se puede comprender asumiendo que se vertebra desde diferentes capas. La primera es la filosófica, más concretamente desde la corriente del nihilismo con desembocadura en el existencialismo (reconocemos a Kierkegaard, Nietzsche; pero también a Camus). Que la autora sea danesa y que sus compatriotas se espantaran con su propuesta, no es un dato baladí. La religión protestante potencia más el individualismo y este propicia un cuestionamiento de la propia existencia cuando flaquea la fe. «Dios ha muerto», según la sentencia de Dostoievski en Los hermanos Karamazov, por lo tanto: ¿cuál es el sentido de la vida? ¿Qué hacemos aquí? Curiosamente, en el Centro Conde Duque (con una sala de teatro dedicada fundamentalmente al teatro para jóvenes inquietos) se acaba de representar un montaje con líneas fundacionales parecidas (Un cine arde y diez personas arden).  Por otra parte, la sociedad de bienestar está generando un tipo de colectividad repleta de paradojas: consumo masivo de gente que pretende ser distinta en la igualdad del grupo para buscar la permanente admiración (el narcisismo). Sigue leyendo

Catástrofe

Íñigo Rodríguez-Claro comanda este experimento de Antonio Rojano sobre los sueños y los deseos que nunca serán de cuatro intérpretes

Se reúnen cuatro actores, un dramaturgo y un director con la idea de imaginar todas las vidas que no han vivido, porque en momentos precisos la balanza se inclinó hacia un lado o se tomó cierta decisión que tergiversó el rumbo atisbado. Adentrarse como en un sueño a deslavazar la memoria, anclarse en su verosimilitud, asumiendo que la invención forma parte de ese proceso y, a partir de ahí, fantasear sin límite sobre el escenario de un teatro. Buen punto de partida; aunque no termine de quedar claro cuál es el objetivo, el destino o la intención. Tenderemos a pensar, por ejemplo, en una ola descomunal de sucesos fantasiosos, hipotéticos, contrafácticos, que se resuelvan con una resaca que te devuelva al océano en forma de pensamiento recursivo. O sea, una manera de reflexionar existencialmente sobre el presente. Todo pudo ser de otra manera; pero ha sido de esta. Tortura, arrepentimiento, alivio, satisfacción. Ahora que soy maduro debo tomar las riendas de mi camino, si no quiero que me vuelva a pasar aquello. Quiero ser el responsable directo de mis decisiones. La lástima es que no acaba de plasmarse esa introspección y lo que se fragua es el desperdigamiento de muchas teselas, de sketches que no se entreveran hasta afianzar una malla de interrelaciones de los participantes si a lo que se aspiraba era al mise in abyme. Así que uno se queda con que el azar juega un papel preponderante y, por lo tanto, Catástrofe podría haber sido de muchas maneras, todas tan válidas como inútiles si lo que vemos no va más allá y concita nuestro interés por su particularidad. Y ese quizás pueda ser su mayor lastre. Sigue leyendo

Qué pasó con Michael Jackson

La Sala Cuarta Pared acoge esta indagación satírica sobre la popularidad en la época de las redes sociales

El paralelismo que han establecido los de La Teta Calva resulta macabro; pero, en realidad, es tan patético como el infantilismo que arrastra parte de la nueva generación: surfeadora en las redes sociales y ahogada por las incesantes olas de lo novedoso. Comparar el éxito y la muerte de Michael Jackson —el indiscutible rey del pop—, con el ascenso «fulgurante» y la caída intrascendente de una influencer, es un planteamiento muy sugerente. Ser influencer de la nada es el colmo del nihilismo y la risotada estentórea de Mefistófeles. Sigue leyendo

Cuando caiga la nieve

Julio Provencio dirige el texto de Javier Vicedo, un drama con tintes de humor negro a través de una estructura poliédrica

Foto de Susana Martín

¿Por qué nos debería interesar una obra que se presenta como una «comedia negra y macabra… alrededor de una anécdota banal»? Demasiada banalidad y, encima edulcorada, afirmarán muchos al terminar. La poesía se reduce a la nieve y a las metáforas que eternamente la han ido resimbolizando: la senectud-muerte, el silencio, el olvido y la gruesa capa que nos evita presenciar la realidad. Aquí, además, la cencellada se imbrica con la ceniza de los muertos. Quizás, inconscientemente, Javier Vicedo Alós ha escrito un cuento creyendo que estaba conformando una obra teatral. Contamos con cuatro personajes que, como viene siendo ya corriente en las salas españolas de nuestra contemporaneidad, nos van a narrar, a contar, su relato (es una forma también de ahorrarse personajes, actores, escenografía). No voy a insistir en mi juicio sobre el abuso de la narración en el teatro; aunque este es otro ejemplo de lo que supone como experiencia para el público por lo que voy a argumentar a continuación. La obra, inicialmente, poseía un atractivo, un misterio; ver a ese chico tumbado sobre un manto de plumas que simulan la nieve y su tono melancólico acerca del peso de su infancia y la relación con su madre y su padre, parecía que nos llevaría a profundizar sobre motivos existenciales de calado; pero, por desgracia, las escenas no llegan a confirmar la sospecha, sino a derrumbarla. Sigue leyendo

La familia No

Gon Ramos realiza un ejercicio imposible de realidad-ficción sobre la infancia de cuatro hermanos

Creo sinceramente que uno de los dramaturgos a los que se debe seguir indefectiblemente en el panorama dramático español es Gon Ramos. A pesar de que en esta ocasión haya ofrecido un texto al que, desde mi punto de vista, le falta aún un repaso, le queda pulir el desborde verborreico, ya de por sí habitual del autor. Pero, como vamos a ver, siempre depara una visión radical de la realidad y un subjetivismo que parte filosóficamente de la tradición francesa de pensadores posmodernos como Derrida o Baudrillard, entre otros. El interés por los márgenes, con lo inasible, con la especulación y con el territorio ignoto de la memoria que se desea reconstruir. Estos aspectos fueron conjugados a la perfección en su obra más ideal: Un cuerpo en algún lugar. En la nueva obra que se presenta en la Sala Cuarta Pared, lo que se puede valorar como más interesante es el concepto que plantea la deconstrucción de una familia a través de una perspectiva inédita que sería la remembranza quebrada de la infancia de cuatro hermanos. Sigue leyendo

Cuidado con el perro

Eva Redondo presenta en la Sala Cuarta Pared su visión personal sobre la brutalidad intrínseca de los hombres

Sinceramente no sé hasta dónde nos van a llevar ciertas visiones de la vida y ciertas aplicaciones dramatúrgicas que, si bien no tienen relevancia social, sí me producen estupor como componente de ese público que espera que lo presupongan inteligente. Por una parte, algunas dramaturgas se han acogido a la tenebrosa concepción de que los varones somos unos violadores en potencia, unas bestias dispuestas al sometimiento constante de la mujer, unos perros con los caninos bien afilados a los que les hierve la sangre salvaje de sus ancestros; las féminas son seres de luz, a las que, como mucho, se les puede achacar el silencio y la complicidad; aunque, en todo caso, será comprensible en una ambiente tan sumamente opresivo como este del heteropatriarcado. Sigue leyendo

Electra

Los portugueses de la Companhia do Chapitô parodian la venganza de esta mujer en un viaje repleto de cucharas

Justo una semana después de que la Companhia do Chapitô nos sorprendiera con su Edipo, asistimos ahora, en la misma Sala Cuarta Pared —dentro del Festival de Otoño a Primavera— a la versión sui géneris de Electra (presentada en 2016). Un espectáculo que se apoya sustancialmente en los mismos principios que la anterior, siquiera con algo más de seriedad, con un vestuario más definido y con algunos ruidos pregrabados que sustentan sus acciones. Aquí el elemento dramatúrgico que predomina son evidentemente las cucharas. Con estos cubiertos son capaces de caracterizar a cada uno de los protagonistas. Así, Jorge Cruz se la coloca sobre la nariz por delante de la frente para simular el casco habitual de los hoplitas (el kranos) o Nádia Santos colocándolas como pendientes a su Clitemnestra o Tiago Viegas como si fueran la corona de la sacerdotisa Ifigenia. Sigue leyendo