La performance de María Velasco en Cuarta Pared nos destina a una rave durante la pandemia de 2020

La prolífica carrera de María Velasco continúa, a pesar de que en este montaje pienso que ha bajado mucho el listón en los diferentes elementos artísticos que ella suele conjugar. La pasada temporada triunfó con Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos, donde sí se podían descubrir algunos valiosos hallazgos que superaban al díptico anterior compuesto por Harakiri y Primera sangre. Volvíamos, de algún modo, a Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra de 2022 que se representó aquí en Cuarta Pared. Pero ahora, con la potente estela de Sirat sobrevolando la propuesta, creo que no asistimos a una performance sugerente, ya que muestra carencias en la cohesión y caídas de ritmo brutales. Paradójicamente, al contrario de lo que ocurre en el film de Óliver Laxe, la música no tiene el protagonismo que debiera para que nosotros como espectadores pudiéramos penetrar en las vivencias de estos raveros, encerrados en su danza durante la cuarentena de la pandemia del covid. Sigue leyendo

Bajo el título general Los muertos no respetan el descanso, María Velasco publicó en la editorial La Uña Rota las obras 
Quizás, de alguna manera, sea esta una de las piezas más asequibles de María Velasco. Y es que se descubre cierta linealidad que no se abandona, aunque se trabaje oníricamente con otros tiempos. Además de que únicamente nos tengamos que centrar en su única protagonista, la Niña. Dicho esto, el gran valor estético —ya veremos si político— es el paralelo que va estableciendo con la Naturaleza (la referencia a Spinoza es directa y sirve de contrapunto al tradicionalismo católico de su familia) desde distintos puntos de vista. Una amalgama de metáforas que nos destinan a una suerte de ecofeminismo, en la alguna de esas corrientes entre utópicas, infantiles y hasta espiritualistas. Una comunión de las féminas y su poder engendrador con la dinámica divina de los ecosistemas. 


