Las amargas lágrimas de Petra von Kant

Rakel Camacho no consigue engranar los diferentes elementos estéticos en esta adaptación de la obra de Fassbinder

Foto de Isa Saiz

Regresa a los escenarios Fassbinder, después de aquel aburridísimo proyecto de Dan Jemmett titulado Los gatos mueren como las personas. Rakel Camacho, quien ya demostró su talento dramatúrgico en esta misma sala del Matadero con Coronada y el toro (hace bien poco se puso al frente de El cuarto de atrás), pienso que esta vez no ha sabido conjugar todos los elementos que se ponen en juego en este montaje.

Escrita en 1972, fue primero obra teatral y luego el célebre film que todos conocemos, protagonizado por Margit Carstensen y Hanna Schygulla. Las diferencias que acontecen delante de nuestros ojos serán varias. Por un lado, la ausencia de la hija de nuestra malhadada y, por otra parte, una duración más escueta. Creo que esta obra necesita un mayor poso y una compenetración entre las dos ¿amantes? que aquí no se da. Se tiene la sensación de hiato, es decir, un lapso vacío, elidido, que hemos de deducir, pues únicamente contemplamos las consecuencias del tedio, de la imposible afinidad entre la madurez y la ingenuidad, entre la pulsión estética y el antojo ególatra, propio de alguien que aún no se ha enfrentado al mundo del arte, ni falta que le hace («¿te gusta el arte?», se le pregunta). Ana Torrent, que hace de Petra, todavía alcanza a mostrar su desesperación con algo de credibilidad hacia el desenlace, cuando ha sido abandonada; pero Aura Garrido me parece que está completamente fuera de tono. No acierta a exponer una mayor seguridad dentro del hieratismo que debería ofrecer, y cae en el cariz juvenil y desenfadado, algo choni, de esa aspirante a modelo (demasiado aproximado a nuestro presente). No sé a qué viene ponerla cantar el «Wicked Game», de Chris Isaak tras el espejo gigante del fondo; por qué gastar minutos en eso, cuando algunos diálogos deberían emitirse con auténtica decadencia agónica. Entre ellas no se observa el posicionamiento antagónico y firme de cada una. Sin esto, directamente la idea no funciona.

Luego, la escenografía de Luis Crespo, inicialmente, es de gran coherencia, pues incide ─y esto tiene que ver con un planteamiento estético bien distinto al realizado por el directo alemán─ en el kitsch que, como afirmaba Theodor Adorno es una «parodia de catarsis», todo aquello que tiene que ver con el mal gusto y con productos de consumo dentro del hogar. Durante mucho tiempo esa decoración tan «ecléctica», repleta de vinilos blancos, de objetos llamativos y provocadores, del animal print impuesto sin sentido fue el paradigma del horterismo de los parvenús. Ahora ya todo da igual, incluso este estilo vive un renacer desde tiendas como Ale-Hop. Originales copas de cabezas trepanadas y bañera con brazos de maniquí configuran un espacio muy atractivo. La cuestión es que el escenógrafo ha situado unas pasarelas con rampas incluidas que convierten a las actrices en torponas (un desastre). La excesiva iluminación de Mariano Polo no parece propiciar momentos íntimos. Otro de los elementos destacados es el vestuario de Pier Paolo Álvaro y Roger Portal, que pareciera inspirado en el trabajo de Maja Lemcke. Los moldes de sus torsos remarcan el pecho, algunas transparencias nos dejan vislumbrar las nalgas y otra cantidad de detalles que se empastan excelentemente con el atrezo de ese apartamento. Ahora, en distintas fases del espectáculo, algunos adminículos ─véanse corpiños de perlas o pelucas─ favorecen esos entorpecimientos a los que me referían antes. Se da, en cualquier caso, un erotismo escultural, poco carnal, que incide en el distanciamiento que ha señalado la directora.

En aras de ampliar esa frialdad, el personaje que interpreta Julia Monje, Marlene, una sirvienta-esclava, cumple con su gestualidad estupendamente y es quien mejor se mueve por los diferentes recovecos. Que más adelante arremeta con el sempiterno «Lili Marleen» es algo innecesario. Gracias a ella también se perfila más el rol de Petra, porque nos permite descubrir su anhelo de dominación, procedente, de todas hecatombes emocionales que le han generado sus dos maridos. Después, Celia Freijeiro se encarna Sidonie, una amiga destinada a ahondar en la hipocresía, si no quiere padecer la furia. Su carácter se va desinflando desde un inicio altivo y atrayente. Finalmente, María Luisa San José acoge a la madre para desarrollar con firmeza a esa señora desatada que se ha vuelto de Cuba con cuatro pretendientes. Aporta un leve toque de humor entre la pesadumbre.

Hallamos esa carcoma nihilista que desintegra a aquellos que se quedan en la apariencia. De hecho, es muy significativo que Petra sea diseñadora de moda, pues, qué es esa moda, esos vestidos, si no entran en conflicto con una sociedad, si no la provocan, si no se viven esos nuevos ropajes, y se quedan solamente para el deleite de la pasarela, para la pose. Es difícil asumir la moda como arte ─aunque posea muchos de sus rasgos─ en cuanto que es fagocitada por la feria de las vanidades. En gran medida, lo que tenemos en esta obra es el tópico que, de alguna manera, instauró Oscar Wilde, con aquella pasión por Bosie. El amante fetiche para los hedonistas y los sibaritas senior. Como ocurría con el cantante Liberace (más kitsch todavía) que visionamos en el film Detrás del candelabro, de Steven Soderberg. En verdad, este encierro nos retrotrae definitivamente a Joris-Karl Huysmans, adalid del decadentismo con su novela A contrapelo.

En definitiva, Rakel Camacho ha laminado el texto del artista germano y ha añadido detalles espectaculares para que el público se entretenga durante ochenta minutos y no caiga en la mortecina existencia de una esteta.

Las amargas lágrimas de Petra von Kant

Autor: Rainer Werner Fassbinder

Versión y dirección: Rakel Camacho

Reparto: Celia Freijeiro, Aura Garrido, Julia Monje, María Luisa San José y Ana Torrent

Diseño de espacio escénico: Luis Crespo

Diseño de vestuario: Pier Paolo Álvaro y Roger Portal (AAPEE)

Diseño de maquillaje y caracterización: Pier Paolo Álvaro y Rakel Camacho

Asistente artístico: Rebeca Mollà

Ayudante de dirección: Ana Barceló

Diseño de iluminación: Mariano Polo

Movimiento escénico: Julia Monje y Rakel Camacho

Composición de música original: Pablo Peña y Darío del Moral

Una producción de Nave 10 Matadero y Pentación Espectáculos

Nave 10 Matadero (Madrid)

Hasta el 20 de abril de 2025

Calificación: ♦♦

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2 comentarios en “Las amargas lágrimas de Petra von Kant

  1. Nosotros acabamos de ver la obra anoche y comparto en gran medida tu juicio sobre esta versión. La propuesta estética del equipo me pareció interesante. Me hizo pensar en el expresionismo alemán de principios del siglo pasado –Die Brucke. Pensé también en la confusión entre realidad y representación que Gutiérrez Solana traza con sus manequíes y tallas que se confunden con «seres humanos» de carne y hueso. Está claro que la obra plantea una serie de temas de peso –el entrelace entre amor y poder (autoridad), entre la soledad y el deseo– pero todo para mi fue un ejercicio mental para repasar las implicaciones interesantes de una obra que, al final, no cuaja, no conmueve. Quizá nos haya influido el habernos sentido totalmente transportados por el espléndido trabajo de Emiliano Dionisi y Roberto Piloni en «El Brote» (Canal). Del Matadero salí con una sensación de tristeza, pensando en lo que pudo haber sido y no fue. Gracias por tus juicios, útiles como siempre (aun cuando no estoy de acuerdo).

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