Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio

Eva Rufo y Esther Ortega nos transmiten las vivencias de Helen Keller y su maestra en un espectáculo inconcreto

Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio - Foto de MaríaLaCarteleraDesde luego, a priori resultaba muy intrigante descubrir cómo se podía llevar a escena la vivencia de la famosa Helen Keller, aquella mujer que se quedó sorda y ciega después de pasar una tuberculosis (parece la hipótesis más razonable) a los diecinueve meses de haber nacido. La película El milagro de Ana Sullivan contribuyó en su momento a que su ejemplo se volviera más acuciante, especialmente para todos esos estudiantes de estudios relacionados con la pedagogía. Evidentemente, la estética, en su sentido más amplio (arte y sensaciones), parece el camino más apropiado para incidir en los lenguajes que nos puedan aproximar a esa entelequia que supone especular, no ya sobre el pensamiento y las percepciones de una persona corriente, tan manipulada por la vista, sino de alguien que requiere necesariamente acudir al tacto y al olfato para alimentar su imaginación. Sigue leyendo

Una novelita lumpen

Rakel Camacho ha realizado una adaptación fiel y procaz de la novela que publicó Roberto Bolaño en 2002 poco antes de morir

Foto de Javier Jarillo

Diríamos que esta novela era, a priori, difícil de llevar a escena porque contenía demasiado sexo y venía cargada por una atmósfera decadente y nihilista que no encontraba fin. La obra había sido encargada a Bolaño para participar en una colección donde los escritores afincarían sus textos en una ciudad importante. El escritor chileno estaba sentenciado a muerte y sus últimos años de vida (murió al cumplir la cincuentena) estuvieron destinados a terminar su magna obra ―cinco novelas en una―, 2666, que fue llevada a escena en un grandioso montaje por Álex Rigola (la pudimos ver en 2008 en el Matadero), quien también se atrevió con el relato El policía de las ratas. Por otra parte, Una novelita lumpen tuvo su versión cinematográfica titulada Il futuro (2013), dirigida por Alicia Scherson; aunque careció de resonancia aquí en España, y, desde luego, merece la pena su visionado. Consideremos que la sensación que genera la lectura de la novela es que está esbozada una estructura que abre posibilidades mayores; pero que se ataja en ciertas descripciones y que se corta abruptamente en el tratamiento de algunos personajes; por eso parece hecha a medias, como un cuento que se alarga o como una extensa novela que se reduce para cumplir con el encargo. Lo cierto es que, en este sentido, la teatralización complementa visualmente algunas de esas recurrentes elipsis. Es fundamental tener en cuenta ―al escuchar el breve prólogo, nos podemos perder― que estamos ante un recuerdo, un flashback, que su protagonista emite: «Ahora soy una madre y también una mujer casada; pero no hace mucho fui una delincuente». Sigue leyendo

La donna immobile

Un montaje que plasma, con un cuestionable discurso, la violación de una mujer y sus derivas socioculturales

Poco tiene que ver a la postre el cuento popular escrito por Giambattista Basile en el siglo XVII, titulado «Sol, Luna y Talía», donde esta última es violada por un rey, con «La bella durmiente». La dramaturga Rakel Camacho ha querido aunar en un mismo espectáculo, la recreación cruenta y evidente de aquella historia —nada que ver con aquella de los hermanos Grimm— con elementos contemporáneos sobre violaciones y cuestiones diversas sobre el sexo masculino. Digamos que la adaptación se consume en la primera media hora. En esta asistimos a un brutal acto de aparente necrofilia (si aceptamos que el estado de la protagonista va más allá del sueño), próximo a la pornografía, donde Trigo Gómez, un príncipe azul que va de picnic por el campo, se ensaña sobremanera con la chica. Sigue leyendo