Lluís Homar ha dejado que su elenco de jóvenes, dentro de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, festejen a Lope. En su comedia se pone en tela de juicio el matrimonio entre ancianos y jóvenes
Ha encontrado Lluís Homar un equilibrio, diría que fetén, entre esos espectáculos que trabajan con jóvenes que se suelen escorar más hacia el gusto adolescente; y aquellos otros en los que encarnan a personajes demasiado maduros. Este tipo de propuestas revitaliza el desenfado que habíamos observado en convocatorias anteriores, como en La villana de Getafe, que dirigió Roberto Cerdá; o en La dama boba, que emprendió Sanzol. Ambas de Lope.
El tema central nos puede recordar a El sí de las niñas, la comedia más célebre de Leandro Fernández de Moratín, por aquello de los matrimonios concertados y desiguales en edad. Aunque, claro, a principios del XVII no estaba el Fénix para esos didactismos que propugnaría el Neoclasicismo.
En cualquier caso, el capitán Bernardo, que provisionalmente interpreta Lluís Homar, sacando de sí unos dejes jocosos poco habituales en él y que resultan acogedores, pretende casarse con la jovencísima Fenisa. Nora Hernández se expresa con brío extraordinario; incluso, sin descuidar un erotismo muy actual. La madre, Belisa, es el ejemplo supino del catolicismo más inquisitorial, con todos esos pruritos insoportables en relación a la sexualidad. Los mismos versos iniciales de la comedia ya dejan expedito su parecer: «Baja los ojos al suelo, / porque sólo has de mirar / la tierra que has de pisar». Montse Díez impone un rictus imponente, para luego suavizarlo a lo largo de las escenas en esa aura hedónica en la que entramos. Ya que posee esta composición algún efluvio sicalíptico que apunta hacia encuentros sexuales que alientan la imaginación. Y es que nuestra gran protagonista es una discreta inductora de artes amatorias y tácticas hábiles. En este sentido, la joven parece muy superior a los mayores, pues estos tienen comportamientos un tanto ingenuos. De ahí la gracia y la idoneidad de esta pieza.
Un detalle de importancia es que todo el elenco irá cambiando a otros roles ─tres agrupaciones distintas─, así que el público se encontrará con otra combinación, probablemente.
Muy solventes parecen todos en sus movimientos, en su dicción y en el manejo de diferentes instrumentos; pues la música es creación de ellos mismos. Aunque haya sido Marc Servera su gran compositor final. Este, además, llega a tomar el papel de Lucindo (si le toca), con el que desarrolla su donosura e inocencia a partes iguales. Un don Juan moderado que habilita una cantidad importante de engaños y de líos, hasta que es atrapado en las redes de Fenisa. Su criado Hernando, un Pascual Laborda muy enérgico, se verá involucrado en una de esas típicas confusiones de los géneros y de los disfraces. Mientras que la Gerarda que encarna Miriam Queba, con grandiosidad, nos deja otro de esos vericuetos divertidos, repletos de equívocos y de poderío femenino.
Uno de los grandes méritos de este montaje lo encontramos en la viveza que manifiesta y que apenas decae. Contribuye a ello, no solo las canciones y el baile, sino también la inclusión metateatral de los técnicos (auténticos) que aparecen en un prólogo festivo muy sugerente y que lanza la obra de una manera sin igual. Además de la intromisión irónica de un apuntador, preparado para hacer un guiño recursivo durante la función. Todo ello dentro de esa escenografía de José Novoa, un tanto caótica, que acorta los espacios; pero que, una vez se despeja el alboroto, pone nuestra fantasía en marcha con las distintas alturas, en esa idea de barrio montado sobre la paja de las calles madrileñas de entonces.
Sabemos que esta es una de esas comedias juguetonas de Lope, no tan enjundiosa como otras; no obstante, el espectáculo tan ágil que han dispuesto sobre las tablas supondrá un disfrute para la mayoría de los asistentes.
Autor: Lope de Vega
Dirección: Lluís Homar
Reparto: Íñigo Arricibita, Xavi Caudevilla, Montse Díez, Cristina García, Ania Hernández, Nora Hernández, Antonio Hernández, Lluís Homar, Pascual Laborda, Cristina Marín-Miró, Felipe Muñoz, Miriam Queba, María Rasco y Marc Servera
Los técnicos de la Compañía Nacional de Teatro Clásico que aparecen en escena son: Pedro Acosta Ureña, Juan José Blázquez Ramos, Ignacio Cobos Santamaría, Gema Collado López, Noelia Cortés Plata, Inmaculada García Cascales, Juan Manuel García González, Juan Fco. Guerrero Espada, Alfonso Jiménez Ganso, F. Javier Juaranz Pérez, Rosa Rubio Mazano, Francisco M. Pozón Hernández, José M. Romero Jurado, Rosa María Sánchez Adamuz y Carlos Somolinos Arroyo.
Dirección adjunta: Oscar Valsecchi
Voz y palabra: Vicente Fuentes
Escenografía: Jose Novoa
Iluminación: Pilar Valdelvira
Vestuario: Deborah Macías
Composición musical: Marc Servera
*Versión Vestida de nit, de Sílvia Pérez Cruz
Ayudante de dirección: Vanessa Espín
Ayudante de escenografía: Isi Ponce
Ayudante de iluminación: Juan Andrés Morales
Ayudante de vestuario: Almudena Bautista
Producción: Espectáculo patrocinado por Loterías y Apuestas del Estado.
Compañía Nacional de Teatro Clásico, Teatro Soho CaixaBank y Teatro Cuyás
Colaboración: Sílvia Pérez Cruz
Realización de escenografía: Mambo Decorados S. L., Sfumato Pintura Escénica S. L. y Natalia Vicente Garayo
Realización de vestuario: Maribel Rodríguez y Paula Paterna
Sombrerería: Charo Iglesias
Arreglo floral: Susana Moreno
Teatro de la Comedia (Madrid)
Hasta el 26 de noviembre de 2023
Calificación: ♦♦♦♦
Texto publicado originalmente en La Lectura de El Mundo
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