Paraíso perdido

Andrés Lima y Helena Tornero enmiendan el gran poema del puritano John Milton

Paraíso perdido - Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

Cuesta pensar para qué se ha recurrido al célebre poema de Milton, si el fondo del asunto, como parece traslucirse, es altamente despreciado. Puesto que, cuando hablamos de adaptar, qué menos que se conserven las esencias. Y aquí del poeta inglés apenas se respetan unos cuantos versos en las primeras partes, ya que, después, la versionista Helena Tornero desmonta en exceso la teología desarrollada en el original. Sus interpolaciones llegan a ser abracadabrantes. No solo porque a Eva la veamos convertida en la primera feminista radical de la historia, sino porque el mismísimo gremio actoral se erige en auténtico adalid de las luchas por la libertad. El teatro es el arte más cancelado. De entre todos los males que ha propiciado Dios (y los veremos) se han elegido como víctimas propiciatorias. Con esta función, desde luego, no se convertirán en mártires; nadie les pondrá una bomba como a Leo Bassi.

Andrés Lima convierte su montaje en un cómic, donde uno ya no piensa en Satán, sino en Batman, enfrentado a un Dios fanfarrón, cual Pingüino, que más parece un mafioso cínico, que un Padre que pueda ofertarnos el Cielo. Pere Arquillué pone su vozarrón al servicio de las narraciones en los compases iniciales —sin duda, los más impactantes y coherentes— y, luego, como un capo rengo, nos demuestra con gran suficiencia expresiva que, como todopoderoso, conceder el libre albedrío a los humanos es la mejor manera de que lo reclamen desesperadamente, cuando sientan la angustia de vivir. Un verdadero sádico; pero que no llegará a ofender ni al más ferviente cristiano (si es que va quedando alguno en esta sociedad tan secularizada). Enfrente, Cristina Plazas despliega todos sus atributos una vez es descolgada de las alturas en su caída. Ella resuelve con enjundia; pero su personaje está desmochado y resulta algo patético. Pues lo que se pretende es invertir los roles, y concederle a nuestro Satanás toda una serie de virtudes imaginables para contravenir a ese farsante que ha creado La Tierra como si fuera un zoológico macabro. No queda ni la rebeldía a la que se habían acogido los románticos, con Goethe al frente y Fausto como evidencia (recuerden cómo adaptó esta obra maestra nuestro malhadado Tomaž Pandur).

Lo que ocurre es que los personajes están rebajados de maldad y se devanean con sus juegos. Esto lo vemos en Adán y Eva, presentados inicialmente como unos homínidos dispuestos para la evolución (para enmendar el creacionismo del Antiguo Testamento), mientras bailan el «Cheek to Cheek», como Astaire y Rogers («Heaven, I’m in heaven»). El primero apenas se disgusta y mucho menos, como sí sucede en el poema, abronca a su compañera por haber caído en la tentación. Rubén de Eguía, que es un actor brillante, acaba a la sombra de su dama. Lucía Juárez, también despelotada, hace de una potente y candorosa Eva que, inspirada por alguna diosa, es capaz de elaborar el consabido discurso, arrogándose todos los padecimientos que «todas» las mujeres sufren en nuestro mundo. Y así, agarrando al respetable por la pechera con un mitin, pretenden ser los ángeles caídos del arte.

El espectáculo gana con la escenografía de Beatriz San Juan, quien ha diseñado una gruta infernal de distintos niveles que se combina con un plantel de imágenes impresionadas en dos pantallas con todos los horrores de la historia paseándose ante nuestros ojos.

Este Paraíso perdido es otro de esos productos impotentes de nuestra contemporaneidad, incapaces de aceptar (o no) la fuerza de los grandes textos, para hacerlos vibrar con nuevo brío. Lima y Tornero se ablandan ante la cosmogonía y nuestro relato genesiaco. Una obra sugerente en lo visual, vacía en su contenido. Ni mito, ni símbolo, ni teodicea.

Paraíso perdido

Basada en el poema épico Paraíso perdido de John Milton

Texto: Helena Tornero

Dramaturgia: Andrés Lima y Helena Tornero

Dirección: Andrés Lima

Reparto: Pere Arquillué, Maria Codony, Rubén de Eguía, Laura Font, Lucía Juárez y Cristina Plazas

Escenografía y vestuario: Beatriz San Juan

Iluminación: Valentín Álvarez (AAI)

Música original y espacio sonoro: Jaume Manresa

Vídeo creación y post producción: Miquel Àngel Raió

Caracterización: Cécile Kretschmar

Ayudante de dirección: Laura Ortega

Ayudante de vestuario: Amaranta Albornoz

Realizaciones: Pascualín Estructures (escenografía) y Goretti Puente (vestuario)

Coproducción: Centro Dramático Nacional, Teatre Romea y Grec 2022 Festival de Barcelona

Fotografías: David Ruano

Diseño de cartel: Equipo SOPA

Teatro María Guerrero (Madrid)

Hasta el 18 de junio de 2023

Calificación: ♦♦

Texto publicado originalmente en La Lectura de El Mundo.

2 comentarios en “Paraíso perdido

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