Perfectos desconocidos

Daniel Guzmán dirige con esmero la versión teatral de este éxito cinematográfico en el que los móviles son el artefacto del demonio

Foto de Sergio Parra

Era del todo esperable que llegara la versión teatral de este éxito cinematográfico ―primero en Italia con Perfetti sconosciuti, dirigida por su creador, Paolo Genovese y, en España, con la mirada de Álex de la Iglesia; puesto que, principalmente, el espacio ―casi único― permite concentrar muy bien la acción y, sobre todo, regodearse en la situación: un puro desbaratamiento, una explosión de revelaciones. Este tipo de productos culturales se posicionan claramente del lado del espectador, es decir, se congratulan con él; ya que este siente alguna identificación. Además de que el discurso es sencillo, entretenido y divertido; básicamente los principios del teatro comercial. Ahora, en este caso, dado que se emplea un instrumento ―el teléfono móvil― que casi la totalidad de la población adulta utiliza; realmente podemos sacar una lectura contemporánea más aviesa y pertinente de lo que ocurre en escena. En definitiva, Perfectos desconocidos favorece dos lecturas que pueden convivir esencialmente en la perspectiva de cada persona que asista al Teatro Reina Victoria, si pone un poco de empeño más allá de la risotada. Porque es claro que debemos plantearnos cómo hemos llegado a esta situación, a este narcisismo, a esta búsqueda agónica por la emoción fuerte, por evidenciar nuestro supuesto poderío en las redes sociales, por esconder nuestros secretos en un aparato que nos expone demasiado. Sigue leyendo

Anuncios

Todas las mujeres

En el Teatro Reina Victoria se representa esta comedia dramática sobre la inmadurez de un cuarentón en plena decadencia

El director argentino Daniel Veronese lleva años cosechando elogios más que merecidos por su labor al frente de grandes éxitos. Es significativo que sepa moverse con soltura tanto con obras más efectistas como El método Grönholm, como en intervenciones dramatúrgicas mucho más hondas ―sirva el ejemplo de Espía a una mujer que se mata (a partir de Tío Vania)―. En este caso, al trasladar la cinta de 2013, Todas las mujeres, firmada por Mariano Barroso y por Alejandro Hernández, a las tablas, ha tomado una serie de decisiones estilísticas cuestionables que cualquiera que haya visto la película puede detectar. Sí, evidentemente, cada obra tiene su lenguaje; pero las comparaciones son necesarias para calificar los aciertos y los desaciertos de unos y de otros. Y aquí la clave está en el protagonista, en Nacho, un veterinario de cuyo carácter vamos a conocer hasta el último detalle. He de puntualizar que aquí la creación del actor resulta esencial. Si en el film Eduard Fernández volvía a estamparse con la realidad hasta que asume su propia decadencia (papel, que de otras maneras ha interpretado en el teatro como en la gran pantalla), aquí es Santi Molero, quien sustituye a Fele Martínez en algunas funciones (dos actores bien distintos; así que no sé hasta qué punto es relevante). Sigue leyendo

Cinco horas con Mario

Lola Herrera mantiene el pulso y la energía en una vuelta a las tablas con la célebre obra de Delibes

Cinco horas con Mario - FotoSurgen tantas preguntas sobre cómo digerir esta célebre representación que lleva tanto tiempo realizando Lola Herrera, que uno al final debe optar (o no) entre una serie de puntos de vista. Primeramente, hemos de tomar el espectáculo como una especie de recreación realizada por la misma actriz, pero en un sentido arqueológico, en un atisbo de homenaje hacia el personaje que ella misma creó sobre la protagonista de Miguel Delibes. Evidentemente, por mucha peluca que le pongan y por muy buen aspecto que presente la Herrera, la persona que nos encontramos delante no puede tener cuarenta y cuatro años por mucho que fueran los de aquella época. Otro aspecto a tener en cuenta es que obviemos el hecho de que la escenografía se ha quedado más que obsoleta y que en una deriva más naturalista se muestra anticuada respecto al montaje de los años ochenta donde la presencia de los tonos morados patentizaba más la muerte; ahora, incluso, la iluminación es excesiva y demasiado general. Dicho todo esto, también es cierto que la expresión del monólogo es distinta. Es imposible tomarse lo que afirma con la misma seriedad que en otros tiempos. Me sorprendió ─y es algo de lo que me gustaría obtener respuesta─ que hiciera tanta gracia. ¿En qué año comenzaron las risas? ¿En qué proporción han aumentado transcurridas las temporadas? Por momentos parece el Club de la Comedia. Aquello que relata nos parece tan exagerado hoy…, esos comentarios sobre los negros, sobre la Guerra Civil, sobre el sexo marital o la defensa a ultranza de la servidumbre femenina. Cobra, por lo tanto, tintes que van de lo tragicómico a lo melodramático; siempre con el imaginario cuerpo presente de Mario. Sigue leyendo