Los farsantes

Pablo Remón vuelve a la autoficción para recrear el mundo del cine y del teatro, con sus éxitos y con su precariedad laboral. Un montaje muy largo con un elenco muy resolutivo en las escenas más cómicas

Los farsantes - Luz Soria
Foto de Luz Soria

Después de haber visto todas (creo) la obras que se han representado de Pablo Remón, pienso que Los farsantes resulta anodina, larga y sin fundamento. Después de El tratamiento (2018) que, en esencia, iba de lo mismo; pues uno esperaba que alguien que ha hecho maravillas, como Doña Rosita, anotada, subiera algún escalón más. Pero no, seguimos con la autoficción, el consabido metateatro y las sempiternas quejas del sector artístico. España entera quiere ser actriz.

Este es un espectáculo que principalmente va destinado al consumo de los interpelados; porque cuesta encontrar alguna dimensión universal que nos competa. Ana Velasco es otra de esas mujeres, hija de un director de cine, que piensa que ha heredado el gen de la actuación. Como suele ocurrir, entre ensoñaciones con los Goya y los baños de realidad en el circuito alternativo y las clases de pilates para proveerse de sustento, pues se desinfla la ilusión. Por eso, Barbara Lennie aquí aparece taciturna y un tanto a la espera de que el resto la redondee. Y esto supone que su historia interesa entre poco y nada. Cansa la vis narcisista de la farándula en su permanente desconexión con el resto de la sociedad.

La trama paralela es igualmente infundada, porque no tiene la continuidad debida y se va por las ramas. Javier Cámara hace de director de cine, un tipo que se mueve en la esfera internacional, y que ha decidido llevar a la gran pantalla un guion de su maestro Eusebio Velasco, el padre de Ana, la cual ha sido elegida como protagonista. Que no terminan de confluir ambas historias es más que patente. Lo que sí se logra es llevar la función hasta la dos horas y media. Le sobra metraje por todos los lados, desde el inicio, con sobretítulos irónicos y rocanroleros que desembocan en un preámbulo de Lennie que es un bajón sentimentaloide, hasta alguno de los gags que salpican el montaje.

Sí me parece que lo más valioso son esas piezas, donde el dramaturgo demuestra su pujanza humorística, puesto que sabe meter el dedo en la llaga. Me ha divertido mucho Nuria Mencía con ese tono tan seriote que impone en las situaciones más estrambóticas. Por ejemplo, cuando parodian las actuaciones funcionariales con las que graban capítulo tras capítulo sin remisión las telenovelas españolas vespertinas. O escuchar a ese niño (padre fantasmal) de seis años, recién salido de una función infantil, donde no tiene más remedio que participar nuestra antiheroína, reconvertido en un crítico mordaz.

Luego, Francesco Carril anima el cotarro que es una barbaridad. Entres sus variados roles, despliega toda su versatilidad encarnándose en el propio Remón, para ilustrarnos, en un interludio metateatral, sobre sus plagios, sobre cómo fagocita ejercicios de alumnas (el texto este viene firmado por Violeta Canals), lo que le vale, por fin, para desenmascararse como farsante y plantear, de forma muy interesante, el tema de nuestros propios falseamientos. Aquí estaría el meollo, si se hubiera profundizado más.

El epílogo es otra escena altamente meritoria, con un Cámara cercano y convincente, que adopta el papel de camarero-filósofo acogiéndose a los dictámenes de Byung-Chul Han, el célebre pensador de nuestro tiempo, para desentrañar cómo nos esclavizamos en esta «sociedad del cansancio».

Celebremos la escenografía de Monica Boromello, ya que no solo ha dispuesto dos pisos que se aprovechan excelentemente; sino que ha creado varios recovecos que nos disponen hacia un dinamismo mayor para una obra tan larga.

Sí, Los farsantes posee varios momentos sublimes; no obstante, esta vez Pablo Remón ha sido demasiado conservador recurriendo a toda una serie de cuestiones consabidas, que no nos permiten ir más allá de pasar un rato agradable.

Los farsantes

Dirección: Pablo Remón

Texto: Pablo Remón (con la colaboración de Violeta Canals)

Reparto: Javier Cámara, Francesco Carril, Bárbara Lennie y Nuria Mencía

Escenografía: Monica Boromello

Iluminación: David Picazo

Vestuario: Ana López Cobos

Realización de vestuario: Pinelly

Sombrerería: Betto García

Alquiler de vestuario: Peris Costumes

Ambientación: María Calderón

Diseño de sonido: Sandra Vicente

Ayudante de dirección: Raquel Alarcón

Ayudante de escenografía: María Abad

Ayudante de iluminación: Daniel Checa

Ayudante de sonido: Benigno Moreno

Ayudante de vestuario: Cristina Martín

Diseño de cartel: Equipo SOPA

Coproducción: Centro Dramático Nacional y Buxman Producciones

Teatro Valle-Inclán (Madrid)

Hasta el 12 de junio de 2022

Calificación: ♦♦

UN EXTRACTO DE ESTE TEXTO FUE PUBLICADO EN LA LECTURA, LA REVISTA CULTURAL DE EL MUNDO

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