El pato salvaje

Una adaptación del texto de Ibsen que se sobreexplica y se suaviza para embarcarnos en un espectáculo más melancólico que trágico

El pato salvaje - Foto de Luz Soria
Foto de Luz Soria

Modernizar un clásico próximo en el tiempo conlleva el riesgo inequívoco de no poder innovar demasiado; porque, de alguna manera, algunos modos siguen vigentes y las posibles sustituciones resultan ineficaces. En el drama que nos compete, me atrevería a aseverar que Pablo Rosal ha caído no ya en los vicios de la posmodernidad, sino en la depresión que parece atenazarnos en la actualidad. Todas las expresiones de fortaleza que Ibsen impone —ante todo clasistas—, y todos esos sentimientos de melancolía y hasta vesania en los perdedores, quedan suavizamos por pasiones algo mediocres. El noruego, al igual que Chéjov, trabajaba con un tamiz elidido que iba puliendo las asperezas hasta que brotaba la esencia y se producía la catarsis. No sabemos qué ocurre, primeramente, porque las cartas ya se han repartido y no entendemos del todo el juego que está en liza. Sigue leyendo

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Los que hablan

Pablo Rosal sienta a Luis Bermejo y a Malena Alterio a descubrir la estupefacción del lenguaje oral

Unos introvertidos recalcitrantes que han quedado por Tinder, dos extraterrestres recién llegados a nuestro planeta, dos androides en un laboratorio dedicado a la inteligencia artificial, dos «jarrones vacíos» ―en palabras del dramaturgo― para insuflarles el hálito vital, Adán y Eva reconociéndose en el Paraíso (en el principio era el verbo), dos gólems amasando su lengua. Cada uno se podrá imaginar lo que quiera. Aunque también, dada la imperiosa presencia del metateatro en nuestra dramaturgia contemporánea, Los que hablan puede pasar por un mero ejercicio interpretativo que nosotros debemos resignificar en el espacio teatral para otorgarle una validez. En este último sentido, me recordó a Premios y castigos, de Ciro Zorzoli, donde los actores realizan ejercicios de interpretación como si fueran marionetas huecas. Y aunque parece que es el absurdo el que impera en las reacciones y en los cambios de tema, y que nos pueden aproximar a Ionesco, lo cierto es que funciona más en la dirección de Jacques Tati; porque encontramos más estupefacción infantil, más incapacidad en la propensión de las palabras y un trabajo con el silencio muy limitante. Si hace gracia en el inicio, no es tanto, creo, por una pretensión cómica que nos hiciera situarnos en una obra a la manera de Mihura o Jardiel Poncela. Sigue leyendo

Kingdom

La Agrupación Señor Serrano monta una performance insignificante para criticar al sistema capitalista desde la industria bananera

Pensar que en el mero collage y en el aparataje del teatro objetual más un programa de mano con proclamas de carácter teórico-político ya es suficiente como para elaborar una obra que trascienda los lugares comunes del pensamiento anticapitalista, es redundar en la vaciedad del arte conceptual. Recuerdo con verdadero deleite su proyecto A House in Asia, porque concentraban sus esfuerzos en dirimir la «verdad» en aquella famosa operación de captura sobre Bin Laden y sus consecuencias morales. Pero es que Kingdom me parece una pantomima que no focaliza, en absoluto, sobre los desafueros de la United Fruit Company o lo mecanismos de la tercera revolución industrial. La Agrupación Señor Serrano se dedica a hacer el gamberro durante poco más de una hora con su habitual parafernalia videográfica, para no ofrecer la más exigua crítica sobre aquello que, en teoría, quería enjuiciar. La máscara de la ironía posmoderna aquí se antoja cobardía, complacencia y satisfactorio divertimento (tanto para ellos como para ese público sin la más mínima preocupación por indagar en el trasfondo del asunto). Sigue leyendo