La Strada

Mario Gas dirige esta propuesta excesivamente cándida y melancólica sobre la famosa película de Federico Fellini

Foto de Sergio Parra

A primera vista parece que esta versión de La Strada se ha querido quedar con lo esencial, con estas almas en el conflicto de la supervivencia y de la ignorancia; pero en aquella película de Fellini el contexto de la posguerra en Italia era, si cabe, más esencial todavía. Por lo tanto, ¿quiénes son estos individuos que pueblan este oscuro escenario? El preludio es una presentación desencantada de un ambiente y unos personajes ahítos de melancolía, con su nariz de payaso y la mirada triste; inmersos en la escenografía de Juan Sanz, tan sencilla como notable, tan versátil como efectiva, con esa verticalidad tripartita con cartelones y pantallas donde se proyectan sugerentes imágenes diseñadas por Álvaro Luna. El carromato de Zampanó se aposta en una esquina con su cochambre, como el gran símbolo del nómada que debe desplazarse sin parar en busca de sustento. Así ha sido históricamente el mundo de los cómicos y de los artistas circenses. Orestes Gas firma la composición musical; pero los compases de trompeta que abren la función suenan inequívocamente al tema «Kalashnikov» de Goran Bregovic, que pertenece a la banda sonora de Underground, de Kusturica. Curiosamente en esta cinta y en La Strada, la caverna de Platón es un concepto que, sin duda, se desarrolla. Porque ahí está Gelsomina, una joven huérfana, tímida, inexperta, ingenua e inculta, que, cual Lazarillo, ha terminado con un comediante brusco y mal encarado. A pesar de las circunstancias, ella se iniciará en la vida adulta y en la complejidad del mundo exterior fuera del redil familiar, bajo las directrices de Zampanó. Sus aventuras mediadas por el frío, sus espectáculos de la miseria y las tensiones de una pareja imposible, se agotan enseguida; puesto que se echan en falta las bocas desdentadas del público rural y esos caminos embarrados que dificultan cualquier travesía. La aparición de El Loco y la inclusión de la pareja en un circo para realizar su sempiterno número de forzudo, no sirven más que para cerrar el cuentecillo y mostrarnos su moraleja: la fidelidad del siervo incapaz de conducirse solo, la felicidad de la nesciencia y la bondad de la inocencia como regreso al buen salvaje. De esta manera, más que alargarse un relato que no da más de sí, lo que en realidad ocurre es que se impone un ritmo plomizo en un lugar inhóspito, en la creación de relaciones agrietadas desde el inicio. Al menos las interpretaciones, como no podía ser de otra manera, resultan sobresalientes para este cometido. Alfonso Lara, quien viene de montar y protagonizar No me olvides, esboza su gesto de rabia contenida, de tipo amargado que se arrastra con voluntarismo por sobrevivir un día más; y da credibilidad con sus voces de desprecio y de amargura. Verónica Echegui sigue manteniendo esa capacidad para la candidez, para aprovechar su rostro dulce y aniñado, y disponer toda su ternura en pos de un conocimiento que va llegando poco a poco. Finalmente, Alberto Iglesias, a quien admiramos en El concierto de san Ovidio, que el propio Mario Gas dirigió la temporada anterior; aquí su papel es más reducido, aunque es un contrapunto interesante, porque habilita otras posibilidades, otras líneas de acción. La Strada posee momentos de hermosura, sobre todo cuando sobrevuela el silencio o se escucha el violín. Posee, además, una sencillez con la que podemos darnos por satisfechos. Si atrapamos el momento, esa visión esperanzadora entre la podredumbre; quizás saquemos algo en claro. No obstante, requeriría mayor sofisticación para arribar en un destino más fértil artísticamente.

La Strada

Autor: Federico Fellini

Versión: Gerard Vázquez

Dirección: Mario Gas

Reparto: Alfonso Lara, Verónica Echegui y Alberto Iglesias

Ayudante de dirección: Montse Tixé

Escenografía: Juan Sanz

Diseño de iluminación: Felipe Ramos

Compositor banda sonora: Orestes Gas

Diseño de audiovisuales: Álvaro Luna

Figurinista: Antonio Belart

Fotógrafo: Sergio Parra

Diseño y dirección de producción: Concha Busto

Ayudante de producción (MRR): Triana Cortés

Productores asociados: Roberto Álvarez, Luis Arranz y María José Miñano

Producido por: José Velasco

Distribución: Concha Busto

Teatro de La Abadía (Madrid)

Hasta el 30 de diciembre de 2018

Calificación: ♦♦♦

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