La Strada

Mario Gas dirige esta propuesta excesivamente cándida y melancólica sobre la famosa película de Federico Fellini

Foto de Sergio Parra

A primera vista parece que esta versión de La Strada se ha querido quedar con lo esencial, con estas almas en el conflicto de la supervivencia y de la ignorancia; pero en aquella película de Fellini el contexto de la posguerra en Italia era, si cabe, más esencial todavía. Por lo tanto, ¿quiénes son estos individuos que pueblan este oscuro escenario? El preludio es una presentación desencantada de un ambiente y unos personajes ahítos de melancolía, con su nariz de payaso y la mirada triste; inmersos en la escenografía de Juan Sanz, tan sencilla como notable, tan versátil como efectiva, con esa verticalidad tripartita con cartelones y pantallas donde se proyectan sugerentes imágenes diseñadas por Álvaro Luna. El carromato de Zampanó se aposta en una esquina con su cochambre, como el gran símbolo del nómada que debe desplazarse sin parar en busca de sustento. Sigue leyendo

El lugar donde rezan las putas

La última obra de Sanchis-Sinisterra pretende dar voz a aquellos que han permanecido silenciados en la historia

Foto de Javier Naval

No creo que sea conveniente recordar alguna de esas obras de carácter metateatral que en las últimas décadas han poblado los escenarios y de las que el propio autor es uno de sus exponentes. En ellas, ha sido frecuente encontrar a personajes que son actores y que pretenden construir una obra. El teatro en el teatro. Es ya un tópico. A él recurre Sanchis-Sinisterra; pero con un tono entre naíf y descreído que parece lanzarnos al costumbrismo inocente de épocas pasadas. Sigue leyendo

El fin de la violencia

Catorce piezas que se enhebran en un montaje apocalíptico sobre las posibilidades de la desobediencia

Foto de Juan Sanz

Se podría afirmar que la obra que nos presenta en la Cuarta Pared Sergio Martínez Vila es milenarista; aunque sus personajes no esperan la venida de Cristo, sino que se ven impelidos a la rebelión. Subtitulada: «Un manual escénico de desobediencia civil», se vertebra en catorce estaciones como un vía crucis sincrético. Digamos que el proyecto es ambicioso, quizás demasiado para los medios con los que ha contado. Tres actores que interpretan múltiples papeles en escenas muy diversas, tanto en contenido como en estilo. El conjunto, ya lo adelanto, es vigoroso, exigente y profundo; pero, como vamos a ver, resulta desigual para lo que promete. La pega inicial que le veo —como a casi todos los acérrimos seguidores de la narraturgia— es que la narración comienza abrumándonos y, después, continúa —en cuanto puede— más por el camino del sermón proselitista. Por lo tanto, el prólogo inicial no me parece en nada sugerente, sino excesivamente explicativo e innecesario, puesto que ya habrá tiempo de que nos enteremos de que el sol no ha salido en ningún lugar de la Tierra. Sigue leyendo