El diablo en la playa

El Teatro de La Abadía se abre a la nueva propuesta performativa de Matarile sobre el caos y otros supuestos temas adyacentes

El diablo en el playa - FotoLas propuestas perfiladamente performativas o, al menos, posdramáticas, se fagocitan a sí mismas en la redundancia del acontecimiento en sí. Se imitan, se copian, se repiten, tanto los gestos como los exabruptos, tanto las ironías como los cripticismos. Alimentadas de un mismo humus centrípeto de evidencias que no, de clarividencias. Propuestas jibarizadas por un mundo que se performatiza insaciable desde ese otro mundo, el virtual, que infecta nuestra realidad y nos convierte en esputos que claman por su centro de atención. Ante tal panorama, uno espera algo; para no ser deglutido por el nihil. Si El diablo en la playa es la primera parte de la Trilogía de la fragilidad, hemos de pensar, inicialmente pues, que no se tratará de la fortaleza. Sigue leyendo

Para acabar con Eddy Bellegueule

La Joven adapta la novela autobiográfica de Édouard Louis, un relato sobre homofobia en la depauperada población de Hallencourt

Para acabar con Eddy - FotoEsta historia trata, ante todo, de la pobreza. De cómo vive un homosexual en la podredumbre. Que va de la pobreza se entiende si uno no se deja arrastrar por las corrientes de «pensamiento» actuales. Luego, el lector, confirma en el epílogo que fuera del pueblo depauperado las cosas son de otra manera. ¿Acaso no hay homofobia en las clases medias? Por supuesto, pero en un grado muy menor. ¿O acaso la educación, el civismo, la instrucción en un ambiente de bienestar, no sirven para nada? Ya que esta obra forma parte de un proyecto educativo, así que su confianza en la transformación —muy ilusa, ya se lo digo yo— en la educación, es importante. Con algunos pueblos, con algunas ciudades de provincias, pasa igual que con los barrios opresivos que son como sectas; aunque luego, en muchos casos, ciertos partidos políticos tomen esa putrefacción moral como sello de pedigrí supuestamente anticlasista: «Ser de barrio X» (genuinidad a costa de distintos ostracismos). Teatralmente esto se quiso desarrollar en Juguetes rotos con los transexuales y de un modo más inconsecuente con Tom en la granja. Sigue leyendo

Fuenteovejuna. Historia del maltrato

Marianella Morena firma un montaje repleto de ironía desencantada para cuestionar nuestra sociedad de consumo

Fuenteovejuna. Historia del maltrato - FotoTampoco nos dejemos engañar otra vez más por el atractivo de los clásicos, no vaya a ser que esta obra de corte anticapitalista no sea capaz de desembarazarse de los clickbaits que tanto abundan en la prensa más putrefacta. La obra de Marianella Morena, quien dirigió Andrea pixelada hará un par de años, podría llamarse Historia del maltrato o algo de Fuenteovejuna (me inspiro en su compatriota Gabriel Calderón); o como quiera, por supuesto; pero llamarla Fuenteovejuna es retorcer al máximo el concepto de adaptación o, incluso, de inspiración. La cuestión es que, como viene ocurriendo con muchas otras obras de carácter posmoderno, solamente el lenguaje encuentra anclaje en la ironía, una ironía triste y desencantada, que se ríe de la maravilla en la que está encerrada. Sigue leyendo

Makers

Juan Loriente y Oscar Gómez Mata performatean La Abadía con un espectáculo que pretende descubrir lo que está oculto en la Realidad

Makers
Cie Alakran

Yo entiendo que si suelto aquí a Faemino y Cansado; pues me va a caer encima el aparataje-performativo-european-chachi para aleccionarme sobre el «dispositivo», la «autopoiesis», la «liminaridad» y, en definitiva, los «acontecimientos»; pero si tenemos que aunar metafísica y humor, pues me quedo con la pareja de cómicos. Me resulta extraño que a los responsables de este asunto no les viniera al caso, la situación que vivió Fernández Mallo, cuando vio que su obra borgiana sobre colección de Borges El hacedor, fue retirado de las librerías, porque a Madama Kodama le pareció que de Borges solo puede Borges hacer de Borges. Así que, El hacedor (de Borges), Remake, publicado en 2011, despareció de los anaqueles. Suerte que un ejemplar me fue regalado por mi amigo Enrique, al que aprovecho para dedicar esta crítica (es que Makers, sabrán ustedes, va de dedicatorias). Por lo que tengo entre manos un libro prohibido, que para los tiempos que corren es hasta emocionante (y creo que lucrativo). Sigue leyendo

Mio Cid

José Luis Gómez declama con mesura el célebre cantar en un montaje repleto de sencillez en el Teatro de La Abadía

Mio Cid - FotoEl Cid está de moda en los últimos tiempos, quizás para despojarlo de hálitos franquistas. O quizás no. Porque entre «imperiofilias» e «imperiofobias», la disputa de nuestro ser nacional sigue vigente. El caso es que, entre el Sidi, de Pérez Reverte, y la serie de Amazon, este espectáculo de José Luis Gómez parece que redunda en esa vuelta recurrente al gran mito castellano. Lo que a bote pronto me chirría es que se subtitule «juglaría para el siglo XXI»; puesto que yo creo que este montaje tiene muy poco de lo que implicaba aquel mester. Sigue leyendo

Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio

Eva Rufo y Esther Ortega nos transmiten las vivencias de Helen Keller y su maestra en un espectáculo inconcreto

Cada átomo de mi cuerpo es un vibroscopio - Foto de MaríaLaCarteleraDesde luego, a priori resultaba muy intrigante descubrir cómo se podía llevar a escena la vivencia de la famosa Helen Keller, aquella mujer que se quedó sorda y ciega después de pasar una tuberculosis (parece la hipótesis más razonable) a los diecinueve meses de haber nacido. La película El milagro de Ana Sullivan contribuyó en su momento a que su ejemplo se volviera más acuciante, especialmente para todos esos estudiantes de estudios relacionados con la pedagogía. Evidentemente, la estética, en su sentido más amplio (arte y sensaciones), parece el camino más apropiado para incidir en los lenguajes que nos puedan aproximar a esa entelequia que supone especular, no ya sobre el pensamiento y las percepciones de una persona corriente, tan manipulada por la vista, sino de alguien que requiere necesariamente acudir al tacto y al olfato para alimentar su imaginación. Sigue leyendo

Ronejo

Nuestra actual pandemia reconfigura la mirada que podemos aportar sobre esta comedia distópica de Rulo Pardo

Ronejo - FotoEl Teatro de La Abadía ha querido cerrar su peculiar temporada con algo «fresquito» para el verano (como se suele decir). Ronejo es una obra que ha ganado, sin querer, gracias a las circunstancias; pues fue creada en 2018, pero parece que el tiempo le ha dado la razón. Si usted es un conspiranoico, claro. Aunque parece que el futuro no irá muy desencaminado, ya que el hombre más rico del planeta (o el segundo, qué más da), Elon Musk, está con Neuralink preparando el abordaje. La cuestión es que esta propuesta no es más un entretenimiento, un cómic para frikis, sin más ambiciones que jugar cómicamente con un destino, el de la humanidad, que se aproxima distópico en nuestra imaginación y que, probablemente, sea tan luminoso en el aspecto exterior como oscuro en nuestro control. Los problemas, eso sí, con los que nos topamos son, al menos, dos. A saber, que el humor no sea desbordante, cuando uno lo esperaba ansiosamente. Sigue leyendo

Mi padre no era un famoso escritor ruso

Documental escénico de Bárbara Bañuelos sobre la salud mental en otra propuesta más de autoficción

Mi padre no era un famoso escritor - Foto de Andrés Pino Bueno
Foto de Andrés Pino

En su suma (o resta) y sigue que ha emprendido La Abadía esta temporada con espectáculos redundantemente autoficcionales y tramposos, llega ahora Mi padre no era famoso escritor ruso, después de que hayamos aguantado Un país sin descubrir de cuyos confines no regresa ningún viajero y Sucia. En esta ocasión, es Bárbara Bañuelos quien presenta su documental escénico para indagar en una historia familiar y, a continuación, vincularla con el tema de las enfermedades mentales. Uno, enseguida, duda si estamos asistiendo a una conferencia con aires teatrales o a una incursión baldía, esteticista y naíf; porque su conductora se muestra dubitativa, hasta el punto de tener que parar y disculparse cuando su propia narración se convierte en un trabalenguas que se le resiste (y no me refiero solamente al vocabulario posmoderno con el «cuerpo» tal y el «cuerpo» cual). Bañuelos no se planta como una actriz, sino como una periodista que debe dar la cara ante un público al que anhela relatar su investigación. La racanería de medios, con unas decenas de sillas, unas partidas de nacimiento, algunos pomos de puertas y la consabida pantalla gigante sobre la que se muestran títulos de capítulos, y definiciones de diccionario que apenas se desarrollan en el drama, es ya un tópico de esta deriva conceptualista. También, por supuesto, referencias a Foucault. Sigue leyendo

Othello

Marta Pazos y Fernando Epelde intervienen la obra de Shakespeare dándole mayor protagonismo a Desdémona

Othello - Foto de Estela Melero
Foto de Estela Melero

Enmendarle la plana a William Shakespeare; pero envolviéndose a su vez con su prestigioso marchamo autoral. Quizás lo pertinente sería repudiar y abandonar esta obra, pues en ella, de forma horrorosa, se asesina a una mujer. Uno ya se harta de que el mismo discurso, como un engrudo de seudofilosofía feminista, sin desarrollo, sin cuestionamiento de la realidad, anclado en repeticiones de términos vacíos y falaces, ya convertidos en tópicos que repite todo el mundo como un mantra, valga para justificar cualquier intervención teatral. Lo llevamos viendo demasiado tiempo sobre los escenarios y claramente falta atajar los conflictos con más enjundia y con una disposición poética que se haga cargo de la complejidad humana. No se puede seguir utilizando al famoso patriarcado como gran chivo expiatorio de cualquier desgracia femenina (y, en cierta medida, masculina). El patriarcado ha terminado. No existen instituciones esenciales en nuestro país que sustenten una cosmovisión que antes sí era refrendada por las familias, por la Iglesia y por el Estado. Sigue leyendo