El pato salvaje

Una adaptación del texto de Ibsen que se sobreexplica y se suaviza para embarcarnos en un espectáculo más melancólico que trágico

El pato salvaje - Foto de Luz Soria
Foto de Luz Soria

Modernizar un clásico próximo en el tiempo conlleva el riesgo inequívoco de no poder innovar demasiado; porque, de alguna manera, algunos modos siguen vigentes y las posibles sustituciones resultan ineficaces. En el drama que nos compete, me atrevería a aseverar que Pablo Rosal ha caído no ya en los vicios de la posmodernidad, sino en la depresión que parece atenazarnos en la actualidad. Todas las expresiones de fortaleza que Ibsen impone —ante todo clasistas—, y todos esos sentimientos de melancolía y hasta vesania en los perdedores, quedan suavizamos por pasiones algo mediocres. El noruego, al igual que Chéjov, trabajaba con un tamiz elidido que iba puliendo las asperezas hasta que brotaba la esencia y se producía la catarsis. No sabemos qué ocurre, primeramente, porque las cartas ya se han repartido y no entendemos del todo el juego que está en liza. Sigue leyendo

Eclipse total

Pont Flotant plantean un curioso acercamiento a la muerte a través de sus genealogías personales en una propuesta demasiado superficial

Eclipse total - FotoSi el principio de la filosofía tiene que ver con maravillarse con todo aquello que tienes delante y que te resulta incomprensible los que viene después es una hecatombe epistemológica. Nos sentamos en la butaca y podemos hallarnos como los niños o los preadolescentes conversando entre ellos o con adultos y sorprendiéndose con su propia existencia, o con el tamaño de nuestro planeta o con el insondable universo. La extrañeza que uno puede sentir es desconcertante en grado supino; pero, luego, está la vida con su flujo temporal (y su memoria rehaciéndose y rehaciéndote) y el espacio que hay que ocupar con todos sus principios físicos inasibles. Si la obra Eclipse total se les muestra a muchachos avispados, puede que dijeran: «¡Vaya, venimos de muy lejos!». O, «al final todo se irá a la mierda». Aunque si los espectadores están creciditos, confío en que ya se habrán hecho cargo de la compleja idea de estar vivo en los avatares de este catastrófico azar. No obstante, hay que vivir. Sigue leyendo

La enciclopedia del dolor. Tomo I: Esto que no salga de aquí

Pablo Fidalgo, en la propuesta que nos descubre en el Teatro de La Abadía, no profundiza suficiente acerca de los malos tratos acontecidos en un colegio marista de Vigo

Esto que no salga de aquíTiene Pablo Fidalgo una forma de entender el teatro que resulta de un compromiso ético (véase Habrás de ir a la guerra que empieza hoy). Es cierto que indaga sobre su propia biografía y que nos la va entregando con métodos propios de la autoficción, del teatro documental y, sobre todo, a partir de un teatro escueto, mínimo, esencialista que, como ha ocurrido en esta ocasión, ha terminado por caer en la simpleza. Uno puede comprender que no se quiera abrir en canal de manera impúdica sobre sus experiencias traumáticas; pero cuesta pensar que se pueda emprender una «enciclopedia del dolor» desde unos planteamientos tan timoratos y prudentes. Huir así de lo escabroso, del morbo, nos obliga a rellenar el trasfondo con todo lo que nos han aportado otras obras artísticas y, también, el periodismo. Fue precisamente un artículo de El País del 31 de mayo de 2021, el que devolvió a nuestro dramaturgo a su pesar e, incluso, a la hospitalización cuando estaba inmerso en la preparación de El libro de Sicilia, que presentó en octubre en el Teatro María Guerrero. Sigue leyendo

Retablillo de don Cristóbal

Nao d´amores recurre a los títeres de cachiporra lorquianos para elaborar una pieza de factura impecable en el Teatro de La Abadía

Retablillo de don Cristóbal - Foto de Ángela Bonadíes
Foto de Ángela Bonadíes

¿Es don Cristóbal popular? No, ya no es reconocido por el pueblo. Ya no le dice nada. Es más, si resurgiera debiera consumirse astillado en la pira de las nuevas inquisiciones. Es un contraejemplo y ahora solo queremos emulaciones prístinas de lo angelical. Pero, ¿es popular —teatro popular— el espectáculo de Nao d´amores? Los títeres siguen entre nosotros, en Segovia o en El Retiro, o donde sea. La chavalería tiene oportunidad todavía de aproximarse a este arte tan directo y cercano; aunque, lógicamente, muy adaptado al gusto y a la moral de nuestro tiempo. Lo que, quizás, insisto con lo de arriba, sea una gran traición del espíritu primigenio. Sigue leyendo

Pundonor

Andrea Garrote elabora un espectáculo de alto contenido crítico y satírico a través de una profesora que sufre las consecuencias de sus propias enseñanzas sobre la filosofía de Foucault

Pundonor - Foto de Sandra Cartasso
Foto de Sandra Cartasso

Obviemos el eslogan: «mejor espectáculo unipersonal de la década»; porque es poner el listón demasiado alto. Y no digo que, si nos detenemos a escuchar, a rememorar, a leer y a desentrañar no concluyamos que Pundonor es una propuesta intelectualmente solvente; aunque el efecto autofagocitante se disuelva en cierta medida con una historia algo corriente. Es decir, que la recursividad y la metafilosofía (expresada en la propia actuación) funcionan paradójicamente. La profesora Claudia Pérez Espinoza se convierte en el epítome de su propia alocución. Su locura le da la razón a Foucault; aunque, graciosamente, podamos afirmar que ha sido el lenguaje foucaultiano el que ha provocado toda una paranoia en nuestra protagonista. Haciendo un juego de palabras, diríamos que Claudia ha perdido a Spinoza al caer en las garras de un proyecto filosófico que pretende cuestionar cualquier discurso asentado en la historia y en el racionalismo, y no ofrecer una respuesta firme a esa crítica. Sigue leyendo

23-F. Anatomía de un instante

Una función esquelética en el Teatro de La Abadía sobre el golpe de estado fallido, que firman Javier Cercas y Àlex Rigola

23-F. Anatomía de un instante - FotoSi Àlex Rigola abraza desde hace tiempo la autoficción (véase Un país sin descubrir de cuyos confines no regresa ningún viajero), el estilo sobrio que rompe la cuarta pared para sumar al público (véase Vania) y hasta la política (véase, Un enemigo del pueblo), encontrarse con Javier Cercas, un deambulador de los márgenes (no)ficcionales de la literatura, entonces su encuentro es aplastantemente lógico. Pero también debo reconocer que el dramaturgo catalán ha encadenado una serie de propuestas, desde mi punto de vista, fallidas. Y 23-F. Anatomía de un instante es una más, en lo que debemos tomar ya por una defenestración del prestigio. ¿Cuánto margen más le debemos otorgar? Y la cuestión no radica tanto en la premeditada racanería de medios; puesto que hay una verdadera intención en cuanto a despojar la escena de elementos distorsionadores para la claridad. El problema viene de la explicación. Explicar en el arte, y más en la literatura, es antiartístico, es tomar al espectador por imbécil, es llevarlo a tu terreno sin remisión, es cancelar la posibilidad de las interpretaciones, de las perspectivas, de la dialéctica. Es lo que hemos visto igualmente en La gaviota. ¿Qué va a ser lo próximo? ¿Usar directamente un PowerPoint o hacer pasar una conferencia TED por teatro moderno, y hasta vanguardista? Por supuesto que estoy exagerando, ya que también incluye la ironía; aunque no es una ironía tan punzante como debiera, sino que es meramente lúdica e intrascendente.

El valor de Anatomía de un instante, el libro de Javier Cercas, es el despliegue de las posibilidades, la explosión rizomática de los entresijos entremezclado en una amalgama de intrusiones, pasiones, ambiciones, decadencias, problemas y demás contorsiones políticas (y morales, y sociales, y económicas) que aspiran a cercar el panorama, para cercenar algunas absurdas vías conspiranoicas. En este sentido, el lector tiene que hacer un gran trabajo para sostener algunas conclusiones aceptables. Por otra parte, sus protagonistas (Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo) llevan en sí una novela fascinante al completo. Tomarlos en sus interrelaciones y en sus paralelos a lo largo de la historia supone entender mucho de la idiosincrasia de nuestro país. Ya saben que ‘España’ es y será nuestro tema predilecto. En fin, que reducir todo esto —léanse el libro si no lo han hecho— a sesenta minutos (ya sé que el espectáculo dura setenta) es de un atrevimiento considerable —al fin y al cabo, así están hechos la mayoría de los documentales que tanto éxito tienen últimamente. ¿Aportan algo?—. El montaje es un resumencillo, una leccioncita, es un picoteo, que deja la posible (o posibles) verdad muy lejos. Y Cercas, que también firma esta reductio, también es responsable.

La atmósfera creada ni siquiera es un despliegue cóimico perspicaz, y la explicación se resuelve con cuatro (cuatro) gestos payasos de estos unicornios que han venido a celebrar el cuadragésimo primer aniversario del golpe. La ilustración de los hechos se refleja en la gran pantalla: fotos que hemos visto mil veces, alguna gracieta sobre los militares y algún detalle sobre la operación. El encuentro secreto entre Carrillo y Suárez cuando se negoció la legalización del Partido Comunista se zanja en un pispás (podemos recordar aquí la función que realizaron sobre ese acontecimiento tan trascendental Eduardo Velasco y José Manuel Seda). Apenas Roser Vilasojana, vestida de traje, encarnándose distanciadamente del Presidente en funciones, parece mostrar cierto encanto, cuando se va desplazando a través de las imágenes en ese rocódromo oculto, que es casi la única metáfora aceptable de toda la pieza. Procede como un investigador sintetizando los hechos con los detalles más elocuentes de la operación; pero los otros protagonistas, los golpistas y sus adláteres, y sus auspiciadores son girones insuficientes. Por aquí no se pasea ningún elefante blanco y el CESID, infectado, tampoco da señales de vida. Los atentados de ETA y de otros grupos en 1980 (hasta 132 víctimas mortales, según demuestra Gaizka Fernández Soldevilla en su extraordinario libro El terrorismo en España), son casi una nota a pie de página más; no así la matanza de Atocha (los comunistas no cayeron en la trampa de la reacción violenta, se dice) que la temporada pasada se recordó a través de la obra Atocha: El revés de la luz. Además, se remarca el asesinato del etarra Joseba Arregi debido a las torturas recibidas después de haber sido interrogado por 73 policías («73 policías», se repite) en febrero del 81. Ustedes dirán si les convence como para elucubrar.

El resto del elenco cuenta con su justa profesionalidad en un tono corriente, sin mucha ambición. Miranda Gas nos narra, Pep Cruz se taciturna como si la batallita quedara ya muy lejos y pareciera aburrida; y Eudald Font resuelve con lo suyo. En escena podría haber cuatro o solamente uno. Max Glaenzel nos planta el pantallón de marras y unas cuantas mesas para aposentar la comilona de cumpleaños infantil, con sus fantas y sus jumpers. Porque resulta que el show se queda tan corto, que merece la pena alargarlo respondiendo inocuamente a la consabida pregunta: ¿Dónde estabas aquel día? Con reparto tan joven, no queda más remedio que recurrir a los padres, mientras que Cruz relata lo suyo. Poquita cosa, un despiste nada inocente, puesto que se van proyectando preguntas torticeras y cobardes sobre la monarquía, sobre si el Rey actual debería continuar, etcétera. Al muñeco Juan Carlos lo han tenido sentado frente a los gusanitos toda la función. Ni siquiera se atreven a coger el toro por los cuernos. Lanzan la piedra y esconden la mano. Al final, la lección de anatomía se queda en los huesos. ¡Con la de tinta que se ha vertido sobre el tema!

23-F. Anatomía de un instante

Texto: Javier Cercas y Àlex Rigola

Dramaturgia y dirección: Àlex Rigola

Reparto: Pep Cruz, Eudald Font, Miranda Gas y Roser Vilasojana

Ayudante de dirección: Alba Pujol

Espacio escénico: Max Glaenzel

Diseño de sonido: Igor Pinto

Diseño de iluminación: August Viladomat

Diseño de vídeo: Amanda Baqué

Construcción del muñeco: Raquel Bonillo

Jefe técnico: Igor Pinto

Producción ejecutiva: Irene Vicente Salas

Una producción de Heartbreak Hotel |Titus Andrònic | Teatre Lliure

Teatro de La Abadía (Madrid)

Hasta el 20 de marzo de 2022

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Casa

Lucía Miranda continúa su experimentación con el teatro documental verbatim para abordar caleidoscópicamente nuestra relación actual con el acceso a la vivienda

Casa - Foto de Javi Burgos
Foto de Javi Burgos

Ya que en los últimos años hemos asistido a varios proyectos basados en el teatro documental verbatim, podríamos distinguir un procedimiento más estricto y otro más entreverado por la dramaturgia. Al primero correspondería Port Arthur, obra que recrea milimétricamente el interrogatorio de un asesino; mientras que al segundo se ajustaría Lucía Miranda con Fiesta, fiesta, fiesta, donde trataba los conflictos de la chavalería en los institutos, y la propuesta que ahora nos compete. La dramaturga se impone toda la parafernalia investigadora, muy propia del periodismo, para recabar testimonios que trasladará tal cual a la escena. Esto es un truco, evidentemente, como bien sabe cualquier periodista, publicista o marrullero profesional. Sigue leyendo

Nise, la tragedia de Inés de Castro

El Teatro de La Abadía acoge de nuevo la espléndida propuesta de Nao d’amores apoyándose en dos obras de Jerónimo Bermúdez

Nise - Foto de Álvaro Serrano Sierra
Foto de Álvaro Serrano Sierra

Vivimos en un mundo tan ansioso de modernidad, que asistir a un montaje tan apegado a unas formas antiguas y hasta viejas, supone, paradójicamente, un clamor vanguardista desde el pasado. La Nise de Nao d’amores es un ejemplo de obra maestra en nuestra contemporaneidad. Es un acontecimiento teatral aquilatado por la perfección técnica en todos los órdenes, a través de una mirada al renacimiento más medievalizado con mimbres metafóricos y gustosos que podemos aprehender con facilidad. El lógico éxito lo devuelve a La Abadía otra temporada más; el espacio para el que fue concebido la propuesta. El ábside envuelve el cuadro viviente, el retablo se configura ante nuestros ojos como ocurre en la historiada tumba de Pedro I e Inés de Castro en el Monasterio de Santa Maria de Alcobaça (Portugal). Los haces de luz cenitales que ha dispuesto Miguel Ángel Camacho producen la sensación de que el sol, con todo su simbolismo, ha penetrado por algún vano. Y luego, el botafumeiro, que aparece de improviso, incide en esa atmósfera turificada. Es decir, toda la visión escenográfica de Ricardo Vergne se nos despliega artesanalmente con materiales como la madera o los azulejos con motivos florales tan típicos de nuestros vecinos que valen decorar la alberca. Todo propende al detalle, al acoplamiento idóneo para que Ana Zamora vaya colocando las piezas en una sucesión de capiteles magníficos. Ciertamente, tendremos que aguzar el oído para que no se nos escape ese castellano del siglo XVI, si es que debemos asumir que se pronunciaba así, como ya ocurrió con la Numancia cervantina que presentaron hace unos meses. Esa puede ser la máxima dificultad en cuanto a la recepción de este espectáculo; pero el argumento es sencillo; aunque su trasfondo sea complejo. Ya se nos dio cuenta de esta leyenda con aquella función de Reinar después de morir, de Vélez de Guevara, que se presentó hace un par de años en el Teatro de la Comedia. La dramaturga ha tomado las dos obras de Jerónimo Bermúdez (1530 – 1599) —Nise lastimosa y Nise laureada— para trazar una historia que comienza in medias res, pues el futuro rey está a punto de enamorarse de Inés, una joven dama de origen noble. Los tintes neoplatónicos se perciben claramente en esa contemplación petrarquista del amor, tan ilusionante como enfermizo, donde la dama convierte a su amado en casi un esclavo de su pasión. Una fuerza, a la postre, totalmente necesaria para apoyar su determinación. Con ella se casará en secreto para escándalo de su padre y de sus consejeros. El meollo del asunto político, y uno de los puntos más significativos de estas obras, es que, al contrario de lo que ocurría en la literatura de todo género, el monarca ya no representa la justicia, sino la impiedad. Por lo tanto, estamos ante una clara denuncia de un comportamiento contrario a los valores del cristianismo. La cuestión es que las intrigas palaciegas planteaban que Inés de Castro era una hija bastarda; aunque, en realidad, se trataba más de luchas entre distintas casas de nobles. Que el rey don Alonso consintiera el asesinato de Inés implicó que después su hijo, henchido de furia, desenterrase a su mujer, para entronizarla de cuerpo presente y después acabar con sus verdugos. Una tragedia que se dirime estéticamente por un maniqueísmo muy tajante, que se representa a través de un originalísmo vestuario de Deborah Macías, compuesto por gruesos abrigos de lana, lo que da también referencia de lo importante que era este tejido en Castilla, y más en Segovia, de donde es originaria esta compañía. Los tonos parduzcos compiten con los blancos en un enfrentamiento mezquino. La música —otro de los puntos fuertes de este grupo— circunda todo el devenir a través de la vihuela, el órgano o el clavicordio. Isabel Zamora y Alba Fresco son las encargadas de tocar las diferentes piezas que ha seleccionado Alicia Lázaro, consiguiendo momentos de gran esplendor, como en las Lamentaciones de Jeremías, de Cristóbal de Morales. A ellas se suma el contratenor José Hernández Pastor para imponer su voz junto a los coros de los distintos cancioneros. La hermosura es absoluta cuando Natalia Huarte, candorosa y desgarradora, frente a la pileta, demuestra su amor con las expresiones propias de las cantigas, donde el agua posee esa significancia tanto purificadora como erótica. Su pretendiente es interpretado por Eduardo Mayo con gran consistencia y con vigor in cresciendo. José Luis Alcobendas, como monarca, se quiebra en la duda con verdadero sostenimiento. Mientras que Alejandro Saá, en el papel de merino mayor, vuelve a demostrar sus aptitudes para la entonación versal y para entregarse a fondo en la defensa de sus espurias intenciones. No le va a la zaga Marcos Toro, otro de los consejeros, para actuar de manera sibilina. El equilibrio entre la duración (certeramente breve) y los distintos impactos argumentales terminan por aunar cada uno de los elementos que entran en juego, para ofrecernos un montaje sencillamente espléndido.

Nise, la tragedia de Inés de Castro

Autor: Jerónimo Bermúdez

Dramaturgia y dirección: Ana Zamora

Reparto: José Luis Alcobendas, Alba Fresno, José Hernández Pastor, Natalia Huarte, Eduardo Mayo, Alejandro Saá, Marcos Toro e Isabel Zamora

Dirección musical: Alicia Lázaro

Asesor de verso: Vicente Fuentes / Fuentes de la Voz

Vestuario: Deborah Macías (AAPEE)

Escenografía: Ricardo Vergne

Iluminación: Miguel Ángel Camacho

Coreografía: Javier García Ávila

Asesor de máscaras: Fabio Mangolini

Ayudante de dirección: Verónica Morejón

Ayudante de escenografía y vestuario: Irma Martínez

Realización de vestuario: Ángeles Marín / Maribel Rodríguez

Realización tejidos artesanales: La Real Lana

Realización de escenografía: Purple Servicios Creativos

Realización de utilería: Ricardo Vergne / Miguel Ángel Infante

Dirección técnica: Fernando Herranz

Prensa: Josi Cortés

Producción ejecutiva: Germán H. Solís

Distribución: Nao d´amores

Una producción de Nao d’amores y Comunidad de Madrid en colaboración con Teatro de La Abadía

Con la colaboración de Ayuntamiento de Segovia y Junta de Castilla y León

Teatro de La Abadía (Madrid)

Hasta el 13 de febrero de 2022

Calificación: ♦♦♦♦♦

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El diablo en la playa

El Teatro de La Abadía se abre a la nueva propuesta performativa de Matarile sobre el caos y otros supuestos temas adyacentes

El diablo en el playa - FotoLas propuestas perfiladamente performativas o, al menos, posdramáticas, se fagocitan a sí mismas en la redundancia del acontecimiento en sí. Se imitan, se copian, se repiten, tanto los gestos como los exabruptos, tanto las ironías como los cripticismos. Alimentadas de un mismo humus centrípeto de evidencias que no, de clarividencias. Propuestas jibarizadas por un mundo que se performatiza insaciable desde ese otro mundo, el virtual, que infecta nuestra realidad y nos convierte en esputos que claman por su centro de atención. Ante tal panorama, uno espera algo; para no ser deglutido por el nihil. Si El diablo en la playa es la primera parte de la Trilogía de la fragilidad, hemos de pensar, inicialmente pues, que no se tratará de la fortaleza. Sigue leyendo