Pedro Páramo

Pablo Derqui y Vicky Peña se enmascaran virtuosamente en los múltiples personajes de la magna obra de Rulfo bajo una dirección meticulosa de Mario Gas

Foto de David Ruano

Un atrevimiento formal es a priori llevar a escena una de las novelas más importantes del siglo XX. Juan Rulfo sufrió para sacar adelante su perspectiva, su estructura y ese conglomerado tan dificultoso que propiciaba un territorio alegórico-dantesco. También sufrió en su vida desde bien pequeño, ya que su padre fue asesinado cuando tan solo tenía seis años. Lo que ha conseguido Mario Gas con la dramaturgia de Pau Miró es, sencillamente, excepcional. El resultado consigue sumergirnos en ese realismo mágico que el escritor mejicano puso en marcha de manera genial. Ni es fácil una primera lectura, ni es factible recoger todos los cabos que se intercalan en escena. No llegan a plasmarse los sesenta y nueve fragmentos; pero se recorre gran parte de la obra y aparecen muchos de sus personajes. Es necesario hacerse cargo de que tan solo dos intérpretes adoptan los más variados papeles y que, además, logran trasladar los puntos de vista, los narradores, las voces, los monólogos y otras técnicas que el novelista ideó (muy influido ciertamente por William Faulkner). «Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo». Con esa frase inicial e iniciática comienza un camino, una búsqueda del origen, una respuesta a múltiples interrogantes que ignoramos. Como Telémaco a la busca de Ulises o Edipo en el desvelamiento de su auténtico ser. Nos adentramos en una demarcación tan hostil que simplemente pensamos en un infierno cargado de violencia y de rencor. Sigue leyendo

En casa

Mario Gas retoma el proyecto de Homebody/Kabul reduciéndolo a la primera parte que vuelve a interpretar Vicky Peña

Foto de Elisenda Canals

Esta propuesta es lo que se exhibe, es decir, el monólogo de una mujer madura en su hogar de Londres. O sea, no podemos contextualizar y recontextualizar sobre el hecho de que en 2007 Mario Gas presentara la obra completa, la que configuró Tony Kushner con esos vasos comunicantes entre oriente y occidente ―es verdad que inicialmente fue pensada para una sola protagonista―. De aquella Homebody/Kabul solo queda ahora la primera parte y nosotros debemos juzgar el montaje que se enseña en la Sala Verde de los Teatros del Canal. Ella nos habla desde 1998; pero nosotros nos situamos en un presente en el que Afganistán sigue bajo el bombardeo estadounidense (justo esta semana hemos tenido noticia de cómo sigue la guerra allá). En este sentido sí que le podemos dar otra perspectiva a lo escuchado; pues han ocurrido muchas cosas desde entonces. Uno intenta adivinar rápidamente cuál es el verdadero tono de la función; porque el relato pausado que viene trufado por todo el anecdotario de su anodina cotidianidad resulta poco atractivo. Ella tiene chispazos de alegría y de buen humor, nos interpela de vez en cuando como si anhelara nuestra aquiescencia; pero afirma haberse tomado las pastillas de su marido para la depresión en lugar de las suyas. Así que debemos aceptar que estamos ante una máscara, ante un fingimiento, ante una huida hacia adelante. Una señora deprimida con una guía de Kabul. Un repaso histórico para recordarnos que por allí estuvo, entre otros, Alejandro Magno. Sigue leyendo

La hija del aire

La famosa tragedia de Calderón con la perspectiva de Mario Gas; entre la frialdad del elenco y la garra de Marta Poveda

Foto de Lau Ortega

De manera inconfundible es esta una de las comedias más célebres de Calderón. Vive en paralelo de su obra maestra, La vida es sueño; pues igual que ocurre con aquella, también el protagonista mora encerrado por los nefastos augurios que pesan sobre él. Semíramis posee una historia que se pierde en las leyendas de hace siglos y que nos la sitúan como la Sammuramat asiria. Sus reminiscencias se reparten por el Mediterráneo y el propio dramaturgo madrileño la emplea para crear una tragedia sobre la ambición de poder. Desde luego, lo interesante es descubrir si la versión de Benjamín Prado y la dirección de Mario Gas suman lo suficiente como para justificar el montaje más allá del valor que tiene como clásico. En cuanto al primero, nos ha entregado un texto que suena suavizado en los hipérbatos propios de la escritura barroca, y eso hace que el verso se nos muestre más claro al oído; aunque eso le quite cierta sentenciosidad. Por otra parte, al retirar a Chato (y a los músicos), ese bufón rústico que acompaña siempre a la futura reina, nos censura la réplica sarcástica. La sensación general es de frialdad en diferentes tramos de la extensa función. Esta percepción viene determinada por unos actores que han sido dirigidos hacia el estatismo. En muchos momentos parece que, una vez toman posición, su expresión no es acompañada por el cuerpo. Sigue leyendo

Calígula

Pablo Derqui brilla sobremanera con su interpretación del emperador en esta propuesta dirigida por Mario Gas

No vale con afirmar que este personaje creado por Albert Camus es un regalo para que el actor de turno se desgarre interpretativamente en escena. Lo que hace Pablo Derqui es soberbio. Desde luego nos hace pensar ipso facto en su papel en Roberto Zucco. Su Calígula incide en el tormento, en esa mezcla de hedonismo desenfrenado, lujuria y, a la vez, en melancolía irrefrenable sumada a la inconsistencia de su carácter voluble. Completar tan certeramente estas aristas no está al alcance de cualquiera.

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La Strada

Mario Gas dirige esta propuesta excesivamente cándida y melancólica sobre la famosa película de Federico Fellini

Foto de Sergio Parra

A primera vista parece que esta versión de La Strada se ha querido quedar con lo esencial, con estas almas en el conflicto de la supervivencia y de la ignorancia; pero en aquella película de Fellini el contexto de la posguerra en Italia era, si cabe, más esencial todavía. Por lo tanto, ¿quiénes son estos individuos que pueblan este oscuro escenario? El preludio es una presentación desencantada de un ambiente y unos personajes ahítos de melancolía, con su nariz de payaso y la mirada triste; inmersos en la escenografía de Juan Sanz, tan sencilla como notable, tan versátil como efectiva, con esa verticalidad tripartita con cartelones y pantallas donde se proyectan sugerentes imágenes diseñadas por Álvaro Luna. El carromato de Zampanó se aposta en una esquina con su cochambre, como el gran símbolo del nómada que debe desplazarse sin parar en busca de sustento. Sigue leyendo

El concierto de san Ovidio

Mario Gas dirige esta fábula dieciochesca de Buero Vallejo sobre el maltrato insolente a un grupo de ciegos

Foto de marcosGpunto

De vez en cuando es conveniente desempolvar a nuestros clásicos contemporáneos para descubrir si el tiempo los acartona o si permanecen fértiles para aleccionarnos sobre los vicios universales. Si Buero Vallejo quiso zarandear (desde su «posibilismo») al pueblo español en 1962 tomando la prudente distancia de quien nos remite a un acontecimiento ocurrido en París durante 1771; de qué forma debemos observar esta fábula para que nos competa de una manera similar. En este sentido, nuestro mundo actual ha cambiado tanto desde aquellas, que las mofas pueden ser tan brutales como desproporcionadas sus reprimendas. En el presente los extremos se tocan y por ello es necesario superar el plano simbólico de esta función para encontrar asideros fundamentales sobre la bondad, la solidaridad y la búsqueda del conocimiento como camino a la libertad, es decir, la ilustración. Sigue leyendo

Incendios

Mario Gas presenta este clásico contemporáneo sobre el horror de la guerra y la verdad familiar

incendios-fotoIncendies (Incendios) ha logrado en poco tiempo convertirse en una de esas obras con destino al canon, cuando es precisamente una reelaboración sui géneris del Edipo. La estructura y la disposición de los elementos dispares que muestra el texto nos hacen pensar más en una novela o en una película que en una tragedia. La multiplicidad de escenas, el obligado solapamiento de situaciones, las dos principales tramas imbricándose con saltos en el tiempo, requieren un montaje escénico tan ágil como el que nos enseña Mario Gas en el Teatro de La Abadía. A pesar de la parrafada inicial un tanto caótica de Ramón Barea, en la piel del notario Hermile Lebel, pone sobre la mesa algunas claves. El actor, ajustándose equilibradamente a su personaje, por un lado timorato y por otro pundonoroso, se esmera en aproximarnos hacia una cotidianidad que, en realidad, esconde una catástrofe vital. Dos hermanos gemelos aguardan a la entrada del despacho para conocer las últimas voluntades de su madre, una mujer libanesa que llevaba tiempo en absoluto silencio esperando la muerte. Descubrir la biografía de esta mujer es lo que metafóricamente produce esos «incendios» en aquellos afectados por lo ocurrido y, sobre todo, el encargo inaudito: buscar a su hermano (que desconocían tener) y a su padre (del que no sabían nada). Sigue leyendo

Sócrates

El veterano actor José María Pou encarna al insigne filósofo griego en el último episodio de su vida

Foto de Jero Morales
Foto de Jero Morales

El personaje creado, principalmente, por Platón llamado Sócrates, basado en su maestro, ha ofrecido para la historia una vida ejemplar por acometer su sentencia de muerte con tanta entereza. Poco sabemos del hombre real. Que sepamos, no escribió ninguna obra, pero su doctrina basada en la búsqueda de la verdad y del bien ha logrado superar el tiempo. Paradójicamente, el filósofo, que tras el dictamen del oráculo, fue considerado como el más sabio de los hombres, pero que afirmaba tajantemente saber que no sabía nada (aunque lo dijera con otras palabras, según parece), se encarna teatralmente frente a una sociedad satisfecha y orgullosa de su ignorancia, en el culmen de su autoestima, capaz de opinar sobre cualquier tema con una suficiencia pasmosa. Sigue leyendo

Escena: Fin de temporada 2014-2015

Repaso a las mejores obras teatrales que hemos podido disfrutar en las salas madrileñas

Escena de InvernaderoLa burbuja teatral en Madrid no para de hincharse, uno ya es incapaz de contar cuántas salas se abren y en cuántos lugares se monta una obra buscando llamar la atención de un público que ya no sabe dónde acudir, y que no se puede repartir más. Si no se adopta una estrategia efectiva (debe pasar por la pedagogía, por construir nuevos espectadores) el pastel no va a dar para tanto. Pierden los actores en sus derechos laborales y pierde el teatro en esa complacencia por agradar y buscar el éxito a cualquier precio. El filtro se ensancha y muchos textos se representan de cualquier manera. Otro tema que las pequeñas salas no deberían dejar pasar por alto es la comunicación. Sigue leyendo