Moby Dick

José María Pou se mete en la piel del capitán Ahab para destilar esta aventura de destrucción vesánica

Hace un par de años el escritor Kiko Amat planteaba en un artículo que Moby Dick era un «tostón» y se explayaba en su crítica como si estuviera señalándole a los lectores de tan magna obra que el rey estaba desnudo. A tenor de lo expresado allí ―y dándole gran parte de la razón―, uno se pregunta si esta adaptación de la novela a cargo de Juan Cavestany (literalmente se «ha basado» en ella) resulta de quedarse con una mera anécdota (algo parecido puede afirmarse de la célebre versión cinematográfica de John Huston). Es decir, para ser mínimamente fiel a lo manifestado por Herman Melville; quizás la apuesta debería ser más coherente ―aunque seguramente insoportable―. Algo así como un montaje de diez horas con un prólogo de Ismael ahíto de descripciones sobre Nantucket, el pueblo de los balleneros en Massachusetts, una voz en off que fuera exponiendo las diversas cuestiones enciclopédicas sobre los cachalotes, sobre el valioso aceite, el esperma y el ámbar gris (ya que está de moda la narraturgia, pues por narrar que no quede). Al final saldría el capitán Ahab y expondría su furibundia. La pregunta, entonces, es: ¿es esto Moby Dick si desaparecen los cientos de digresiones inaguantables que trufan insistentemente todo el libro? Sigue leyendo

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Fedra

El Teatro de La Latina acoge la propuesta Paco Bezerra, quien revisita el clásico para dotarlo de mayor humanidad

Foto de Jero Morales

Resulta satisfactoria, en términos generales, esta aproximación al mito de esa mujer enamorada hasta las entrañas. La nieta del Sol fulge en su angustia hasta llegar a la enfermedad y Lolita Flores no puede ni sujetarse la melena en los padecimientos de su enfermedad. Su expresión con las manos, la hondura que manifiesta en las frases más sinceras, el amor que expele junto al cuerpo de su amado hijastro, Hipólito. El hijo de Teseo y de la amazona Antíope (también llamada, en ocasiones, Hipólita) es un Críspulo Cabezas que parece más interesado en la sensualidad bucólica que le ofrece la naturaleza que en aceptar las insinuaciones de su madrastra. Paco Bezerra, inspirado por Eurípides y por Séneca, reinventa esta conocida historia para convertirla en un relato más cercano a la novela de aventuras, despojado de los dioses clásicos que infunden su poder; está como extraída de Las mil y una noches o, si queremos, aproximarnos más a nuestro presente, podemos imaginarnos una película de piratas o de buscadores de tesoros donde encontramos reinos casi idílicos que se deben arrasar. Sigue leyendo

Los vecinos de arriba

Una comedia de parejas sobre el liberalismo sexual con la que debuta el director Cesc Gay

Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

Uno de los aspectos que caracteriza la filmografía de Cesc Gay es la sinceridad, es decir, qué papel juega la sinceridad en una sociedad que necesita tanto la hipocresía para solventar las complejas relaciones que se establecen a nuestro alrededor. En fin, o contamos lo que pasa, lo que ocurre de verdad (si es que lo sabemos) o continuamos con la farsa que, al fin y al cabo, puede resultar cómoda, modestamente tranquila e, incluso, divertida si se da el caso. Pero para forzar el nudo, el ahora dramaturgo, tensa los hilos, presiona y, al final, esa sinceridad de la que hablaba antes se desborda. Normalmente, sus películas (podemos fijarnos en algunas como En la ciudad, Una pistola en cada mano o, en la última, Truman) se mueven en el melodrama, con tendencia a la comedia, pero no, desde luego, con esta clara propensión hacia la sátira, hacia el retorcimiento de las costumbres de un matrimonio que, al principio, nos parece que se maneja en un equilibrio suficiente con altas dosis de cinismo irónico y oxigenante. «Yo he sido de izquierdas de toda la vida», comenta más adelante. Hablamos de modelos, de estereotipos, de esquemas sociales en los que nos vemos incluidos cómodamente o no. Balanceamos nuestra mirada hacia una pareja o a otra como si fuera un combate en el que alguien debe ganar necesariamente, en el que la victoria o la derrota de todos es imposible. Sigue leyendo