Carlota Ferrer e Isabel Ordaz se ponen al frente de una adaptación de la tragedia euripídea con estéticas dispares

La recurrencia a esta obra es abundante. Esta adaptación se suma a otras dos que hemos podido contemplar en los últimos tiempos. Ángeles González-Sinde se apoyó en Séneca y Alberto Conejero en Eurípides. Ahora Carlota Ferrer e Isabel Ordaz se han unido o, más bien, se han juntado para lanzarnos dos perspectivas estéticas que pretenden empastarse en escena sin lograrlo. La veterana actriz encarna a la reina Hécuba. Ella se cubre con una sencilla túnica negra y adopta el rictus pertinente para que su discurso resuene tan pertinaz como doliente. Únicamente ella consigue que el espectáculo tenga un cañamazo medianamente sólido, cuando hablamos, además, de una tragedia con un esquema episódico muy palpable, pues básicamente debemos enterarnos de la suerte de cada una de esas troyanas que han sobrevivido después del desastre. Sigue leyendo
Antes de que Horacio estableciera su sentencia docere et delectare en el siglo I a. C., Terencio había ofrecido su arte bajo estas premisas. De esta manera, en Adelphoe (Los hermanos), nos quiere proponer una cuestión y ayudarnos a dirimirla: «¿Qué influye más en la conducta de un hijo: la educación o la naturaleza?». Para dar respuesta, Chiqui Carabante maneja con su habitual dominio distintos procedimientos para la diversión y el entretenimiento. Por otra parte, la pregunta no puede ser más pertinente en nuestra contemporaneidad. Un asunto en el que están enfrascados los neurocientíficos de renombre (véase a Sapolsky y su libro Compórtate), los filósofos especializados en la identidad de género y toda la colección de psicólogos conductistas. El tema permea en debates y llega hasta la política en la aprobación de leyes harto polémicas. No tengo claro quién firma la adaptación, si el propio director o Josu Eguskiza (así se especificaba en el estreno en Mérida el año pasado); en cualquier caso, es un acierto enorme. Y eso porque se le da una pátina de color y de humor que reconocemos a la perfección. 





