Monsieur Goya, una indagación

José Sanchis Sinisterra firma esta aproximación caliginosa sobre la figura del pintor aragonés durante los últimos años de su vida

Foto de David Ruiz

La teoría se impone como un imperativo incuestionable y Sanchis Sinisterra parece dominado por su propia criatura (El lugar donde rezan las putas, su anterior obra, incidía igualmente en ello). La narraturgia se lleva hasta las últimas consecuencias para guiarnos y atraparnos en un discurso construido sobre el hilo de la metateatralidad. La cuestión es si estos procedimientos dramáticos producen un hecho teatral, donde fondo y forma se conjuguen para destinarnos hacia un ente complejo y fértil estéticamente hablando. Que la obra se subtitule «una indagación» es totalmente lógico; pues al dramaturgo parece que le interesa más el marco que la pintura. Es más, parece que le interesa más cómo se debería o, incluso, cómo se podría elaborar ese marco que su objetivo útil y concreto. Por eso, en algunas partes de la función, resulta una metaindagación, una recreación de por dónde habría que empezar o a imaginar lo que pudo pasar. Por lo tanto, especificar, ir al grano, decidir o aseverar son verbos denostados. Aquí se guarda una distancia tan prudencial sobre lo representado que cuando parece que se va a llegar a algo, se frena y se incurre por otra parte. Allá apartado, casi invisible y solitario, entre las butacas libres del Teatro Fernán Gómez se sienta Alfonso Delgado para poner su voz (y salir a saludar al escenario al final) al servicio de la narración, para hacer de Sinisterra, de Goya, de Dios (de Godard, God-art rememorando la nouvelle vague con intervenciones en el acto sobre el propio momento de la creación). Sigue leyendo

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El lugar donde rezan las putas

La última obra de Sanchis-Sinisterra pretende dar voz a aquellos que han permanecido silenciados en la historia

Foto de Javier Naval

No creo que sea conveniente recordar alguna de esas obras de carácter metateatral que en las últimas décadas han poblado los escenarios y de las que el propio autor es uno de sus exponentes. En ellas, ha sido frecuente encontrar a personajes que son actores y que pretenden construir una obra. El teatro en el teatro. Es ya un tópico. A él recurre Sanchis-Sinisterra; pero con un tono entre naíf y descreído que parece lanzarnos al costumbrismo inocente de épocas pasadas. Sigue leyendo

Sueños y visiones del rey Ricardo III

Carlos Martín y José Sanchis Sinisterra reinventan al personaje shakesperiano en un mundo de tinieblas y fantasmagorías

Ricardo IIILa función estuvo determinada por la imprevista muerte de una de las grandes personalidades teatrales de este país como fue Andrea D´Odorico, a quien el director del Español, Juan Carlos Pérez de la Fuente, le dedicó un emocionadísimo recuerdo al finalizar la función. En otro orden de cosas, también estuvo la función determinada por las novedades sobre el caso Ricardo III que nos van llegando de Gran Bretaña; una vez que se ha confirmado que los restos encontrados en un aparcamiento de Leicester pertenecen al rey. Por lo visto sufría una escoliosis (más que joroba), debió de ser rubio y con ojos azules, además de un gran bebedor de vino y un engullidor de presas exóticas. Lo que nos encontramos encima del escenario es un hombre que supera los setenta años, al que le cuesta caminar y que pronuncia como si hubiera perdido varias piezas dentales. ¿Quién es ese Ricardo III? Un espectro, un avatar de la codicia y el odio concentrado durante una infausta juventud. Sigue leyendo

Éramos tres hermanas

Las tres hermanas que han versionado Sinisterra y Alfaro es de lo mejor que se ha visto esta temporada en La Abadía

tres hermanasEn la negrura, el tedio y la insufrible abulia, tres hermanas luchan desde la vejez contra el recuerdo de su vida desesperanzada. En un vaivén temporal, como la biela de una locomotora, la historia se lanza en retroceso continuo; las jóvenes viejas añoran un pasado presente y se recuerdan, bajo una constante redundancia, todo aquello que ya no pueden ser, aunque les quedara toda la vida por delante. Así, en esta tergiversación magistral de José Sanchis Sinisterra, el realismo chejoviano se transforma en aura kafkiana, en noche onírica, en eco lúgubre y en vacua esperanza becketiana. Una síntesis pulida a través de la repetición, de la insistencia en la desmemoria, en un discurso repleto de nihilismo y concatenación asfixiante de los cuatro actos en una escenografía minimalista, negra y renegra, vidriosa, caliginosa, espantosa cuando los rostros de esas tremendas actrices se reflejan en las paredes, en el suelo o en el piano que irá tocando Mamen García mientras canta en los interludios (en italiano, en francés, en inglés) hasta la apoteosis con su We are going to Moscu como un irónico grito desesperado. Sigue leyendo