Sofía

Ignacio García May nos ofrece un superficial retrato de la Reina, aunque envuelto en una sugerente escenografía

Foto de Sergio Parra
Foto de Sergio Parra

No me acogeré a eso de que todo acto humano es en sí político, pero desde luego una obra teatral dedicada a la Reina Sofía lo es strictu sensu. Hacía tiempo que no leía un programa de mano tan definitorio como el que firma Ignacio García May, a la sazón, director y dramaturgo de la función. Todo un desquite y toda una declaración de intenciones en la que merece la pena detenerse. Inmerso en el tópico de la España cainita donde no hay más que monárquicos panegiristas y republicanos apedreadores, él se inclina por un camino que, según su humilde visión, es la recta vía tercera, el medio virtuoso aristotélico; vamos, la España de la gente honrada que respeta a sus conciudadanos y a la cual pertenece el autor. Bien, pues lo curioso es que afirme que es «el retrato de una mujer que se las ha arreglado para ser célebre permaneciendo desconocida». Sería fácil sospechar que precisamente podremos adentrarnos en los intersticios de su vida para poder borrar la pátina de hermetismo sobre alguien casada con el Jefe del Estado en esto que algunos llaman democracia y de quien seguimos sin saber mucho. Adelantemos, no queda más remedio, que los espectadores se quedarán con las ganas, no como dice la protagonista, de conocer a sus amantes, sino de saber algo más de una persona que ha sido testigo excepcional de la historia reciente de España. ¿Qué sentido tiene esta obra si no nos sumergimos profundamente en algún rasgo de su personalidad, en los avatares más complejos de la Transición o en su peculiar mirada de los acontecimientos más sonados? Sigue leyendo

Numancia

Pérez de la Fuente amplifica la historia de los numantinos con un espectáculo que mira a nuestro mundo actual

Numancia - FotoEn general, los estudiosos del teatro cervantino «salvan» los Entremeses y esta obra que aquí tenemos, titulada Numancia o Cerco de Numancia o La destrucción de Numancia, que pudo tener en su momento tres actos (algo novedoso para la época), pero que el texto que manejamos lleva cuatro jornadas. El argumento consabido daría como mucho para un episodio; es grandiosa y significativa la anécdota de los numantinos, pero cuesta imaginársela como relato autónomo y consistente. Precisamente por este hecho, la versión que nos presenta Juan Carlos Pérez de la Fuente podría recortarse leventemente con tal de no extender un acontecimiento ejemplar, que por falta de personajes individuales con los que identificarse debe sobredimensionarse estéticamente mediante manifestaciones alegóricas. Sigue leyendo

Quijote. Femenino. Plural

Un tributo a Cervantes y a las mujeres que pueblan las aventuras del ingenioso hidalgo

quijote-2Entre los homenajes que ha recibido don Miguel (quizás en escena es donde mayor consideración se le ha tenido) está este Quijote. Femenino. Plural; una pieza llevada a cabo con mucho cariño, se nota, que sin mayores pretensiones, pienso yo, cumple eficazmente con esa visión teatral del cuidado por las viejas usanzas, por la cercanía, por el entretenimiento bien entendido, por lo didáctico, lo instructivo y lo agradable. Aquí no hay un gran montaje, pero sí dos actrices que durante una hora te sumergen en la remembranza de ese mundo imaginario que todos debemos conocer. Las mujeres que aparecen en las páginas de El ingenioso hidalgo… recobran vida en un relato que a turnos, pero sin caos, van exponiendo las dos juglaresas, las dos Marías que, inicialmente, a modo de preludio, nos introducen en sus avatares (metaliterarios) como cómicas en nuestros días. Lo interesante comienza en el mismo instante en el que sacan de un baúl a la primera muñeca, a la gran protagonista, Sanchica, encomendada por su madre a seguir al tozudo escudero al que parece que pronto, también, se le irá la cabeza. De esta forma, muñecas en mano, Ainhoa Amestoy y Lidia Navarro inundan un espacio escénico prácticamente vacío con sus movimientos, sus bailes y sus gestos. La primera, escritora a la sazón del texto, más tendente en su interpretación a la ingenuidad, a cierta dulzura infantil y algo a rebufo de su compañera, que se muestra más experimentada, con mayor gracia en la disposición del cuerpo, más volcada en marcar y hasta caricaturizar con su potente voz y su rostro las emociones de los personajes. Desde luego, lo importante es que funcionen rítmicamente ambas y eso lo logran con creces. Sigue leyendo

Ana el once de marzo

Los atentados de Madrid en 2004 reflejados en el sentir de un grupo de mujeres unidas por la coincidencia

ana-11Esta breve pieza que dirige Paloma Pedrero en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español surge de la propuesta que en su día lanzó el director de escena Adolfo Simón a varios dramaturgos para que escribieran acerca de los atentados del 11M. Es, por lo tanto, un texto de circunstancias y destinado a expresar un hecho de gran conmoción para la sociedad de aquella época. El tiempo ha pasado, lógicamente, y aunque sería necesario bastante más, la obra que ahora podemos contemplar se puede juzgar más fríamente. Creo que es muy necesario reproducir las palabras que la dramaturga escribió al hilo de su propia obra: «Siempre las mujeres hemos sido las víctimas primeras de la violencia del mundo. De un mundo diseñado por los hombres para la lucha por el poder y el territorio. Siempre las mujeres hemos sufrido frontalmente las guerras de los hombres, las violencias de los hombres, su cultura descorazonada y radical. ¿Cuántas terroristas islámicas colocaron mochilas en los trenes madrileños? Ninguna está procesada. Y, como siempre, sin embargo, ¿cuántas mujeres murieron, cuántas fueron heridas, cuántas perdieron a su hija, a su padre, a su compañero?». Esto lo leí después de asistir a la función. Sería demasiado fácil rebatir tal cantidad de falacias. Hablemos de teatro. Sigue leyendo

Arte Nuevo (un homenaje)

José Luis Garci se estrena como director teatral mostrando una pieza de Alfonso Sastre y otra de Medardo Fraile

Foto de Sergio Parra
Foto de Sergio Parra

Continuando con la honrosa labor de recuperación de autores y obras un tanto olvidados que viene realizando el Teatro Español en esta última etapa (esperemos que así continúe pase lo que pase en el futuro), José Luis Garci se presenta como director dramático con dos textos breves de dos autores que formaron parte de aquel grupo creado en 1945 llamado Arte Nuevo. En aquellos cuarenta de posguerra, el único autor de calidad y que, además, era capaz de concitar al público mayoritario era Jardiel Poncela. Ante situación tan precaria se reúnen, con ánimo renovador, varios dramaturgos: Alfonso Paso, José María de Quinto, Enrique Cerro, Alfonso Sastre y Medardo Fraile, entre otros. De estos dos últimos, podemos admirar Cargamento de sueños y El hermano, respectivamente. Son las dos piezas que más éxito y repercusión han tenido de todas las que escribieron los integrantes del grupo. Cierto es que el contexto ha cambiado y mucho, al menos en cuanto a la estética; y lo que hace setenta años podía parecer rupturista hoy ha perdido esa energía; lo que no quita para que siga manteniendo un interés tanto artístico como histórico y documental del teatro que se hizo en un momento tan difícil. También es cierto que el director nos lo muestra con ese envoltorio tan nostálgico de un mundo que ya no es y que le pega en demasía. Desde luego no existe intención modernizadora. Sigue leyendo

De algún tiempo a esta parte

Se presenta por primera vez el inmenso monólogo de Max Aub sobre el dolor en las guerras

de_algun_tiempo_escena_09-okRecuperar esta obra para subirla a las tablas de esta manera en el Teatro Español es todo un acontecimiento que llega sin armar mucho revuelo. En la intimidad que procura la Sala Margarita Xirgu, la pequeña, una bomba ha hundido el techo de un piso. Debajo, entre escombros, una mujer se cuenta, se recuerda y se ausculta sometida por el dolor de las pérdidas. Estamos en Viena, en 1938. “Tengo las manos agarrotadas; las puedo mirar como si no fuesen mías, rojas, oscuras. Y yo estudié, mi título estaba en un marco de caoba… Era en la otra vida”, afirma, nada más empezar. Su marido ha sido asesinado durante el Anschluss (proceso de anexión de Austria a la Alemania nazi). A su hijo lo habían matado durante la guerra civil en España poco antes y ella no sabe aún ─y le reconcome la conciencia─ si pertenecía a un bando o a otro («Daría cualquier cosa por saber si Samuel llegó a ser de ellos o no»). Max Aub (1903-1972) es un novelista, dramaturgo y ensayista, que se puede considerar más español que de cualquier otro país en el que vivió sencillamente porque aquí hizo el bachillerato, escribió este monólogo en París en 1939. Tardó diez años en publicarse. En él refleja la vida de una anciana (aunque aquí Carmen Conesa no lo parezca) llamada Emma Blumenthal, que dialoga con las sombras, con el espíritu difuso de su marido, con las huellas de su hijo, con la vida feliz de los burgueses de antes de todo aquello. «Otras veces pienso que si nuestros padres no hubiesen cambiado de religión…». Se indigna ante la injusticia de que se llevaran a su esposo por cuestiones de política, de raza. Presenciamos un balanceo entre las vivencias que la sostienen cuerda, de un devenir apacible, y todas las sensaciones que se agolpan en el presente con la humedad, la decrepitud y la suciedad. Es un texto cargado de melancolía y de manifestaciones profundas sobre lo absurdo de las guerras. Sigue leyendo

El grito en el cielo

La Zaranda regresa para representar la vejez en una obra entre alegórica y humorística

El grieto en el cielo - Foto«Tempus fugit». «Memento mori». Se recuerda en un momento de la función, mientras un grupo de ancianos aún ve opciones para revivir, después de haber ingresado en uno de esos geriátricos impelidos por la hiperactividad. La Zaranda envejece, pero se resiste a sucumbir. Su arte se sobrepone a las estupideces de la modernidad, a todas aquellas concepciones cínicas sobre la muerte y ese mal morir lleno de artificios horteras. La compañía ataca la cuestión desde la construcción simbólica de un mundo onírico y, a la vez, épico. Eusebio Calonge ha escrito un texto que se acoge a la leyenda de Tannhauser, entre otros motivos soterrados, para balancear a los personajes entre los placeres de Venus, de la furia natural junto al Fauno, y ese sentimiento de culpa que nos acompaña como católicos, incapaces de justificar los excesos hedonistas. Así son estos viejitos un tanto estresados por la sobre ejercitación, dirigidos por una enfermera que lanza polvos de talco antiséptico cual hisopo bendito, que como los peregrinos de Tannhauser van buscando la piedad en Roma antes de perecer. No tenemos más que escuchar el «Adore te devote», el himno de santo Tomás de Aquino que nos recuerda «Tibi se cor meum totum subiicit» («a ti se somete mi corazón por completo»). No deja de ser una alegoría cosmogónica la que sustenta el impulso de la obra. Sigue leyendo

Al Galope

Una Carme Elías impostada hacia el pijerío hace inverosímil el personaje de Diana Vreeland

Al GalopeHoy todo el mundo conoce la revista Vogue, la Biblia de la moda, la publicación que más ha influido en la forma de vestir en el mundo entero, aunque, siendo realistas, ahora mismo haya perdido poder, que no aura. También es muy popular su directora estadounidense, Anna Wintour, sobre todo desde el éxito del film El diablo viste de Prada. Pues antes hubo otra mujer en la cúspide de esta industria tan aparentemente paradójica, Diana Vreeland. El documental dirigido por su nieta en 2011 recuperó el trabajo de esta mujer; y, ahora, en escena, Al galope, muestra el momento en el que tras ser despedida de Vogue es tentada para trabajar en el Metropolitan (con el tiempo será la iniciadora de lo que hoy es uno de los eventos más populares de Nueva York). La protagonista ha viajado durante cuatro meses por diferentes países. A su regreso se encuentra con problemas económicos y la imperiosa necesidad de reactivarse. Hay que reconocer que lo que cuenta el documental está repleto de interés sociológico, pero lo que se plasma en las tablas es el tedioso transcurso de una señora muy satisfecha de ser quien es, aunque no transmite el supuesto poder que ha ostentado. La cuestión es que hemos podido escuchar la voz real de Vreeland, su acento quemado por el tabaco, su energía y, también, ver su rostro poco agraciado (como ella misma reconocía). Con Carme Elías, tenemos a una dama de movimientos sutiles, elegantes y un rostro bello; además, posee una voz que se imposta hacia el pijerío y la superficialidad abusiva. Es una composición del personaje muy chocante y poco verosímil, que se acentúa con una interpretación levemente fallona y sin el empaque que se necesita para meterse en la piel de una mujer tan enérgica como Vreeland. Sigue leyendo

El minuto del payaso

Luis Bermejo en su, quizás, mejor actuación: un monólogo sobre las vivencias de un clown en horas bajas

el-minuto-del-payaso-18829La abundancia de monólogos en las salas de teatro, justificados más por cuestiones económicas que por razones artísticas, te lleva a un punto en el que inevitablemente comparas y te das cuenta de que la desembocadura es la parálisis. Los actores nos cuentan, más que representar, una historia, un relato, unas veces envueltos en una escenografía espectacular, otras, directamente abrigados con la intemperie. Pero desde el punto de vista de la creación dramática, la repetición de esquemas es una constante. Esto no quita para que se pueda disfrutar, para que uno pueda quedar cautivado por la historia que le cuentan, aunque del teatro uno espera mucho más, como arte que es. El minuto del payaso es comandado por un actor al que los directores tanto de cine como de teatro han encasillado en el personaje tristón, endeble y taciturno. La temporada anterior lo disfrutamos en Jugadores y nos inspiró su interpretación en Magical Girl. Pero en esta obra, al menos, enfundado con esa nariz roja y una peluca extravagante, se permite un destape que nos descubre otras facetas interpretativas de Bermejo. Se percibe todo un pulimiento de los detalles después de tantas funciones, una integración natural de los tics y gestos que ha construido para este papel que, sin duda, lo hace brillar. Sigue leyendo