Sofía

Ignacio García May nos ofrece un superficial retrato de la Reina, aunque envuelto en una sugerente escenografía

Foto de Sergio Parra
Foto de Sergio Parra

No me acogeré a eso de que todo acto humano es en sí político, pero desde luego una obra teatral dedicada a la Reina Sofía lo es strictu sensu. Hacía tiempo que no leía un programa de mano tan definitorio como el que firma Ignacio García May, a la sazón, director y dramaturgo de la función. Todo un desquite y toda una declaración de intenciones en la que merece la pena detenerse. Inmerso en el tópico de la España cainita donde no hay más que monárquicos panegiristas y republicanos apedreadores, él se inclina por un camino que, según su humilde visión, es la recta vía tercera, el medio virtuoso aristotélico; vamos, la España de la gente honrada que respeta a sus conciudadanos y a la cual pertenece el autor. Bien, pues lo curioso es que afirme que es «el retrato de una mujer que se las ha arreglado para ser célebre permaneciendo desconocida». Sería fácil sospechar que precisamente podremos adentrarnos en los intersticios de su vida para poder borrar la pátina de hermetismo sobre alguien casada con el Jefe del Estado en esto que algunos llaman democracia y de quien seguimos sin saber mucho. Adelantemos, no queda más remedio, que los espectadores se quedarán con las ganas, no como dice la protagonista, de conocer a sus amantes, sino de saber algo más de una persona que ha sido testigo excepcional de la historia reciente de España. ¿Qué sentido tiene esta obra si no nos sumergimos profundamente en algún rasgo de su personalidad, en los avatares más complejos de la Transición o en su peculiar mirada de los acontecimientos más sonados? Lo que nos encontramos es la semblanza de unas vivencias que van desde su infancia en Grecia hasta sus visitas casi clandestinas a su hija en Ginebra, pasando, morosamente, por la entrega del famoso cuadro de Antonio López como si fuera un evento que escondiera alguna simbología oculta. Lo mejor para colarse en esos supuestos «charcos» en los que parece que algunos creen que se enfanga, lo mejor es pasar de puntillas, una especie de sí, pero como que no; chascarrillos sobre la campechanía del rey y sus sempiternos escarceos, meterse con los españoles después de que se mostrase afectada porque sus hijos no se hablen por las cuestioncillas esas de Urdangarín; y un etcétera intrascendente. Porque, en ocasiones, parece que ni siente ni padece. No sabemos si se enamoró de «Juanito» o si fue desdichada en su matrimonio o si tuvo amigas y confidentes. Y, repito, que si a alguien le molesta, ya sabe, es porque es un ignorante y como españolito has de quejarte.

La encargada de introducirse en la piel de la monarca es Victoria Salvador, una actriz que sale más que airosa de tan difícil empresa, aunque tengamos que tragar con un acento en su voz, más bien su carencia, que debemos aceptar como una licencia artística que se justificaría por tratarse de una introspección (un acierto, el hecho de que la Reina hable consigo misma en segunda persona, eso permite un elegante distanciamiento). Sus movimientos, su delicadeza y ese balanceo entre tímido y responsable, dan como resultado una digna interpretación.

De todas formas, lo cortesano no quita lo sugerente, y este espectáculo lo es, aunque sea en otro orden de cosas. En su labor de dirección, García May, ha logrado conjuntar todos los elementos propios de la escena para ofrecernos una función visualmente extraordinaria para lo acostumbrado en estas salas tan pequeñas. Luis Perdiguero, al cargo de la escenografía y la iluminación, ha construido un palacio que esconde capas (las que deberíamos conocer de la Reina) que se vislumbran al trasluz, pasillos, atisbo de laberinto, que permiten a la actriz descubrirse en diferentes espacios. Además, las voces en off de varios de los ínclitos familiares de la protagonista juegan ese tímido papel de interlocutores que abren otros temas.

Sofía encontrará su público, ese que ha ido comprando las complacientes biografías autorizadas de la susodicha; de hecho, a Pilar Urbano pareció satisfacerle lo que había visto, incluso rio en algunos momentos, seguramente comprendiendo su trasfondo mucho más que el resto del respetable.

Sofía

Escritor y director: Ignacio García May

Reparto: Victoria Salvador

Voces en off: José Luis Patiño, Alba Recondo y Víctor Sáinz Ramírez

Iluminación y escenografía: Luis Perdiguero

Vestuario: Almudena Rodriguez Huertas

Fotografías: Sergio Parra

Ayudante de iluminación: César Linares

Maquinista: Nicolás Yarussi

Ayudante de escenografía: Vanesa Hernández

Ayudante de dirección: Javier Sahuquillo

Producción: Teatro Español

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 26 de junio de 2016

Calificación: ♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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