Shock (El Cóndor y el Puma)

Un viaje impresionante por la historia reciente de Chile y de Argentina con los desafueros del imperialismo sobrevolando en la impunidad

Foto de marcosGpunto

He aquí el montaje más proteico de la temporada y el que logra plasmar dramáticamente una serie de hechos que no paran de confirmarse entre la bruma de la credibilidad, las noticias falsas y los nuevos episodios de una doctrina que quizás, tarde o temprano, también nos golpee de lleno a nosotros (si no nos mantenemos fuertemente unidos). Primeramente, es necesario hacer referencia al libro de Naomi Klein (Montreal, 1970), La doctrina del shock (2007). La periodista y ensayista ya se había hecho muy famosa con su ensayo No Logo (2000). Después, con la obra que nos compete ―y de la que también se realizó un documental de fácil acceso en internet―, generó un buen montón de críticas acerca del alcance de su mensaje. Hay que reconocer que la autora pertenece a esa izquierda minoritaria en el espectro de la América del Norte, junto a otros autores como Noam Chomsky, que está teniendo verdaderas dificultades para desarrollar un discurso creíble ahora que sus fórmulas más «radicales» (strictu sensu) o tienen poco apoyo (por idealistas) o han sido absorbidas por corrientes denominadas populistas. En esto, es justo afirmarlo, el poder de una prensa atenazada presupuestariamente es un factor determinante. Ya sabemos que cualquier proclama que huela a socialismo (incluso a socialdemócrata) y que pueda «infectar» a Estados Unidos, debe ser barrida. Sigue leyendo

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La ternura

Parodia basada en las comedias de Shakespeare con un enredo sobre leñadores y princesas

Vuelve Alfredo Sanzol por los fueros donde mejor se desenvuelve. Y es que la seña primordial del dramaturgo navarro es su peculiar veta humorística, que vendría caracterizada por el desparrame, por la exageración y por el choque abrupto dentro de una situación habitual. Así comenzó su auténtico éxito en el 2008 con Sí, pero no lo soy, una obra descacharrante en la que se inmiscuía en las cotidianas rarezas de nuestro mundo contemporáneo; iba del particularismo local al azote general con auténtica destreza. En esta misma línea —bajo la estructura de sketchs engarzados—, presentó Días estupendos, concentrada en las aventuras veraniegas de unos jóvenes en un ambiente que termina por ser entrañable. A estas debemos sumar Delicadas y En la luna, con las que cerraríamos esta etapa marcada por su afán a la hora de interrelacionar historias con ese humor tan característico, que ha mantenido en trabajos posteriores cuando ha emprendido tramas con desarrollos más lineales, apartados de lo poliédrico (Aventura! o La calma mágica). Sigue leyendo

Edipo Rey

Correcta versión del clásico de Sófocles; aunque Sanzol se queda corto en la experimentación

Foto de Luis Castilla
Foto de Luis Castilla

¿Qué hacer con el mito más veces narrado? ¿Qué hacer con uno de los personajes más auscultados de la historia? ¿Cómo tratar el hecho religioso que comanda la tragedia, después de tantas interpretaciones paganas y psicoanalíticas? Con Edipo, el spóiler no es posible, la sorpresa no llega y uno desearía, en ocasiones, que de repente enmudecieran y que de sus rostros surgieran otras sospechas. Edipo Rey podría terminar en un minuto. Al fin y al cabo, Apolo tiene la decencia de lanzar un acertijo para que el descubrimiento no les alcance de súbito y puedan reaccionar. Al fin y al cabo, qué culpa tiene el rey de Tebas. Sigue leyendo

Carlota

Carmen Maura vuelve a subir a las tablas del María Guerrero a propósito de Carlota

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Resulta insólito encontrar una obra de teatro escrita en castellano que trate el género negro, con humor negro, en la negritud de Londres. En la versión dirigida por Mariano de Paco, los tintes cinematográficos están presentes desde el principio con unos títulos de crédito y una música de toque Hitchcock que propician una entrada en la obra trepidante, graciosa, inusitada (hablando en inglés como si en realidad fuera en castellano). Esa es la gran maestría de Mihura: imponer un tono desde el mismo inicio, que no suelta en ningún momento, con una coherencia tan aplastante y tan duradera que no es capaz de evitar enrollarse en sí mismo con su propio desenlace. Este es un defecto que también encontramos en Maribel y la extraña familia, por ejemplo. A Miguel Mihura le falta determinación para zanjar el asunto y en Carlota lo comprobamos aún más cuando en las habituales explicaciones detectivescas de este tipo de obras (fundamentalmente en las novelas), el barajeo de nombres, de posibilidades, de hipótesis, de conclusiones llegan al paroxismo, máxime si la función se presenta a modo de flashback mientras el cuerpo de Carlota se enfría a la espera de un asesino manifiesto. Sigue leyendo