Israel Elejalde dirige este drama sicológico en el Teatro Español sobre un caso de suicidio infantil

Estamos muy acostumbrados a degustar dramas cercanos que nos desvelan conflictos con la sibilina estructura del thriller tan mametiana. Generalmente, un par de personajes que se enfrentan en un combate dialéctico en el que van guardándose sus bazas hasta el desenlace. Si la muerte está en el fondo dolorosamente, entonces, el meollo se agrava. Hace bien poco hemos contemplado en Vincent River cómo se establece esa disputa para dirimir un asesinato. Si le añadimos el contexto educativo, la obra Violencia, que regresó a los escenarios hace unos meses, adivinaremos unas costumbres muy concretas. Creo que merecería la pena que los espectadores pudiéramos atender propuestas de similar calado sobre la realidad española. Y es que las sutilezas de los centros de enseñanza anglosajones o americanos (o diría que de cualquier otro lugar) poseen su idiosincrasia. ¿Cuáles son las reglas internas? ¿Cuáles son los protocolos? O ¿qué se considera normal y adecuado en las respuestas que puede ofrecer un muchacho de once años en sus redacciones? Sigue leyendo



Había logrado la temporada anterior Josep Maria Miró una sustancia narratúrgica de gran potencia con
Si usted no es cortaziano de pro, de esos que se han hecho varios cursitos de escritura creativa sobre relato hispanoamericano, quizás este espectáculo le parezca inasible, bobalicón y tremendamente aburrido. No pocas veces se ha considerado a Julio Cortázar un inspirador del Oulipo, aquel grupo vanguardista que jugueteaba con los límites lingüísticos y literarios. Traigo esto a colación, porque merece la pena comparar este proyecto con aquel montaje de Jesús Cracio en el Matadero titulado
No hará más de unos meses, Lola Blasco, con
La visión humorística de Juan Cavestany me parece fascinante, maravillosa, todo un dechado de ingenio y de inteligencia, que recoge la tradición hispana en su veta absurdista para destinarnos a la estupefacción kafkiana. Dicho esto, creo que sus creaciones cómicas más logradas son Gente en sitios (una rareza cinematográfica imperdible) y Vota Juan, serie en la que aplica el estilete en el mundo político de manera berlanguiana. Luego, en Vergüenza, su serie más extrema, nos destina a una suerte de sufrimiento delicioso. Precisamente en esta aparecen Javier Gutiérrez y Malena Alterio. 