Sueños

Gerardo Vera monta un «infierno blanco» en el Teatro de la Comedia para escenificar las sátiras quevedescas

Lo tópico para representar unos textos tan señeros como estos de Quevedo, hubiera sido acogerse a un cuadro viviente del Bosco y llenarlo de caricaturas y de seres degradados por el vicio; pero Gerardo Vera ha desarrollado una contradictio in adjecto, es decir, un espectáculo barroco minimalista. Aunque antes de enfrentarnos a la función que nos compete, es pertinente situarnos en 1604. Nuestro insigne escritor se encuentra en Valladolid, donde también habitan Cervantes y Góngora. Por aquellas comienza a cartearse con el humanista Justo Lipsio (1547-1606), introductor de la sátira menipea, gracias a su Somnium; además de ser uno de los precursores del neoestoicismo en Europa. Esta influencia será básica para la creación de los Sueños, compuestos a lo largo de varios años, cuando no había cumplido los 30; luego, en 1629, preparó una nueva edición en la que depuraba ciertas insolencias acerca de la religión, y que publicó en 1631. En total son cinco discursos, cinco ensoñaciones donde pretende moralizar, criticar y expurgar la sociedad de su tiempo; para ello se acoge a los recursos propios del conceptismo, para deformar y parodiar las faltas de la virtud en un ambiente por momentos surrealista. Sigue leyendo

El pequeño poni

Una obra de Paco Bezerra sobre el caso real de un niño maltratado en su colegio por el uso de una mochila

El pequeño poni - FotoEl acoso escolar ha existido siempre, eso es cierto, pero hoy, gracias a unos sistemas de comunicación altamente sofisticados y al empeño del mercado (y la desidia de los padres) por convertir a los infantes en acérrimos consumidores, el daño se ha multiplicado. En este caso la excusa es una mochila con unos ponis en la espalda de un niño de diez años, aunque podría ser por un peinado, un color de piel, una estatura, una anchura, una voz o cualquier otra característica de la que otros puedan mofarse. Porque la cuestión no radica, inicialmente, en la maldad, sino en un proceso de maduración que tiene por principio la pura imitación como referente de lo bueno y adecuado. Enseguida llega la asunción de que uno es débil (¿quién no se reconoce como débil?) y de que la forma más fácil y directa es ponerse por encima de aquellos con los que uno puede conseguir puntos frente a los demás. Un chaval maltratado es un conejillo de Indias con el que aquellos colegiales necesitados de atención sobresalen en un mundo que perciben adversamente. Luego están esos consentidores, aquellos que por miedo se apuntan al carro (¿se les puede exigir valentía a chicos tan pequeños?). Este es un elemento fundamental. No es lo mismo pedir cuentas a los acosadores en un colegio que en cursos avanzados de un instituto. La responsabilidad de los adultos posee una relevancia formidable. Sigue leyendo

Tierra del fuego

Claudio Tolcachir dinamiza el conflicto de Israel y Palestina en una propuesta visualmente muy efectiva

TierraDelFuego--620x349Cuando uno se acerca a un hecho artístico como una obra de teatro y esta trata sobre un hecho asentado ya en la historia, pero que aún colea y coleará durante bastante tiempo como es el tema de Palestina-Israel; debe aceptar, debe saber, que aquello es un acercamiento tangencial al asunto. Eso de ir a aprender, debería dejarse para otras disciplinas. Estas precauciones son necesarias para asistir a una función como Tierra del fuego. Si tuviéramos que considerar su contenido, la discusión sería tan eterna como el conflicto que en Próximo Oriente se lleva dando durante todo este tiempo. Aquí tenemos a una víctima judía que ha sufrido un atentado en Londres, en el que ha muerto una amiga suya. Tenemos a una mujer que, pasados más de veinte años, decide visitar al terrorista palestino a la cárcel. Recibe reproches cercanos de su esposo y allegados, y lejanos, de la sociedad en general, y de los sionistas en particular. Sigue leyendo

…y la casa crecía

Una sorprendente escenografía da cobijo a una inocentona comedia que critica a los advenedizos

Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

Como si las clases medias (sean lo que sean) no hubieran recibido su merecido con creces, por querer encaramarse a la clase superior con la ingenuidad de los crédulos homeopáticos, llega Jesús Campos García para aplastar a sus advenedizos protagonistas con el peso del lujo delicado. Una pareja es seleccionada para alquilar una mansión con el único inconveniente de limpiar y cuidar cada una de las piezas artísticas y decorativas que allí se encuentran. Sorpresivamente, el casón comienza a crecer al mismo ritmo que llegan nuevos artículos desde la aduana. Lo que en un principio estaba destinado al disfrute nobiliario, ahora se torna condena y enredo burocrático con absurdos tintes kafkianos. Y este planteamiento más el despliegue escenográfico son lo mejor de la función; el cómo ha trenzado el argumento, ese es otro cantar. Sigue leyendo

Insolación

La adaptación de la novela escrita por Emilia Pardo Bazán resulta larga y demasiado cargada hacia el romanticismo

Foto de Luis Malibrán
Foto de Luis Malibrán

Se presenta un dilema siempre que asistimos a las adaptaciones de textos literarios y más si estas pertenecen a otro género (ya lo hemos visto con Los hermanos Karamázov). ¿Debemos juzgar la función como una obra auténtica, ajena a los presupuestos del autor o, inevitablemente, debemos comparar ambos hechos artísticos? Desde mi punto de vista, Pedro Víllora tiene todo el derecho a interpretar a Emilia Pardo Bazán como quiera y Luis Luque a dirigir la versión como estime oportuno, pero el espectador que se haya acercado a la novela Insolación (aunque habría que afirmar que más que novela es un «estudio episódico» ─según comentaba la novelista) observará que el realismo intimista con recursos naturalistas que la gallega pretendió desarrollar, empleando varios narradores que juegan a recrear la conciencia de la marquesa de Andrade, se convierte en escena en romanticismo tardío y en pudoroso recato. La trama es de lo más sencilla. La susodicha, joven viuda residente en el Madrid de 1887, con ideas bastante avanzadas para la época, aunque, en el caso de la obra, destinadas únicamente a la disputa alegre en las tertulias de los salones aristocráticos, y católica de misa inapelable, se encuentra con el gaditano Diego Pacheco, un donjuán al que ha conocido la víspera en casa de la condesa de Sahagún. Ese encuentro y la posterior excursión a la pradera de san Isidro durante la romería, suponen todo un desafía moral, una experiencia erótica y, sobre todo, un conflicto interno para Asís. Lo demás consiste en resolver su comedura de cabeza y esto, sinceramente, no da para casi dos horas de duración. Sigue leyendo

El alcalde de Zalamea

Un elenco de altura representa la obra de Calderón con verdadera profesionalidad

El-alcalde-de-Zalamea-31Ciertamente ha sido una forma inmejorable de recomenzar en el Teatro de la comedia que, aunque se va a quedar pequeño para muchas de las representaciones que se piensan acometer, no hace más que dar un marco a medio camino entre un imposible corral de comedias y un espacio absolutamente contemporáneo en el que abordar las obras de otra manera. El alcalde de Zalamea, por lo tanto, abre la temporada de la Compañía nacional de teatro clásico. La obra, que seguramente, se llamara originalmente El garrote más bien dado, según aparece en una colección de dramas calderonianos de 1651, cuenta, como es sabido, la historia de unos tercios que llegan al pueblo de Zalamea. Entre ellos se encuentra el caballero don Álvaro de Atayde que se encapricha de la hija de un villano de nombre Pedro Crespo, quien ya investido alcalde debe hacer justicia por el trato vejatorio que se le ha dado a la joven, Isabel. En la poco intervencionista versión de Álvaro Tato que dirige Helena Pimenta, observamos una propuesta estética ruda pero efectiva, con momentos espectaculares que aportan un dinamismo y un color extraordinario a un texto que se recrea, en exceso, en el tema de la virtud y el honor: los pelotaris que preludian la función golpeando su pelota imaginaria contra un muro enormemente simbólico; el movimiento coreografiado y ralentizado de las luchas de espada que tan bien ha pergeñado Jesús Esperanza; y los cantes y bailes que van trufando toda la obra, tanto con la cantante Rita Barber, como los barullos del grupo con Clara Sanchis a la cabeza, con La chispa. Sigue leyendo

Salvator Rosa o el artista

Una obra sobre el arte como antídoto contra los abusos del poder en la época del Barroco

Salvator Rosa - FotoFrancisco Nieva nos lanza al Nápoles de mediados del siglo XVII. El Duque de Arcos, a la sazón virrey de España, se sacó de la manga un impuesto sobre la fruta y la revolución de los comerciantes y las gentes del lugar no tardó en montarse. A la cabeza se puso Masanielo, un pescador que cayó presa de su locura y del propio enloquecimiento de la masa indignada. Comenta Nieva que los espectadores encontraremos paralelismos con nuestro presente. Últimamente no hay evento, publicación o motivo del pasado que no se identifique con el 15 M y el «movimiento de los indignados». Ciertamente es una visión muy superficial de los acontecimientos actuales, pero también esto forma parte del sino de los tiempos. Sigue leyendo

Entremeses

Suben al escenario tres de los más célebres entremeses de Cervantes, cuatrocientos años después de su publicación

EntremesesRegresa José Luis Gómez con la selección de tres de esos Ocho entremeses nuevos nunca representados que se editaron junto a las comedias en 1615. La propuesta une las tres piezas mediante la ilación musical y los bailes con los que el elenco mantiene viva la acción dramatúrgica. La limpieza del escenario, con un árbol en el centro, lleno de simbolismo, rodeado todo ello de los cachivaches, el atrezo, la vestimenta, unas sillas y, sobre todo, el instrumental necesario para la ambientación musical y los efectos sonoros que apuntillan las situaciones (portazos, chirridos de puerta, tormentas,…) de los que se encarga fundamentalmente Eduardo Aguirre de Cárcer, que además actúa y toca diversos instrumentos. Todo parece un patio andaluz predispuesto al jolgorio. Sigue leyendo

Fausto

Tomaz Pandur crea una escenografía prodigiosa para representar el clásico de Goethe en el Teatro Valle-Inclán

Foto de Aljoša Rebolj
Foto de Aljoša Rebolj

Fausto es una obra literaria compuesta por dos partes. La primera de ellas fue escrita en 1806 y la segunda en 1832. Mientras que la primera contiene un argumento comprensible (entreverado de todo tipo de alusiones filosóficas y diálogos metafísicos), la segunda es pura alegoría, un viaje en el tiempo en busca de Helena de Troya con múltiples personajes mitológicos. Fausto no está destinada, en principio, a la representación, sino a una lectura sosegada que requiere una amplia cultura, si se espera profundizar en los aspectos profundos que se trabajan en ella. Por lo tanto, presumiblemente, muy pocos espectadores van a entender menos de la mitad si antes no han hecho los deberes. Y ante esta situación, todas las alusiones al público entre complacientes e irónicas sobre las dificultades del libro que sueltan los actores, aparte de instrucciones sobre aquello que se está representando, sobran; puesto que rompen con la atmósfera dramática que se pretende crear, además de no tomar en consideración a unos asistentes que deben saber a lo que van. Sigue leyendo