J’attendrai

El texto de José Ramón Fernández logra compactar la emoción y la memoria en un montaje sobre el largo horror de Mauthausen

Foto de Laura Ortega

En los últimos tiempos, parece que se va recuperando la memoria de aquella terrible experiencia que sufrieron muchos de nuestros compatriotas en el campo de concentración de Mauthausen (murieron allí cinco mil). Así lo estamos comprobando con otras de teatro como El triángulo azul o el proyecto que dirigió Pilar G. Almansa sobre el abuelo de la actriz Inma González; o con películas recientes como El fotógrafo de Mauthausen o documentales como Los últimos españoles de Mauthausen. A todas estas obras se suma el montaje que dirige con tanto tino y dinamismo Emilio del Valle sobre el texto de José Ramón Fernández. Un juego metaliterario y autoficcional repleto de recursividades, al ritmo de la chanson, en un ambiente de ilusión fantasmalmente romántica, y acerbo recuerdo lúgubre y desgarrador. Es un espectáculo que está muy bien llevado de la mano por el personaje que hace de Yo, del autor (tan poco fiable, como sugerente en su disposición literaria); porque nos traslada sus cuitas en el acompasamiento de los recuerdos. Jorge Muñoz, como trasunto del dramaturgo, se expresa con honda emoción, atormentándose por esa impotencia que siente al no ser capaz de trasladar el relato que quiere confesar. Nos arrastra en su work in progress, en su escritorio mental, donde aparecen libros de historia, biografías o cómics como el de Maus, o el disco donde está grabada la canción que da título a la función. Nos revela sus influencias, sus artificios para la ficción: «esta obra no está basada en una historia personal; sino en los libros que he leído desde que, hace veinte años, empecé a tomar apuntes para una historia que no soy capaz de escribir». Sigue leyendo

Medida por medida

Una propuesta shakesperiana sobre la hipocresía y la lujuria que pretende combinar lo dramático con lo cómico

Foto de Miguel Sarti

Salir bien parado de esta tragicomedia, de este drama azuzado por un soez polvo bufonesco, es imposible; puesto que la ambigüedad en el planteamiento y en el tono nos deja estupefactos. Las cuestiones son tan serias que tomarla por comedia únicamente porque termina con varias bodas; sería demasiado torticero. Además de que se resuelve con una intemperancia que solamente a Shakespeare es a quien habría que pedirle cuentas. Sigue leyendo

Rasgar la tierra

Un drama sobre cómo las relaciones personales se agrietan ante un inesperado conflicto moral

rasgar-la-tierra-fotoEn el proceloso mundo de la creación uno, a veces, se encuentra itinerarios artísticos que no acaba de entender; cómo un dramaturgo, Josep Maria Miró, puede parir una obra que da la impresión de ser un esbozo, cuando tres años antes había escrito un texto extraordinario, cuajado y absolutamente persuasivo como es El principio de Arquímedes (2011); del que aún recordamos con viveza, su construcción, la evolución de un tema con tantas aristas o la vertebración de la trama. Ahora, en Rasgar la tierra, seguimos identificando detalles característicos del autor, pero de una forma timorata, desde el punto de vista literario. La función pretende abordar una mezcla de conflictos laborales dentro de una Casa de cultura en un pueblo, con una controversia de alcance moral con un joven recién llegado. La acción, in medias res, nos lanza los efectos de un descubrimiento en la tensión que muestran los dos máximos responsables de la pequeña institución. Una carta anónima contiene una información verdaderamente relevante (suponemos) sobre Miguel, un tipo algo misterioso que se ha ofrecido a colaborar gratis con la organización de un festival juvenil. Sigue leyendo

La fiesta

Comedia agridulce sobre la decadencia de un matrimonio, cercado por la miseria y el aburrimiento

La fiesta - FotoA veces ocurre que todo el pescado está vendido a los quince minutos, que uno apenas espera la tragedia, ni la sorpresa; entonces, el foco, si el espectador no quiere caer en el tedio, apunta hacia otros aspectos, como el montaje, el movimiento de los actores y su actuación, o esos detalles casi inapreciables que un buen director sabe introducir para mejorar un texto que, como pasa en este caso, se agota en sí mismo. Igual podría durar tres horas, la vida entera o veinte minutos. Como esas pobres gentes del neorrealismo italiano o español que recordamos, por ejemplo, de Rocco y sus hermanos o de Surcos, donde las madres y los hijos, las madres y los maridos, sucumben al ritmo de un lenguaje repetitivo y moral, a unas costumbres dominadas por el machismo imperante, a una pescadilla que se muerde la cola cuando la miseria y el hambre marcan el día a día. La fiesta (1999), del dramaturgo italiano Spiro Scimone, expone la lucha dialéctica y vital de tres individuos atrapados por un devenir incierto. Sigue leyendo

Sueños y visiones del rey Ricardo III

Carlos Martín y José Sanchis Sinisterra reinventan al personaje shakesperiano en un mundo de tinieblas y fantasmagorías

Ricardo IIILa función estuvo determinada por la imprevista muerte de una de las grandes personalidades teatrales de este país como fue Andrea D´Odorico, a quien el director del Español, Juan Carlos Pérez de la Fuente, le dedicó un emocionadísimo recuerdo al finalizar la función. En otro orden de cosas, también estuvo la función determinada por las novedades sobre el caso Ricardo III que nos van llegando de Gran Bretaña; una vez que se ha confirmado que los restos encontrados en un aparcamiento de Leicester pertenecen al rey. Por lo visto sufría una escoliosis (más que joroba), debió de ser rubio y con ojos azules, además de un gran bebedor de vino y un engullidor de presas exóticas. Lo que nos encontramos encima del escenario es un hombre que supera los setenta años, al que le cuesta caminar y que pronuncia como si hubiera perdido varias piezas dentales. ¿Quién es ese Ricardo III? Un espectro, un avatar de la codicia y el odio concentrado durante una infausta juventud. Sigue leyendo