La vegetariana

Daria Deflorian lleva a escena la novela de Han Kang para ofrecernos una propuesta excesivamente narrativa y plomiza

Foto de Andrea Pizzalis

Después de aquel Sovrimpressioni, era de esperar que Daria Deflorian nos atenazara con somnolencia en el audiolibro. Acudir al teatro a escuchar durante poco más de cien minutos la narración extraída de la novela La vegetariana es desmotivador. Con esta obra, la escritora Han Kang, Premio Nobel de Literatura en 2022, ha tenido éxito. A mí no me parece que literariamente sea gran cosa; no hallo las virtudes técnicas que deberían ser ineludibles. De todas formas, sí que se encuentran ambientes y situaciones que deberían favorecer la representación teatral. Sigue leyendo

Fuenteovejuna

Rakel Camacho y María Folguera ofrecen una adaptación de la tragedia lopesca repleta de brutalidad y de feminismo grandilocuentes

Foto de Pablo Lorente

Salirse del falso suvenir debe resultar ineludible si verdaderamente se anhela mantener vivo un clásico. Ya asistimos con frecuencia a montajes más ajustados al paradigma (Fuente Ovejuna, de la propia Compañía); aunque también alguno contemporáneo dirigido, por cierto, por una mujer, Marianella Morena. Habrá que insistir, cada poco, que nosotros no acudimos a un corral de comedias ─ni siquiera en Almagro─, si no a un teatro a la italiana en una ciudad del presente. Somos un público muy distinto, por eso tenemos una mentalidad que nos permite ir más allá de la mirada ofrecida por Lope de Vega, quien era deudor de esas gentes diversas en su estatus, pero ahormadas por una moral mucho más definida que la nuestra. Sigue leyendo

Sansón de las islas

Luciano Castro se encarna en un célebre luchador de pressing catch para recrear un espectáculo con el trasfondo de la guerra de las Malvinas

Foto de Carlos Furman

Hace unos meses regresaba a las tablas ¡Esta noche, gran velada!, de Fermín Cabal para retratar esa podredumbre que ha rodeado siempre el boxeo, el que se alimenta de púgiles de barrio que caen en los amaños por su pura necesidad e ignorancia manifiesta.

Nos encontramos con un montaje de mimbres convencionales. Con loables intenciones, a la hora de recordar aquella maratón televisiva ─mayo del 82─ que se organizó para que las estrellas del país animaran a los conciudadanos a donar todo lo que fuera posible para ayudar a las tropas. Por lo visto, aquella recaudación no llegó a sus destinatarios previstos; sin embargo, aquí el caso se centra, como icono patético, en un púgil celebérrimo venido a menos. Un juguete pop, un personaje de esos que nos rodean por doquier, alguien emanado de aquel espectáculo tan chusco, a la postre, que era el pressing catch (observemos qué nimia repercusión tuvo en España la reciente muerte de Hulk Hogan, cuando había sido una megaestrella de los noventa). Como se afirma en la función, el «catch ha muerto». Ejercicio circense, solo apto para ingenuos y para aquellos que anhelaban fantasear con lo que hoy es la verdad más violenta, el MMA que tanto triunfa.

Me parece que Gonzalo Demaría, firmante de este texto, se recrea y se demora, en los diálogos, extensos, en las pocas escenas que ocupan este breve proyecto. Siempre es admirable que los autores depuren sus obras y que no regalen explicaciones innecesarias a los espectadores; aunque no tengo claro que el público español (como ha sido en esta ocasión) vaya a empatizar con el conflicto de fondo. Aquella guerra de las Malvinas ─se volvió sobre ella hace un par de años con El salto de Darwin─ nos queda lejos, emparedada por otras conflagraciones de mayores dimensiones, en un mundo ansioso. Es decir, contemplamos a estos individuos sobre el tapiz y no alcanzamos a medir la auténtica dimensión de su desdicha.

Nuestro Sansón, quien ha pasado por la peluquería, que cojea de una pierna porque un autobús lo pasó por encima; pero que conserva un cuerpo musculado enviable a pesar de frisar los cincuenta años, es un exluchador, es el tipo que atiborró el Luna Park, cuando hace una década fue unos de los hombres más insignes de aquella Argentina que Maradona iba a reinar. Luciano Castro encaja a la perfección en el papel y resulta enormemente convincente en sus gestos pugilísticos y en su cariz de hombre tullido. Si escuchamos atentamente a su esposa, Lea, que había cumplido sobre el ring las funciones de Dalila, entenderemos que esos luchadores, como ha ocurrido históricamente en el planeta, procedían de barrios pobres y contaban con poca educación. Nuestro protagonista sabe leer, a diferencia del resto, que han encontrado puestos de brigadistas de la dictadura (terminaría justo después de la batalla). Bien que lo recalca Vanesa Maja con ese tono cómico de mujer echada para adelante, cuando se las tienen que ver con el coronel Garmendia. En este hallamos un rol más escurridizo. De esos seres que ejercen el poder a cada instante, aquí marca el ‘vos’ y el ‘usted’ con distanciamiento y soberbia. Y, en esa idea tan explorada desde el nazismo, aquello de la sensibilidad al arte y la capacidad para el asesinato en el mismo humano. Lo discurríamos sobre ello la temporada anterior en Música para Hitler. En este militar la afición por la ópera es una perdición. Se marcará un paralelo entre Tosca y nuestro drama, con las súplicas de Dalila por su marido. Para apostar firmemente por esta intertextualidad y favorecer el camino hacia la espectacularización, Constanza Díaz Falú y Fernando Ursino cantan pequeños fragmentos de la obra de Puccini. Quizás esa veta podría haberse exprimido más. Igualmente, el homoerotismo de este coronel habría dado, incluso, más juego. Su apadrinado, el joven luchador Jorgito, nos deja a un Gonzalo Gravano repleto de inocencia, quien resulta un antagonista magnífico para provocar el contraste. Sansón deberá vestirse de pirata inglés para aceptar la derrota pactada y así animar a los patriotas, pues el ganador será el gauchito, quien se presentará de azul celeste con las boleadoras en las manos. El vestuario, sobre todo de los contendientes, de Jorge López perfila con gran precisión el simbolismo que se arrastra.

La dirección de Emiliano Dionisi gana en el desenlace. El combate permite alzar el vuelo dramatúrgico, darle una lógica dinamicidad, una búsqueda épica del pundonor, que es, al final, con lo que debemos quedarnos. De todas formas, creo que es una propuesta que se queda coja en su esfera política. El sarcasmo sobre las palabras empleadas en la lengua anglosajona es apenas un rasguño crítico para rememorar aquella insensatez.

Sansón de las islas

Texto: Gonzalo Demaría

Dirección: Emiliano Dionisi

Elenco: Luciano Castro, Manuel Vicente, Vanesa Maja y Gonzalo Gravano

Cantantes: Constanza Díaz Falú y Fernando Ursino

Diseño de iluminación: Lucía Feijoó

Diseño de vestuario: Jorge López

Diseño de escenografía: Cecilia Zuvialde

Música original y dirección musical: Manuel De Olaso

Directora asistente: Julieta Abriola

Coordinación de producción artística: Juliana Ortiz y Constanza Comune Páez

Coordinación de producción técnica: Pedro Colavino

Coordinación de escenarios: Julián Castro, Lucas Pulido

Coordinación de talleres de realización: Guadalupe Borrajo

Coordinación de talleres de vestuario: Camila Ferrín y Laura Parody

Asesor en lucha: Javi Guerrero

Una producción del Teatro San Martín-Complejo Teatral de Buenos Aires

Con la colaboración de Air Europa

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 12 de octubre de 2025

Calificación: ♦♦♦

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La verdadera historia de Ricardo III

Calixto Bieito desborda con excesos dramatúrgicos la tragedia de Shakespeare, para dejar que brille Joaquín Furriel en los Teatros del Canal

Foto de Carlos Furman

Pronto a nosotros también sufriremos una escoliosis, aunque sea por pura mímesis. La tragedia de William Shakespeare aspira al trono absoluto de obras hiperadaptadas en nuestra escena. Puedo hacer un somero repaso y fijarme en la versión de Miguel del Arco y Antonio Rojano o de Marco Paiva o de Yolanda Pallín o la particular performance de Sara Beer o la extraordinaria expresión de Joan Carreras en Historia de un jabalí o aquella Lady Anne del año pasado. Por no referirme a la antología trágica que dirigió el propio Calixto Bieito hará un par de temporadas (Erresuma / Kingdom / Reino). No quiero ir más lejos, ni más atrás. Sigue leyendo

Historia del amor

La Agrupación Señor Serrano vuelve a trazar una performance epistemológicamente insuficiente en Nave 10 Matadero

Foto de Leafhopper

Cuanta más tecnología se reparte «democráticamente» entre la población más ingenuos me parecen estos espectáculos con cachivaches; aunque se empleen procedimientos altamente atractivos con inteligencia artificial para subsumir rostros y más rostros en directo, como aquello que tanto sorprendió en el «Black or White», de Michael Jackson allá por 1991. El morphing está al alcance de cualquiera. Y resultaría fantástico si estuviera al servicio del concepto. Hablamos del amor, como sucede en todas las obras de arte que no tratan de la muerte. Sigue leyendo

Un monstruo viene a verme

La novela de Patrick Ness es adaptada por LaJoven en un espectáculo de gran factura y mensaje apreciable

Resulta complicado en ocasiones aunar factores diversos en un solo proyecto. Creo que esta adaptación de Un monstruo viene a verme alcanza un gran equilibrio entre la claridad del mensaje y la factura artística. Todavía se mantiene en la memoria de muchos espectadores la película de 2016 de J. A. Bayona, la cual ofrecía unos efectos especiales de gran calidad. Esto supone que visualmente, una vez se asume que en un escenario se debe funcionar desde otros parámetros, no será tan impresionante. Habrá que poner la imaginación a trabajar. Sigue leyendo

Memorias de Adriano

Lluís Homar se encarna en el célebre emperador en esta adaptación de la novela de Marguerite Yourcenar

Seguramente si este espectáculo hubiera tenido el enfoque de Xavier Albertí, escudero de Lluís Homar en la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y responsable de varios «solos» ─muy acertados, algunos de ellos (En mitad de tanto fuego es una clara referencia)─ la austeridad hubiera sido preponderante. Y hubiera sido coherente para ejecutar el monólogo de un emperador que, quizás, nació en Itálica, y que degustó el estoicismo. Sigue leyendo

Los amores feroces

Jorge Volpi ha ideado un espectáculo timorato para desarrollar las vivencias y las ideas eróticas de Octavio Paz

¿Cuál es el enfoque de este espectáculo? ¿Qué se pretende? ¿A quién se dirige? Si el retratado es Octavio Paz, tendremos que reconocer, como ocurre con tantas, tantísimas figuras literarias ─esto mismo expresaba la temporada anterior sobre El sillón K─, que apenas son conocidas muy levemente. Desde luego, el insigne escritor mexicano posee más impronta que Carmen Conde; pero hay que aceptar permanentemente que muy pocos autores se pueden biografiar en escena con la complicidad intelectual del público. ¿Quién ha estudiado en España a este literato? Esa es la realidad de nuestra Hispanidad. Sigue leyendo

Abiertos en canal

Samuel Viyuela y Alba Enríquez llevan a escena este drama animalista del japonés Takuya Yokoyama en el Teatro Infanta Isabel

De vez en cuando las protestas contra las macrogranjas encuentran espacio en la prensa; pero da la impresión de que la pujanza animalista y antiespecista han disminuido, y de que el veganismo ha reducido posiciones respecto de otras reivindicaciones sociales más acuciantes. Va por épocas, desde luego. Como ocurre con las manifestaciones antitaurinas con performances ad hoc. La defensa del bienestar animal es un tema fundamental en nuestro siglo; aunque tiene perspectivas muy diversas. La materia se ha tratado poco sobre las tablas. Se aproximó de un modo algo deficiente y sin atractivo Lola Blasco con aquella adaptación del libro de Coetzee Elizabeth Costello. Sigue leyendo