La obra Bienvenido a casa propone una verdadera inmersión en el teatro dividida en dos sesiones
La propuesta de Roberto Suárez y de su elenco de actores del Pequeño Teatro de Morondanga (Uruguay) consiste en convocar a su público a dos sesiones en días consecutivos. La primera parte tiene lugar en la sala principal del Teatro Valle-Inclán (Madrid). Según entras, compruebas que el espacio ha sido reducido a la mitad, lo que te hace sospechar que en la otra mitad se encuentran los espectadores que han acudido el día anterior y que ahora asisten a la segunda parte. Entre tanta sospecha, comienza la función. Las reminiscencias a David Lynch no terminan únicamente en el nombre de uno de los protagonistas (Hombre elefante), sino en la paranoia surrealista que escenifican, donde seis actores con personajes que se mueven en el límite de la cordura viven pendientes de un plan que desean llevar a cabo. Son sesenta minutos de extrañeza, de incipientes juegos metateatrales, de humor macabro, de historias pasadas que se desplazan desde lo truculento hasta lo absurdo dirigiéndose a un suicidio colectivo fracasado. Tenemos cita para el día siguiente. Sigue leyendo

La película comenzó puntual en el Teatro Valle-Inclán de Madrid. Julia baila con uno de sus sirvientes en el césped junto a la piscina. Después, cuando el rápido chispazo ha desencadenado la hoguera, las pantallas de cine se abren y sus protagonistas de carne y hueso continúan con la secuencia. La filmación avanza mediante una cámara que sigue a Jelson y a la señorita flirteando. Corten. 

¿Cómo desconcertar al espectador actual con la representación de una obra ya de por sí desconcertante? Haciendo un salto mortal con tirabuzón y medio. Declan Donnellan, el irlandés fundador de la compañía Cheek by jowl, presenta en el María Guerrero un Ubú Rey totalmente posmoderno en forma de hecatombe grandiosa con pinceladas de humor inglés y con unos actores entregados en alma y, sobre todo, en cuerpo a una cagalera fundacional. Desde el preludio, un niño, un muchacho revoltoso que con su cámara de vídeo expresa la cocción fantasiosa que se está produciendo en su mente, ya supone un primer instante de estupefacción. Estamos en el apartamento impoluto como el tapiz de Pollock antes de iniciar su action painting. Se espera a unos invitados. El tiempo pasa, se escuchan las noticias de la radio. ¿Dónde está el tío Ubú? Pues en la imaginación materializada de aquel chaval que, aburrido, desea jugar con aquellos adultos a Macbeth. 

