Veneno para ratones

Una obra de suspense sobre el encuentro de tres individuos que esconden secretos y ambiciones determinantes para su existencia

veneno-para-ratones_15El género del thriller está inventado y explotado con creces, aunque en el teatro no sea frecuente. Uno puede, y debe, intentar transgredir sus normas, pero si quiere mantener el suspense, es evidente que se tienen que cuidar una serie de máximas de imperioso cumplimiento. La primera de ellas es no dar explicaciones (aunque esto vale para cualquier obra literaria). Bien, pues Alberto F. Prados, autor de Veneno para ratones, no espera ni diez minutos para comenzar, a través de sus personajes, a explicar y a explicar. Un grave error de principiante que arrastra hasta el final. Tenemos a una madre, Julia, una señora que se ha dedicado a cuidar de una rica anciana de la que ha heredado parte de su fortuna. Vive con su hijo, Diego, un joven de veinticinco años, convertido en un maleducado dictadorzuelo de esos que podemos ver en el programa Hermano mayor y que, igual que en el espacio televisivo, se nos informa de su tortuosa infancia. Aquí se alcanzan tintes grotescos, tortuosos y hasta satánicos. La acción transcurre durante una tarde en la que recibirán la visita del novio que se ha echado Julia, un tal Mau, un hombre de negocios, un jefazo que debe manejar mucha pasta. Para no desvelar demasiado del argumento, simplemente comentaremos que el dramaturgo quiere rizar el rizo y volverlo a rizar. Sigue leyendo →

Danny y Roberta

Intenso drama sobre el fugaz encuentro de dos seres alimentados por el rencor y por la angustia de vivir

Foto de David Sagasta
Foto de David Sagasta

Los protagonistas creados por John Patrick Shanley son tan insoportables, llevan en sí tantos odios colgados, que únicamente pueden establecer contacto con gente en su misma situación; individuos que soporten la agresiva expresión del otro y la comprensión de su amargo rencor. Desde luego, son la combinación perfecta para una fusión nuclear; en absoluto se puede afirmar que son tal para cual, sino todo lo contrario. Se hacen daño a sí mismos y se harán daño, y mucho, entre ellos. Necesitan una cura profunda, antes de permitirse una sana relación amorosa. Quizás comienza la obra demasiado arriba, si Danny es bravucón, Roberta es arisca; cuesta, en un primer instante, creerse que unos tipos como estos puedan entablar la más mínima conversación y, por eso mismo, el ambiente que propician parece algo forzado. Algunas de sus revelaciones, tanto él contando que seguramente haya matado a un hombre de una paliza; como ella, relatando una felación a su padre (algo que por lo visto soltaba por primera vez) se muestran algo inverosímiles. Vamos demasiado rápido, aunque se quiera reflejar precisamente esa impetuosidad de unos amantes inconsecuentes. Sigue leyendo →

Ricardo III

Nuevo montaje shakesperiano a cargo de Yolanda Pallín y Eduardo Vasco sobre el malvado monarca

ricardo-iii-fotoPor las investigaciones de los últimos años parece que el bardo inglés deformó más de lo debido la espalda de nuestro protagonista, abundando en su degradación y ofreciendo razones a su misantropía congénita. Desde luego no es un asunto baladí pasar de una escoliosis aguda a una joroba, un brazo inválido y una cojera humillante. También es cierto que en la versión de Yolanda Pallín, más parece alguien que ha sufrido un ictus o una herida de guerra. El caso es que Arturo Querejeta se echa toda la función al lomo y construye su personaje como si fuera un James Cagney henchido de sadismo, alguien que debe valerse todo lo que pueda de la astucia, de la paciencia y de aprovecharse arteramente de su físico, ya sea para generar cierta compasión, como para pasar desapercibido. ¿Quién se puede imaginar a ese individuo como rey? Eso sí, el asesinato formará parte de sus costumbres cotidianas, pura sicopatía. Ricardo III es la disección del malvado que toma motivo en el mal mismo. No es solo ambición o venganza o ira, es un modo de ser; y esto es lo que nos debe espantar. Resuenan sarcásticas las voces del elenco, como una opereta en la que se insistirá más adelante, con aquello del «sol de York» (un juego de palabras sun/son), ante el cuerpo aún caliente de Eduardo, príncipe de Gales, asesinado por el propio Ricardo (igual que a su padre), en el comienzo de la obra. Sigue leyendo →

Jardiel, un escritor de ida y vuelta

Ernesto Caballero intenta desagraviar al dramaturgo tanto artística como políticamente

Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

Cada vez que se repone una comedia de esas que se supone que se han asentado en el tiempo, surgen siempre varias cuestiones que insistentemente han de ser resueltas. Por un lado, está el asunto de la comedia en sí como subgénero, parece que siempre hace falta justificarse, sobre la consideración menor que se tiene respecto a la tragedia; por otra parte, se dirime acerca de lo difícil que es hacer reír. Con Jardiel Poncela, además, se unen las reticencias políticas, las cuales son disuadidas con aquello de que fue un adelantado a su época, un precursor del absurdo y un etcétera de virtudes que resultan insoslayables. Sigue leyendo →

Navidad en casa de los Cupiello

Aitana Galán actualiza el clásico del napolitano Eduardo de Filippo sobre este conocido melodrama familiar

foto6_navidadcupiello_marcosgpunto2
Foto de marcosGpunto

Se puede anticipar la catástrofe viviendo como si no pasara nada, como si no hubiera un runrún que se oye a lo lejos, pero que en realidad ya está ahí, bajo tus pies. El melodrama construido en diferentes periodos por Eduardo de Filippo viene a mostrarnos esa imperiosa voluntad schopenhaueriana que nos mueve y nos inserta en la cotidianidad, aunque el futuro se plasme negro. No es muy complicado imaginarse la vida en Nápoles durante el siglo XX y este XXI, tan similar en tantos aspectos al sur español, esas bolsas de pobreza sempiternas y la histórica picardía, sumada a una consideración tan populosa de la familia. Sigue leyendo →

Una habitación propia

Clara Sanchis se transforma en Virginia Woolf para recrear el famoso y trasnochado ensayo

Foto de Diego Ruiz
Foto de Diego Ruiz

Llegados a este punto de complejidad (y trinchera) en la cuestión no solo de la mujer, sino del feminismo, cabría preguntarse si el ensayo de Virginia Woolf, Una habitación propia, posee alguna enseñanza válida en nuestros días (quizás, también, si, en puridad, la debió tener en algún momento). No es este el lugar para dilucidarlo, pero es increíble que un texto con un argumentario tan endeble haya generado tantas interpretaciones. Me inclino a pensar que el efecto halo ha propiciado que se lea con los ojos de aquellos que reconocen el soberano valor literario de sus novelas. Su libro casi se reduce a un eslogan: «Una mujer necesita dinero y una habitación propia para dedicarse a la literatura». Sobre la pasta, concreta que deben ser 500 libras, y si alguien espera una respuesta de cómo conseguirlas, la señorita Woolf afirma que heredando una renta vitalicia proveniente de una tía rica recientemente fallecida en India. Sobre el cuarto, más allá de la literalidad de la expresión, se ha especulado sobre el espacio interior, sobre la parcela que todo ser humano debe poseer, la voz propia de la conciencia; pero esto son hipótesis. Sigue leyendo →

Mármol

Un melodrama fantasioso y romanticoide sobre las crisis existenciales de la clase media alta

marmol-foto-de-moises-fernandez-acosta
Foto de Moisés Fernández Acosta

Parece claro, si ponemos de nuestra parte, adonde nos quiere llevar el texto escrito por Marina Carr: cumplir con tus deseos, aunque esto suponga romper con todo. Para llegar aquí se nos presentan, inicialmente, dos individuos, puro y brandy bien engarzados entre las falanges, vestidos de traje; pongamos que deben ser dos ejecutivos comiendo y que, además, son amigos. Art, el personaje que interpreta Pepe Viyuela, comenta con normalidad y, también, con cierto detallismo, que ha soñado con la mujer de Ben, a la que hace mucho tiempo que no ve (llega, incluso, a afirmar que si la viera por la calle no la reconocería). Él ha dejado que su ensoñación se la muestre rubia y esplendorosa, dispuesta para el tórrido desenfreno. Lo curioso es que la propia Catherine ha tenido el mismo sueño. Y lo que podría ser una simple coincidencia, propicia para desencadenar una agitación de las costumbres y los principios, se arrastra hasta el terreno de la fantasía romanticoide; puesto que detrás del primer día, se encadenarán los siguientes, en una especie de vida paralela y adúltera en un cosmos onírico, donde les espera una exótica suite forrada de mármol. Sigue leyendo →

La rosa de papel

Un esperpento valleinclanesco sobre la decrepitud humana, los vicios y la inútil redención

la-rosa-de-papel-fotoEsta breve pieza, perteneciente al Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte y aparecida junto a La cabeza del Bautista, responde a la estética del esperpento. No debemos olvidar que su primera obra de esta clase fue Luces de bohemia, que data de 1920, aunque sufrió varios añadidos, principalmente de corte social, por aquel 1924 en el que se encuentra nuestra función. Se ponen en juego muchas de las técnicas y artificios que Valle-Inclán había estado cocinando, y que, provenían de corrientes propias del siglo XIX, a saber: el decadentismo, el tardío romanticismo español (esencialmente Bécquer y sus Leyendas; también, por supuesto, Rosalía de Castro), el prerrafaelismo («¿quién puede retirar de su imaginación la Ofelia de Millais?») o el simbolismo; en definitiva, el modernismo llevado a su visión expresionista. Sigue leyendo →

Pedro de Urdemalas

La pieza de Cervantes inaugura una nueva sala en el Teatro de la Comedia con una versión audaz

pedro-de-urdemalas-fotoUn pastiche fenomenal es el que ha montado Denis Rafter, apoyado en la ingeniosa versión de Jerónimo López Mozo, con las gentes jóvenes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico ─estaría bien denominarlos de otra forma, pareciera que son inexpertos y la mayoría tienen más trote que muchos mayores─. Ante todo y principalmente buscar un entretenimiento sagaz e inteligente, un divertimento repleto de referencias culturales de antes y de ahora (casi imposible pillarlas todas); un artefacto dividido en múltiples escenas que parecen diseñadas como cajones estanco, a veces, solamente comunicadas entre ellas por un fino hilo. Son como sketches en los que no falta un guiño, una remisión irónica, un retruécano, un entrar y salir, un jolgorio, una danza, una música sorpresiva con ánimo de empastar sin romper la armonía (complicado, a veces, con tanta mezcolanza). Sigue leyendo →