Tratando de hacer una obra que cambie el mundo

Más metateatro para criticar el metateatro contemporáneo en la propuesta de estos chilenos con ganas de satirizar su propia existencia

En el manifiesto que viene impreso en el programa de mano (cada vez más básico), y que firma Teatro La Re-sentida, están todas las preguntas, todos los cuestionamientos que esta compañía se plantea y, también, algunas de las respuestas. Digamos que su propuesta, Tratando de hacer una obra que cambie el mundo, debería ser su posicionamiento estético y ético; pero la paradoja (o no) es que termina adoptando la voz más empleada en esa posmodernidad, que es el metateatro ―en este caso, el metadiscurso, también― y, por lo tanto, ese regodeo distanciador sobre la incapacidad para crear algo nuevo y para expresar ideas revolucionarias (la izquierda les podría ayudar; pero están solucionando su quiero y no puedo). «Vive en nosotros el anhelo de modificar la sociedad a través de nuestro arte». Y para ello recurren a la sátira de la propia funcionalidad del teatro, del teatro posmoderno en contraposición al teatro político anterior. Al epatante y lleno de guiños conceptuales soliviantados por los fuegos artificiales e infectado de un marxismo que huele añejo y que no conecta con el público actual (ahora hay que venderlo con las proclamas de los marginados sociales). Sigue leyendo →

Cuzco

Víctor Sánchez Rodríguez presenta esta obra sobre una pareja de jóvenes en crisis con la ciudad andina de fondo

Cuando se dispone sobre el escenario el conflicto manido entre una pareja en sus horas más bajas del amor, uno espera alguna deriva diferente, alguna incursión hacia derroteros inéditos. Una forma de huir de los habituales clichés del tedio marital es situarlos en un contexto que los saque de su rutina, un espacio que suponga interacciones provocativas e imprevistas. Unas circunstancias que generen la deseada catarsis, la limpieza de todas esas costras purulentas que no dejan curar las heridas, ya sean de la vulgar cotidianidad o ya de un dolor concreto que el tiempo no ha podido borrar. La ciudad peruana de Cuzco se atisbaba en este sentido (viajar o tener un hijo, tabla de salvación de muchos amantes mal avenidos) como elemento de transformación personal; pero la verdad es que la estructura de la obra no consiente la imbricación requerida. Y es que el espectáculo se anquilosa en el enfrentamiento y en esa narración de hechos que les ocurren en otros lugares y con otras personas. Es decir, los otros personajes nos resultan muy lejanos, más allá de la descripción que nos aportan. ¿Por qué nos debería interesar esta pareja? Sigue leyendo →

Enigma Pessoa

Pablo Viar propone una mirada algo naíf sobre el famoso escritor lisboeta a través de retazos de su vida

Cuando uno admira a un artista, en este caso un poeta, y se ha imbuido en sus obras; más allá de su biografía, construye un itinerario vital ficticio, una especie de recreación romántica absolutamente particular. Reconozco que, seguramente por esperar un montaje que encajara más o menos con esa imagen que uno ha creado en su cabeza, este espectáculo me ha decepcionado mucho. Es más, apenas he llegado a creerme que ese de ahí, ese tipo de bigote que deambula por el escenario, sea el gran escritor lisboeta. Ante un texto que se titula Enigma Pessoa se espera que se demuestre que realmente aquel es un misterio ―como así lo es―, para después intentar desvelarlo ―aunque sea imposible―. Las incógnitas que atenazan la personalidad de este paradójico y polifacético autor están plenamente relacionadas con sus heterónimos, con esas máscaras (Pessoa, ‘persona’, ‘máscara’). Más de setenta, por lo visto, que fue adoptando a lo largo de su existencia y que, incluso, empleaba fuera de la ficción literaria. Sigue leyendo →

No me olvides

Alfonso Lara nos embarca en un viaje de supervivencia por la Rusia revolucionaria de la mano del cantaor Juan Martínez

Lo de la hibridación entre la literatura y el periodismo, entre la novela y la crónica, viene de lejos. Ahora que es tan habitual la autoficción, conviene recordar, por ejemplo, esta obra de Manuel Chaves Nogales, publicada en 1934, y que relata las peripecias de Juan Martínez, un cantaor, un cabaretero que, con su mujer, la Sole, recorrió parte de Europa, desde París en 1914 hasta vivir desde dentro la Revolución de 1917; cuando no hacía más que buscar un país en paz mientras corría la pólvora de la Gran Guerra. Lo atrayente, desde luego, es la intrahistoria. Seguir los pasos de un tipo (ella se ve arrastrada y se muestra bastante dócil) del que no podemos afirmar que sea un gran artista ―ni siquiera, quizá artista, o todo lo contrario, un grande, pero impotente―, que, como ocurre hoy en día por el mundo con algunos «folclóricos» de cartón piedra, no hace más que ser un suvenir viviente que representa los tópicos culturales de su país para ganarse el pan. Alguien que se adapta, que se metamorfosea, que se camufla y que expele la astucia necesaria para sobrevivir en la hostilidad permanente. Antros de mala muerte, garitos regentados por magnates y por príncipes, restaurantes de alto copete, palacios inconmensurables. Cada dos por tres de la ceca a la meca como dos vagabundos arrastrando el frío en los hombros (detalle estupendo, entre otros, en el vestuario de Guadalupe Valero). Sigue leyendo →

Los cuerpos perdidos

José Manuel Mora y Carlota Ferrer discurren con tratamiento frívolo para tratar los feminicidios de Ciudad Juárez

Foto de Sergio Parra

El desconcierto llega enseguida, cuando se establece un tono ilógico y trastabillado que ya no remontará en las dos horas tediosas de función. Porque algunos dramaturgos, adscritos a la narración como técnica preponderante para contarnos su historia ―con lo que eso conlleva en cuanto a la anulación de la representación en sí misma y a que el público se tenga que poner a trabajar imaginativamente más de lo debido y de lo exigible―, intentan tirar por la calle del medio con una voz que dirige el asunto y que simplifica las interpretaciones. «Ustedes se preguntarán por qué les cuento todo esto en lugar de dejar que los actores interpreten sus papeles. Si les soy sincero, he de aceptar que no lo sé…». Reconozcamos que es un recurso fácil y efectista (y lo que te ahorras en escenas y en escenografías). Además, este yo que nos habla ―micrófono en mano, por supuesto―, y que Cristóbal Suárez acoge con su imponente presencia y esa manera de proceder algo blanda y agradable, es un individuo que se metamorfosea súbitamente en un monstruo. Un profesor de física, recién separado de su mujer, acepta una oferta de trabajo en Ciudad Juárez, y nada más llegar se transforma, en un consentidor de violaciones, de maltratos y de crímenes adentrándose en el submundo allí impuesto («Busco. Facilito. Engaño. Proporciono información. Callo. Recibo. Doy. Oculto. Cierro los ojos. Hago que otros cierren los ojos. Juego. Contribuyo. Para que algunos cuerpos disfruten otros han de desaparecer»). Sigue leyendo →

Obabakoak

Un elenco montado en bicicleta para esta propuesta deslavazada de Calixto Bieito sobre la novela de Bernardo Atxaga

Foto de E. Moreno Esquibel

No es aquí el lugar para discutir acerca de la calidad literaria de la novela de Bernardo Atxaga, ni de si debe considerarse tal o una colección de veintiséis cuentos que intentan meterse dentro de un marco narrativo, de igual manera que ocurre en Las mil y una noches o en esa tradición de la cuentística mundial (Calila e Dimna o Decamerón). El aspecto esencial de la propuesta que enseña Calixto Bieito es si en algún momento ha pretendido trazar un itinerario mínimamente coherente o si se ha planteado dotar de autonomía escenográfica a cada uno de los relatos. Este montaje es terrible para el espectador y las deserciones parecen del todo justificadas. Entre las máximas de esos cuentos clásicos a los que hacía referencia se encuentra la tradición oral (es decir, información consabida en los pueblos que la trasmiten de generación en generación), el estereotipo (los personajes vienen determinados por rasgos muy concretos) y un contexto que permite comprender la moraleja final. Trasladado esto a escena, implicaría una definición de los personajes, a través de la descripción clara, de un vestuario, de unos atributos, de unas señas en las que pudiéramos apoyarnos para que nuestra imaginación se vaya coloreando y pueda salir de la oscuridad. Sigue leyendo →

Generación Why

Unas millennials se preguntan acerca del futuro en un espectáculo tragicómico repleto de guiños humorísticos

Todo queda dicho si unas jóvenes que rondan la treintena han esperado a llegar a tal frontera para preguntarse por el futuro. Es signo de los tiempos. Es evidente que ese retraso, ese lapso ralentizado de la veintena y de una adolescencia en la inopia tecnológica también propicia la respuesta casi unánime: la duda, el no saber ni por dónde empezar, el no querer asumir que dejar la contestación en blanco supone continuar con una inercia de la que no eres dueño. Así que las de Teatro en Vilo se han montado un work in progress de testimonios autobiográficos y de jueguecito tipo los fantasmas de la Navidad dickensianos: el presente, el pasado y el futuro. Generación Why es un espectáculo tragicómico de pretensiones existencialistas y derivas absurdas, grotescas y hasta testosterónicas (¡qué manera de gritar y exudar angustia!). Tres actrices a la intemperie de un espacio casi vacío y expuestas a la voz oracular de su directora, Andrea Jiménez García, que las somete seductoramente para que expresen su sentir ante una vida de la que deben hacerse responsables. Sigue leyendo →

El precio

Aires de elegancia melancólica para esta obra de Arthur Miller, interpretada por un elenco muy afinado

Foto de Javier Naval

Es común aplicarle el término de clásico a ciertos dramas estadounidenses concretados por el desarrollo psicológico profundo de sus personajes, bajo unas circunstancias determinadas. Son textos firmados por O`Neill, por Tennessee Williams o, como es en este caso, por Arthur Miller. El precio saltó a escena en 1968 y continuaba ese discurso tan meditado sobre el devenir de las familias tras el crac del 29. Estas obras, en definitiva, se las apoda de clásicas; porque infunden seriedad y están escrita bajo unos parámetros perfectamente identificables; porque el público al que van dirigidas es precisamente esa clase media que las hace revivir a cada poco; ya que son ellos quienes padecen estos conflictos propios de la sociedad urbanita inmersa en los ciclos económicos de crisis y de crecimiento alborozado. Otro tema será que lleguen a formar parte del canon por virtudes literarias. Al fin y al cabo, lo que contemplamos es un manierismo chejoviano. Más allá de que nos conmueva la historia o que la reconozcamos cercana, posee unos diálogos que, por su adensamiento pausado, permiten a sus intérpretes dibujar al personaje en toda su extensión; lo pueden matizar con parsimonia y con madurez. Sigue leyendo →

Un roble

Luis Sorolla se pone al frente de este experimento creado por Tim Crouch, interpretado cada función por un actor distinto

Foto de Luz Soria

Con los prejuicios a flor de piel cada vez que un dramaturgo pretende transgredir las formas teatrales con un experimento al uso, uno siempre espera que el formalismo no se sustente en el vacío y que al final todo resulte una pirueta tan llamativa como intrascendente. Avancemos que Un roble no supone una gran trasgresión y que su contenido se deshilacha en su redundancia. La propuesta estructuralmente se propone convocar a un actor (cada día será uno diferente; no obstante, el margen para encontrar grandes diferencias será exiguo, si no se rompe el «pacto»), que no debe conocer el texto, a participar en una función donde se encontrará con Luis Sorolla, quien no solo hará de maestro de ceremonias, sino que interpretará a un hipnotista. El primer participante de este asunto es Israel Elejalde; que aguarda sentado entre los espectadores. A continuación, es llamado a escena para recibir instrucciones (por lo visto se han reunido una hora antes, lo que incumple el previsto halo de espontaneidad) y nosotros también recibimos alguna indicación. Sigue leyendo →