Paco Mir y Gabriela García recurren al tópico de los universos múltiples para trazar una comedia amorosa sin interés

El mecanismo lo hemos contemplado demasiadas veces. Me refiero a lanzar los dados de la física cuántica, a especular con las múltiples dimensiones de nuestra realidad y a juguetear con la idea de que todo podría ser de otra manera. En unas ocasiones se plasma en los saltos temporales y en otras se hace imbricar en el mismo espacio con dos coordenadas diferentes. Si nos fijamos únicamente en el teatro, en este mismo escenario del Gran Teatro Pavón se ha representado no hace mucho la obra Goteras, una comedia que trabaja con esta situación, como ya lo hizo el año anterior Constelaciones, dirigida por Peris-Mencheta. Otro tanto había ocurrido con Los universos paralelos, de David Lindsay-Abaire, y con If (La ligereza), de la Compañía del Sr. Smith. Son cuatro ejemplos que se multiplican si acudimos al cine. En ellos se da la consabida pretensión de conjugar vidas posibles y, con mejor o peor resultado, asumimos ese devenir en nuestra imaginación. La cuestión es que, en Locuras paralelas, Paco Mir y Gabriela García el asunto se simplifica más y el acontecimiento llega sorpresivamente, sin más, sin elucubrar sobre las causas. Se va la luz y, cuando vuelve, un arquitecto y una arquitecta se hallan juntos en su salón en una confluencia inesperada. Uno ve la cocina de aquella y esta observa el dormitorio de aquel. Así, sin venir a cuento, se da esa circunstancia de vez en cuando para que se vayan conociendo.
Los problemas dramatúrgicos se suceden desde el inicio. La necesidad de provocar unos innecesarios paralelos como un guiño preambular ralentiza la trama. Y, como parece que todo debe ir en pos de la humorada y de que lo importante es esta rareza cuasimágica, los autores se olvidan de redondear a los personajes. Cada cual más esquemático y simplón. Por un lado, contamos con Dafne Fernández, quien interpreta a Luz (véase que se va la luz cuando se producen los encuentros), que está enfrascada con un proyecto de construcción de unas cabañas. La actriz se expresa con naturalidad, pero cuesta creer cómo se enamora después. Su marido es un pánfilo, un obstetra que debe hacernos gracia porque se muestra extremadamente cariñoso con su esposa. Fernando Andina representa con profesionalidad su rol. Mejora en alguna medida la disposición de Gabriel (más luz: blanca), que encarna Sergio Mur. También anda ofuscado entre diseños y todavía manifiesta con más viveza su estrés, su dislocación y esa sensación de que ha perdido la sintonía con su mujer. Esta es la sensata y complaciente Leticia, una enfermera que Diana Palazón desarrolla sin demasiada inquietud, a pesar de las circunstancias.
Lo que se evidencia es que las omisiones son abundantes. De la misma forma que se gastan los minutos mostrando el juego, se salta hacia conductas que dan a entender todo un proceso. En este caso, hablamos del enamoramiento de aquellos que han encontrado un agujero espaciotemporal que los salva de una existencia supuestamente anodina, aunque más podríamos pensar en los efectos del trabajo excesivo. Nada llega a desbordar por ningún lado y el argumento avanza hasta llegar al desenlace esperado, como sucede en estas comedias que se ahorman a las cuitas de la clase media. Recordemos, por lo tanto, en Los vecinos de arriba, de Cesc Gay y en otras tantas con esquemas similares en los que las parejas se replantean su relación. Nada nuevo.
De este modo tan sistemático nos vemos inmersos en un espectáculo sin apenas sustancia más allá de la forma. Es cierto que descubrimos algunos momentos graciosos, sobre todo cuando se solapan las dimensiones, pero más allá de eso el enredo prosigue sin mucho convencimiento por los vericuetos de la siquiatría y la farmacopea para lograr algo de verosimilitud. En definitiva, piensan los más razonables que sus compañeros sufren los estragos del cortisol. Podríamos considerar que, si los otros están en el ámbito de la medicina, también ellos se ven sometidos por la ansiedad de las reformas en el paritorio o de las guardias que se suman unas a otras. En este sentido, el texto cumple con las exigencias del paralelismo y se aferra a él sin matices.
Creo sinceramente que los dramaturgos no han exprimido suficientemente el procedimiento y que se han despreocupado de la creación sofisticada de los caracteres.
Autores: Paco Mir y Gabriela García
Dirección: Paco Mir
Reparto: Dafne Fernández, Sergio Mur, Diana Palazón y Fernando Andina
Ayudante de dirección: Carlos Heredia
Diseño de escenografía y vestuario: Juan Sanz
Diseño de iluminación: Raúl Baena y Eduardo Vizuete
Música original y espacio sonoro: Juanfran Padilla
Diseño gráfico: Hawork Studio — Alberto Valle, Sara Ruiz y Mónica Quiñones
Fotografía de estudio: Juan Carlos Arévalo
Fotografía de escena: Pedro Gato
Vídeo: David González
Peluquería y maquillaje: Roberto Palacios
Producción ejecutiva: Secuencia 3
Dirección de gestión: Marina Feliu
Coordinadora de producción: Inma Almagro
Coordinación técnica: Luis García
Comunicación: Beatriz Tovar
Distribución: Adrián Chico y Borja Galán
Administración: Gestoria Magasaz
Transporte: Miguel Ángel Ocaña
Gran Teatro Pavón (Madrid)
Hasta el 25 de octubre de 2026
Calificación: ⭐⭐
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