Paco Mir y Gabriela García recurren al tópico de los universos múltiples para trazar una comedia amorosa sin interés

El mecanismo lo hemos contemplado demasiadas veces. Me refiero a lanzar los dados de la física cuántica, a especular con las múltiples dimensiones de nuestra realidad y a juguetear con la idea de que todo podría ser de otra manera. En unas ocasiones se plasma en los saltos temporales y en otras se hace imbricar en el mismo espacio con dos coordenadas diferentes. Si nos fijamos únicamente en el teatro, en este mismo escenario del Gran Teatro Pavón se ha representado no hace mucho la obra Goteras, una comedia que trabaja con esta situación, como ya lo hizo el año anterior Constelaciones, dirigida por Peris-Mencheta. Otro tanto había ocurrido con Los universos paralelos, de David Lindsay-Abaire, y con If (La ligereza), de la Compañía del Sr. Smith. Son cuatro ejemplos que se multiplican si acudimos al cine. Sigue leyendo
Podemos encontrar todo tipo de excusas razonables para justificar esta versión tan convencionalista y hasta popular que se presenta en el Teatro Fernán Gómez. Y hablo de excusas, porque sabemos de los conocimientos y del buen hacer de Helena Pimenta a lo largo de su carrera. Pero lo que ha hecho Eduardo Galán con su adaptación es un claro ejemplo de cómo se encuentra el equilibrio entre el montaje desbordante y omniabarcador (que no dejara suelto ni un solo fleco) y la propuesta que «guste» a un público menos avezado o paciente entre el que se deben hallar también los bachilleres. ¿Se merecía esto el centenario del fallecimiento de Pardo Bazán? Pues a falta de otras iniciativas públicas, parece que hay que conformarse. Y aunque se insista en que esta es la primera vez que se sube a las tablas una versión de esta novela; tampoco creo que se deba desmerecer el 


