Regresa El Brujo a las enseñanzas del gurú Paramahansa Yogananda para indagar en diferentes aspectos de la espiritualidad
El Brujo no ha parado en todos estos años de hablarnos sobre su concepción de la espiritualidad. Se dice «rarillo», porque recoge de aquí y de allí para cuestionarse su propia existencia más allá de lo puramente material. Ya, por ejemplo, desde Teresa o el sol por dentro mostró su inclinación por la experiencia religiosa tan peculiar de nuestra mística. Pero fue con Autobiografía de un yogui cuando se adentró en el pensamiento de Paramahansa Yogananda. Por ello, La segunda venida de Cristo aborda, como si fuera una continuación de aquella función, la esencia del libro fundamental de este gurú. Esto añade complejidad conceptual a este proyecto, pues, a diferencia de muchos otros, como El Lazarillo de Tormes, que ha vuelto a representar este mismo verano, no tenemos un argumento novelístico o un anclaje biográfico que facilite la comprensión. Desentrañar capítulos concretos de algunos evangelios, ofrecer diversas traducciones del original en griego e inmiscuirse por abstrusos conceptos teológicos que pueden desconcertar a más de un espectador se conjugan de manera difusa con su gracia.
Quizás, más que en otras ocasiones, adopta el papel del conferenciante, muy al estilo actual, donde los chistes suavizan los arcanos que nos expone. La factura del espectáculo se brinda con la sencillez habitual, donde apenas cabe el apunte musical de Javier Alejano, y unas cuantas referencias pictóricas como «Las bodas de Caná», de Paolo Veronese, o «La cena de Emaús», de Rembrandt. Todo ello le vale para acometer una exégesis sobre aspectos que van desde la filología a la teología pasando por la ética y hasta la psicología. Porque en el fondo de la cuestión está la confluencia de todos aquellos ungidos, aquellos cristos, como Krishna, que han poblado la Tierra para traer la verdad. O, incluso, especular, como hizo Nicolás Notovitch, con el viaje de Jesús hasta el Tíbet, siendo conocido como Issa, durante esos años que no se detallan en los textos canónicos.
Muy diferente es ─así lo recuerda en el extenso prólogo─ esta «segunda venida» a la que se refiere el yogui a todas aquellas anunciaciones que han recorrido la historia y que han resultado baldías y hasta ridículas. El milenarismo, el movimiento alienígena, el esoterismo en la literatura y otras naves del misterio han aguardado a que el mesías regrese, a que Dios se vuelva a encarnar y renueve su mensaje de salvación. Puede que la profundidad que anhele El Brujo poco tenga que ver con la derivación en el New Age de las enseñanzas de Yogananda o con esta moda presente por aquello de acogerse al cajón de sastre de la «espiritualidad», cuando son la ansiedad y el vacío los que empujan.
Paradójicamente este montaje cae sin quererlo en uno de los vicios de la llamada posmodernidad: la ironía. No tan distanciadora y «exquisita» como suele ser corriente, sino impregnada con la comicidad barroca y bufonesca ─siempre con Darío Fo como padre tutelar─ que caracteriza al intérprete. Sin embargo, en esta obra la seriedad que anida en su planteamiento es difícil de sostener, si, como nos conmina al final, debe servir para experimentar, a través de la meditación, la superación de los miedos. Es decir, encajar nuevamente la retahíla de hits, tan archiconocida por sus fans, como la anécdota del cura y su «Conchita Montes», pues nos despista de la hondura. Sigue siendo genial, ágil y espontáneo como ninguno, y nos parece eterno; pero esta vez, seguramente, el tema pedía otro acercamiento. Eso habría supuesto salirse de su asentada «zona de confort». ¿No merecería esta propuesta un enfoque algo distinto o más conciso? Muchos de los creyentes y los descreídos de la platea se lo agradecerían, y aquellos que viven ajustados al racionalismo puede que también descubrieran una vía de concordia con lo insondable.
Por otro lado, resulta muy sugerente que se reflejen elementos que los propios católicos no tienen en cuenta o, si se quiere, las incongruencias que se hallan en el propio Nuevo Testamento y que chocan con las ideas que los cristianos sostienen sin acudir a las fuentes. ¿Es posible que se especifiquen reencarnaciones en los evangelios? De esta manera, se sondea que Juan el Bautista fuera Elías y, por lo tanto, Eliseo, su discípulo, podría identificarse después con Jesús. Son dimensiones controvertidas que se han discutido enormemente en el pasado, a pesar de que hoy apenas forman parte del interés general. En cualquier caso, sirve el fondo para señalar la pura relación entre el auténtico maestro, el guía espiritual, y el alumno. Además, El Brujo, a su modo artístico, ansía ponernos frente al espejo para, tal y como enseña Yogananda, descubramos en nosotros la conciencia de Cristo, la iluminación.
La segunda venida de Cristo o el yoga de Jesús
Basado en el texto original de Paramahansa Yogananda
Actor y director: Rafael Álvarez, El Brujo
Música en directo y composición: Javier Alejano
Videomapping: Óscar Adiego
Diseño de vestuario: Gregonia Moustellier
Diseño de escenografía: Equipo Escenográfico PEB
Diseño de iluminación: Miguel Ángel Camacho
Producción: Herminia Pascual
Teatro Alcázar (Madrid)
Hasta el 27 de septiembre de 2026
Calificación: ⭐⭐⭐
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