Teresa o el sol por dentro

Personal relato de Rafael Álvarez, el Brujo sobre la santa en un espectáculo inclasificable

teresa-o-el-sol-por-dentro-fotoBajo el epígrafe «Ingenio y mística», el Brujo ha perfilado dos espectáculos auspiciados por las conmemoraciones y por una época de transición y crisis como fueron los albores del Barroco. Si hace unas semanas presentaba Misterios del Quijote con su peculiar visión del clásico cervantino, ahora nos ofrece Teresa o el sol por dentro, una semblanza sui géneris sobre la vida de la santa. La pericia de Rafael Álvarez para llevar a su terreno un tema, a priori, áspero, complejo y hasta inapelable, como la experiencia iluminativa de nuestra célebre mística, ronda la genialidad. El Quijote era propicio para el humor, pero que la platea de los Teatros del Canal se rompiera de risa con las confesiones cristológicas de Teresa de Jesús, alcanza un punto herético. Fundamentalmente hay que destacar el equilibrio que el artista ha logrado con esta función. Sus elementos primordiales se compactan de maravilla y, además, se conjugan dialécticamente en un ritmo que va in crescendo hasta dejarnos más que satisfechos con la propuesta. Comienza, como es habitual, con una presentación extensa, en este caso, una contextualización histórica donde salta de acá para allá a través de los hitos más destacables del siglo XVI más otras intertextualidades que él espolvorea y que nos pueden dirigir por cualquier vericueto, ya sea alguna similitud política con la actualidad o alguna costumbre llamativa con la que debamos sentir afinidad. Marca los dos símbolos con los que trabajará concretamente en esta obra (siempre con la palabra como materia prima esencial): la mirada (en su ir y venir confluyendo) y la luz (el sol cambiando de perspectiva en una paradoja astronómica y entrañable). Algo largo este prólogo, quizás, pero del que se pasa como quien no quiere la cosa a la infancia de Teresa. Digamos que el Brujo se propone relatarnos una especie de contrahistoria, una exposición en la que no se autocensure, en la que no se obvien esas anécdotas propias de una moza imaginativa y rebelde entre las murallas abulenses. Como muy bien acentúa el actor, Teresa no nació santa y esto le da para adentrarse en pajares y palomares con mozos pretendiendo hazañas donjuanescas o para situarse en la perspectiva libidinosa de algún cura capaz de solapar la confesión con la insinuación. Por lo tanto, no renuncia a la parte costumbrista de la biografía que, además, combina con sus verdaderos hallazgos teofánicos. El juglar, con los mimbres de su estilo inigualable, encaja digresiones y paréntesis que se entrelazan en múltiples capas. Un episodio, por ejemplo, aquel en el que Teresa mira y es mirada por Jesús en un cuadro o, no se sabe con seguridad, en una escultura, nos da para engarzar el asunto este de la «mirada» con el prólogo, donde Rafael nos había relatado sus indagaciones sobre la mística con un sabio sacerdote, pero le da también para colarse en cuestiones arqueológicas, filológicas o en asuntos más propios de investigadores en pos de la certeza histórica. Porque el autor quiere saber y nos quiere dar a conocer sus propias conclusiones sobre los puntos oscuros y desconocidos aún de esta doctora de la iglesia. También, por supuesto, fuera de todas esas capas se sitúa el metarrelato, una autoexplicación, una reflexión en voz alta de su propio oficio como contador de historias, como emulador ibérico de Dario Fo, como alguien que reconoce irónicamente que repite una fórmula, cuando, en realidad, lo que atesora es un estilo que no para de matizarse (¿quién lo posee con tanta entereza?). Entre todos los territorios que nos muestra prevalece y se siente la hondura lírica que permea la escena cuando la iluminación de Miguel Ángel Camacho y la música de Javier Alejano transmutan a este personaje en aquella «loca» que deambulaba por el convento con Jesús «cabe» sí; y los versos cierran los chistes y las gracias, y nos fuerza a reintegrarnos en una función que termina por zarandearnos. Concluye con intimismo este díptico de esa España de radicales contrastes donde el arte más extraordinario del mundo vislumbraba la decadencia irrefrenable de un imperio. Rafael Álvarez, el Brujo se desvanece entre aplausos y vítores como uno de los artistas más peculiares y originales de nuestro panorama teatral.

Teresa o el sol por dentro

Dirección: Rafael Álvarez

Reparto: Rafael Álvarez, el Brujo

Escenografía: Equipo Escenográfico PEB

Diseño de iluminación: Miguel Ángel Camacho

Director musical: Javier Alejano

Música: Javier Alejano

Directora de producción: Herminia Pascual

Ayudante de producción: Ana Gardeta

Jefe técnico: Oskar Adiego

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 25 de septiembre de 2016

Calificación: ♦♦♦♦

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