La comedia de Fran Nortes continúa con éxito en el Teatro Lara para sondear la corrupción política de España
La abundancia de comedias comerciales que caen en permanentes clichés y que apenas cumplen con las mínimas normas escriturales abarrotan ciertos teatros. Pero también es verdad que, a lo largo de los años, un pequeño grupo de obras sobresale por su ingenio, su viveza e, incluso, por su crítica social. Estas, además, se ganan el favor de unos espectadores tan diversos como numerosos. Por lo tanto, al menos, en una de sus acepciones, podemos certificar su éxito. Esto ha ocurrido con El secuestro, de Fran Nortes, un dramaturgo que ha triunfado con La extinción de los dinosaurios o con Cádiz.
La idea, a priori, del secuestro ejecutado por novatos ya la hemos contemplado en múltiples ocasiones, tanto en el cine como en el teatro. Hace unas temporadas Alberto Iglesias incidía sobre la cuestión en Los secuestradores del lago Chiemsee. Aunque ha sido Jordi Galcerán con Palabras encadenadas y, sobre todo, con Burundanga, quien ha logrado mayor repercusión. De hecho, Nortes, participó en esta última. En cualquier caso, a los veintiocho tenderos del Mercado de La Latina los van a echar y se van a ir al paro. Una operación urbanística va a transformar aquel espacio y, más allá de manifestarse, poco se puede hacer. Y es que quien anda metido en el negocio es el ministro Jiménez. A pesar de que, claro, si el cincuentón de Paco se lía la manta a la cabeza y amordaza y ata al hijo del político a una silla en su propio piso, quizás haya alguna oportunidad. ¿Qué puede salir mal? Ya desde el inicio Juan Carlos Martín elabora a un patético hombrecillo sin capacidad para esas malas artes, y enseguida el capturado lo vacila como quiere. El tal Ángel, un joven avispado, interpretado por Javi Morán, a quien hace poco visto en Invisible, reparte astucia en sus respuestas mientras consigue despistarnos.
Desde el primer instante se percibe que esta obra está pulida al máximo en cada una de sus frases. Se cuidan las reiteraciones para que hagan gracia, pero que no cansen (escúchense los chistes sobre una careta de la Bella Durmiente). Aunque hay un asunto que habrá despistado a más de uno (a mí también): ¿se intercambian los móviles de Montse y la víctima? Porque eso parece, y, por lo tanto, algunas situaciones se tornan inverosímiles o erróneas. Ya que se emplea el teléfono fijo asumiendo tal circunstancia, sin embargo, después, el padre ha localizado el terminal y este sigue en el salón. Ese embrollo no queda muy definido. De todas formas, el sistema de la bola de nieve se aplica sin remisión una vez entran en escena su hermana y cuñado. Diana Palazón es una tía tan echada para adelante que igual te pone firme como si fuera poli o se salta cualquier ley, puesto que no le teme a nada. La actriz se mueve con un ímpetu fenomenal que contrasta con la blandenguería de su marido. Fran Nortes dibuja su papel desde la lealtad del amigo más simplote. Le pone triste que su colega se tenga que marchar a Zaragoza con su familia y que tengan que vender su casa. A él lo que le pirra es jugar a las cartas y a la Play. Lástima que los antidisturbios le hayan dado un pelotazo en un testículo y camine espatarrado. Desde esa postura va adquiriendo un gran protagonismo humorístico, cuando finalmente se desata y adopta un amaneramiento irrisorio, cargado, eso sí, de topicazos (algo parecido sucede en Pero no se lo digas, ahora en cartelera). Al menos sirve para criticar la hipocresía de algunos partidos políticos, pues aquí el vástago es homosexual, pero su prominente padre se niega a desvelarlo en público, salvo si eso puede reportar un buen puñado de votos.
No obstante, el tema que es el de la sempiterna corrupción, el de las mordidas, el de los negocietes de familiares aprovechando las influencias y los contactos. Las sentencias del ministro son inequívocas y Carlos Heredia impone su apostura cuando irrumpe en el último acto para desmadrar aún más el argumento. Sobre todo, funciona que muestre tranquilidad y que acepte (y aceptamos) que amañar concursos es algo habitual. Como no podía ser de otra manera, el engranaje ajusta cada hilo para concretar un desenlace satisfactorio y feliz. De este modo, aunque sea a través de la ficción, nos creemos que el humilde hace justicia.
Autor y director: Fran Nortes
Reparto: Carlos Chamarro / Juan Carlos Martín, Fran Nortes / Leo Rivera / Pedro Moreno Orta, Javi Morán / Óscar Lasarte, Diana Lázaro y Carlos Heredia
Iluminación: Cía. de la Luz
Escenografía: Asier Sancho
Vestuario: Mario Pinilla
Asistente de dirección: Jesús Redondo
Producción ejecutiva: Clara Ortega Bosch
Construcción escenografía: Scenik
Diseño gráfico: Hawork
Producción: Antonio Fuentes (Teatro Lara)
Coproducción: Tío Caracoles
Teatro Lara (Madrid)
Hasta el 13 de septiembre de 2026
Calificación: ⭐⭐⭐
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