Tres noches en Ítaca

Alberto Conejero firma un drama familiar muy emotivo con ecos mitológicos en el Matadero

Foto de Geraldine Leloutre

La pasión de Alberto Conejero por el mundo clásico es una constante en su trayectoria. En mitad de tanto fuego o la versión que realizó sobre Troyanas dan cuenta de ello. Aquí viajamos a la isla donde reinó Odiseo y donde le aguardaba su célebre esposa tejiendo y destejiendo. Qué destino más propicio para que una profesora de griego abandone el instituto antes de la jubilación y se largue allí sola. Tras quince años habitando aquel remoto lugar, ha fallecido de manera un tanto sorpresiva. Allá acudirán sus hijas para hacerse cargo de la situación.

Creo que la inclusión de la voz narrativa, repartida entre las diversas actrices, detallando aspectos que podemos imaginar escritos en unas didascalias, ralentiza una obra que, ya de por sí, se presta a la recreación de la memoria y de los diferentes desvelamientos. Es cierto que esos textos permiten al autor aportar su lenguaje más lírico, esas elaboradas metáforas que tanto lo definen como escritor. Tengamos en cuenta que, además, con buen sentido, se escuchan las palabras de la fallecida con esas remisiones de su fascinación mitológica. Julieta Serrano se cuela en nuestros oídos y eso favorece un cariz poético. Por otro lado, me cuestiono cómo hubiera sido esta propuesta sin el personaje de Penélope, la cual es encarnada por una Amaia Lizarralde un tanto dubitativa. Está claro que su historia vale para suavizar el conflicto, mientras suelta consejos astrológicos; porque trae encima el hartazgo matrimonial y el cansancio de llevar una empresa de telas que va a menos. Verla ilusionarse (y hasta alcanzar la lubricidad) con el albacea oriundo con el que tienen que solventar los distintos problemas que tienen resulta anecdótico. Y es que las otras dos vienen con unas cargas de mucho mayor calibre. Por eso nos parecen tan interesantes. También, por qué no afirmarlo, me pregunto cómo hubiera sido este montaje si estas dos actrices se hubieran intercambiado sus papeles. Quiero decir que algunos estereotipos se siguen remarcando en demasía. De este modo, encontramos a Marta Nieto ofreciendo su imagen impoluta de mujer bella, elegante, segura de sí misma y, sobre todo, exitosa, pues es una astrónoma, una investigadora que se marchó hace bastantes años al extranjero. Es, por lo tanto, alguien exigente que ha tenido que renunciar a demasiados asuntos importantes en su vida, como reconciliarse con su madre, con quien ya no se hablaba. La intérprete realiza una composición muy sólida, con un recorrido interpretativo congruente y muy persuasivo. Asimismo, nos entrega algunos momentos de gran emotividad, como en su derrumbe, cuando entiende lo que ha ocurrido. Así se lo expresa al público muy cercanamente. Será Ariadna saliendo de su propio laberinto.

La que desvela los secretos más delicados es Cecilia Freire. En ella hallamos a Helena, una actriz en horas bajas, puesto que padece alcoholismo. Su rictus de derrota, con esa sonrisa triste tan clarividente, marca su hendidura. No obstante, posee gran fuerza y no dudará en contar que su padre arrastraba una lista de amantes; y de que, cuando enfermó, esperaba que su cónyuge lo cuidara. Situación que aprovechó esta para arribar a Ítaca y abandonarlo todo. El retiro espiritual idóneo para alguien enamorada del griego antiguo y de toda esa mitología tan maravillosa. Capaz, igualmente, de motivar a alguno de sus alumnos, a pesar de su exigencia, como al propio Conejero, quien le escribe una carta realmente cariñosa que estas mujeres leen.

Sabremos que la propia Helena y, también, Penélope la visitaban de vez en cuando. Por ello, no las pillaba de nuevas mucho de lo que ocurría en esa casa que ha diseñado Pablo Chaves. Edificación típica del Mediterráneo, blanca, con detalles sencillos (a los lados las cabras que poseía la señora y unas barcas). El hogar, entonces, en el centro, abierto para nosotros. Atractivo. Fácilmente podemos visualizar un refugio allí. De hecho, la disposición del espacio le permite a María Goiricelaya dirigir a las intervinientes con gran orden, con la sensación de que llenan las escenas.

En definitiva, el dramaturgo nos traslada una obra que merecería quizás pulirse un poco. Pienso que es algo larga para el argumento que contiene. Sin embargo, toca temas esenciales, con una mirada femenina cuidadosa, con esas sutilidades que nos avanzan de fondo el final del camino. Si con Paloma negra adaptó La gaviota, de alguna forma, podríamos pensar que aquí se deja influenciar chejovianamente por las Tres hermanas. La lección está ahí: si todavía hay tiempo para cambiar el rumbo de la existencia y no dejarse llevar por la desidia, por la rutina y lo conveniente.

Tres noches en Ítaca

Texto: Alberto Conejero

Dirección: María Goiricelaya

Reparto: Cecilia Freire, Marta Nieto y Amaia Lizarralde

Con la colaboración de Julieta Serrano

Diseño de escenografía y vestuario: Pablo Chaves

Diseño de iluminación: David Alcorta

Diseño música original y espacio sonoro: Luis Miguel Cobo

Diseño audiovisual: Estudio Gheada

Ayudante de dirección: Eider Zaballa

Coreografía: Alberto Ferrero

Producción: NAVE 10 | Matadero y Octubre Producciones

Nave 10 Matadero (Madrid)

Hasta el 8 de marzo de 2026

Calificación: ⭐⭐⭐

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Un comentario en “Tres noches en Ítaca

  1. ¿Es larga una suite de Bach para cello? Para mí no. Supongo que para otros sí. Depende de si estás disfrutando con ella. Eso me pasó con la obra de Conejero, me hacía disfrutar el propio texto, además de la interpretación y todo lo demás.

    El símil será porque acabo de salir de un concierto en el que han tocado, entre otras cosas, la suite número 3 para cello de Bach, no porque tenga nada que ver con la obra.

    Gracias por la crítica y un saludo

    Concha

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