Taxidermia de una alondra

Iván López-Ortega plantea en su montaje junto a Macarena Sanz un estudio peculiar de nuestra tendencia a lo morboso

Para que sigamos lanzando loas sobre Iván López-Ortega (acaba de dirigir de manera elocuente Tormenta, de Strindberg), antes de que abandone su condición de joven promesa, debemos contemplar Taxidermia de una alondra, que es su creación más genuina y la que nos puede dar la pista acerca de sus concepciones estéticas y filosóficas. A priori, me animo a relacionarlo con Nao Albet y Marcel Borràs, por aquello de la falsificación y la infinita autoficción, y por todos esos efectos de la autorrecursividad que procura la escritura metaficcional. Mecanismos que hallo igualmente en Las apariciones, de Chaves y Delgado-Hierro. Por otra parte, rezuma la influencia de Pablo Rosal, quien presentó, por ejemplo, en este mismo Teatro del Barrio, su Castroponce. Es decir, ironía, posthumor, paradojas que se ensamblan performativamente en espectáculos de carácter ensayístico y conferencial. Sigue leyendo

Escena – Fin de temporada 2024-25

Repaso a los espectáculos más sobresalientes de este curso que acaba de finalizar en la esfera teatral

Foto de Jean Louis Fernandez

Que la tendencia conservadora y buscadora de públicos más talluditos y fieles se va imponiendo en la mayoría de los teatros es ya una obviedad. De alguna manera, esta pulsión arrastra también a creadores que estarían dispuestos a arriesgarse más; sin embargo, ven que el propio ambiente lo ha hecho más complicado. Parece que ciertas líneas se van difuminando como, por ejemplo, esas ínfulas juveniles de otros años donde se nos esputaban consignas sobre su sacrosanta identidad; pero con tono victimista y ñoño. Sigue leyendo

El profesor no ha venido

Pablo Rosal continúa su exploración sobre la incomunicación con este «ejercicio en la explanada» en el Teatro del Barrio

El profesor no ha venido - Foto de Marina Castañeda
Foto de Marina Castañeda

Genuina obra de Pablo Rosal esta. El dramaturgo más incisivo, original, misterioso y profundo del momento. Si hace unas semanas hablaba de su anterior e imperdible montaje Hoy tengo algo que hacer, esta nueva incursión se encajaría similarmente en esa temática de la estupefacción y la maravilla de los albores de la filosofía hasta bordear el absurdo, con tintes kafkianos. Por lo tanto, Los que hablan está presente y Castroponce reverbera como lección, como conferencia. Sigue leyendo

Hoy tengo algo que hacer

Pablo Rosal se acoge con Luis Bermejo a la tradición picaresca para abordar cuestiones existencialistas en nuestra sociedad actual

Hoy tengo algo que hacer - FotoViene Pablo Rosal demostrando un talento extraordinario en el pergeño de sus textos y en la capacidad para trasladarlos a escena sin grandes alaracas, ni posdramaticidades excesivas. Tiene mucho de literario, de narrativo, de peculiaridad irónica y de crítica sutil a varias cuestiones de la realidad. Además, va trabajando con distintos géneros, como el negro en Asesinato de un fotógrafo (el montaje más flojo de sus últimos proyectos), el dadaísmo trufado de absurdo en Los que hablan o la conferencia dramatizada en Castroponce y, ahora, la emprende con el bildungsroman, con ese cariz novelístico muy habitual en la Ilustración con extensiones hacia el realismo decimonónico y con fuentes que beben de nuestro siglo de oro, con Gracián o Quevedo (más que de la picaresca del Lazarillo, por mucho que nos encontremos una obra con siete tratados, también, y con un cita inicial). Sigue leyendo

Contención mecánica

Zaida Alonso elabora esta performance acerca de este método tan polémico en los hospitales siquiátricos españoles

Contención mecánica - Foto de Corina López de Sousa
Foto de Corina López de Sousa

Loable siempre es dar voz a todos aquellos que carecen de ella. Lo que ocurre es que el teatro-denuncia (que es tan distinto del «teatro que denuncia») cae con demasiada frecuencia en la escena contemporánea en el sesgo ideológico (de la misma vertiente en general). El gran problema es que el espectador inteligente (o no) se queda atenazado, paralizado y sin posibilidad de diálogo con la obra. Sigue leyendo

Castroponce

Pablo Rosal inventa en este magnífico proyecto un simposio sobre teatro y política para incidir con fino humor en sus ambivalencias

Castroponce - FotoPablo Rosal, como demostró en Los que hablan (con todas sus pegas), posee una visión peculiar dentro de la escena; a pesar de que su último trabajo Asesinato de un fotógrafo me defraudara. Darles una vuelta sustancial a los textos, observarlos tangencialmente, cuestionar el mismo lenguaje o llevar a un terreno paradójico los distintos tipos de discurso es su tarea artística. Otros lo intentan con la matraca del metateatro más básico; pero él acentúa algunas claves que proceden más de la poesía y de cierta narrativa experimental que del teatro más convencional. Castroponce. Teoría y praxis del teatro político en el siglo XXI es una obra de gran inteligencia, compleja, divertida y, sobre todo, incisiva. Sigue leyendo

Los despiertos

El dramaturgo José Troncoso crea su obra más profunda a través de las vidas de tres barrenderos en la contemplación del absurdo

Los despiertos - FotoContinúa exprimiendo su estilo José Troncoso y esta vez con una de sus propuestas más acertadas, más profundas en su cosmovisión y mejor desarrolladas en cuanto a su trama y a la plasmación de unos caracteres que, nuevamente, se configuran como marionetas, como clowns que caminan con rápidos pasos cortos con los pies hacia fuera. Como unos vagabundos, adoradores de Diógenes, que observan el mundo fuera de él, mientras la muchedumbre duerme. Son tres barrenderos que nos evocan un reducto onírico, como si fueran emanaciones de unos tipos que han vivido historias dolorosas y que los subsumen en una alegoría de sí mismos. Propiciar este cuadro estrafalario y altamente raro es el acierto mayor del dramaturgo. Luego, cada una de las biografías puede tener más o menos enjundia, puede remitirnos a un costumbrismo más o menos rancio; la cuestión es la atmósfera por la que deambulan: un limbo de nocturnidad. Sigue leyendo

Homenaje a Billy el Niño

Una obra que satiriza, desde el teatro-documento, los «cabos sueltos» de nuestra Transición, a través de la historia del inspector de policía Antonio González Pacheco

Homenaje a Billy el Niño - Foto de Laura Ortega
Foto de Laura Ortega

No han faltado en las últimas décadas —antes y después del 15 M— distintos cuestionamientos sobre el relato de la Transición. El borrón y cuenta nueva, la monarquía de partidos, el pragmatismo por encima de todo, el dejar atado el sistema controlando las estructuras y propiciando, a la postre, todo tipo de corrupciones y corruptelas que hemos padecido y lo seguimos haciendo. Entre las amnistías y el querer insistir en el olvido de muchas tropelías es muy comprensible que muchas víctimas de los zurriagazos del último franquismo quedaran desvalidas. Así quedó reflejado en el documental El silencio de los otros (2018), trayendo, sobre todo, a colación el tema de la Memoria Histórica. Otro documental, titulado Billy (2020), fue dedicado íntegramente a la figura de Antonio González Pacheco. Y, por lo tanto, podemos tomarlo como referencia también para observar la obra que firman Ruth Sánchez y Jessica Belda en el Teatro del Barrio. Sigue leyendo

Una galaxia de luciérnagas

La terrible experiencia de Aina Tur fragua con profundidad en la interpretación desasosegante de Anna Alarcón

La actriz Anna Alarcón, a quien desearía ver sobre los escenarios mucho más, posee una impronta de enorme atractivo. Es una intérprete que te enchancha con su potencia gestual y esa voz de toques masculinos. Me resulta inapelable su comunicación dramatúrgica y después de Sé de un lugar y Desayuna conmigo, Una galaxia de luciérnagas me vuelve a convencer sobre mis pensamientos. Se ha puesto al frente, en solitario, de uno de esos monólogos que en los últimos tiempos se entreveran de narraturgia y de cierta distancia con el acontecimiento. Quizás esta última característica, materializada con apelaciones al espectador, como si estuviéramos en una conferencia conciliadora o que busca la comprensión del otro, me saca de la obra. Es la mayor pega que puedo encontrar; aunque, a decir, verdad, no se abusa de este procedimiento. Nos situamos en un país de Centroamérica que no quiere ser desvelado —muchos otros detalles tampoco pueden revelarse, porque el asunto aún puede traer cola—. El suceso transcurre el 24 de julio de 1998. Como si fuera una crónica periodística —sabemos que el relato se basa en una experiencia real sufrida por la dramaturga y directora Aina Tur—, entremezclada de autoficción, pero sin cargar las tintas como últimamente se hace, llevando lo personal e íntimo hasta un límite casi obsceno. Sigue leyendo