Eva contra Eva

Ana Belén intenta imponer su experiencia sobre las tablas para sacar adelante una función timorata en el Teatro Reina Victoria

Eva contra Eva - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Si este montaje llevara otro nombre (para no dar pistas) y en ningún lugar figurara que está inspirada en la celebérrima cinta de Mankiewicz (director y guionista, nada menos) todavía podría mirarse con otros ojos. Pero aquí las comparaciones son tan odiosas que uno ya no se siente decepcionado, ni defraudado; sino, nuevamente engañado por las artes publicitarias. Pau Miró es el máximo responsable de esta desatinada adaptación (o quiera que deba llamarse) y eso que él ha estado detrás de proyectos donde ha demostrado su valía como escritor y dramaturgista. No hay más que recordar Pedro Páramo o Tierra baja. ¿Qué ha pretendido mostrar? ¿O qué le han obligado a disponer? Ninguno de los personajes que se muestran en escena tiene la más mínima hondura. Ningún carácter ofrece contrapeso a la gran protagonista, y esta ni siquiera tiene que desplegar su ingenio o su rabia o su astucia —si es que posee estos atributos; porque realmente no se atisban—. Mankiewicz perfiló unas personalidades suficientemente complejas para que lo aparente se tornara confuso y el descubrimiento de las ambiciones se adobara con la envidia en una partida de soberbias. En el Teatro Reina Victoria la debilidad o la insignificancia son las notas predominantes en esas almas aturulladas por una incursión metateatral que no engarza coherentemente con la otra «realidad». Pero vayamos al comienzo para sospechar el desastre. Mel Salvatierra es una de esas quejosas actrices jóvenes de hoy en día que no para de poner pegas y excusas para demostrar su mala suerte, la precariedad de su trabajo, la falta de oportunidades, porque las veteranas lo copan todo, etcétera. La actriz no tiene fuste posible, es transparente y no podemos esperar nada de ella; puesto que todo le viene sobrevenido hasta el punto de que, de repente, ya se nos explica que ha sido elevada de categoría, que ha ascendido, que la han situado por encima de su ídolo. ¿Y Ana Belén? Pues que viene de hacer Antonio y Cleopatra, y que es la última actriz de una época (con permiso de la Espert y la Herrera), y que por eso el papel le vendría que ni pintado, si pudiera lucirse como debiera. Se luce, claro; ya la conocemos, y ella nunca deja pasar la oportunidad de marcar su territorio. Y, además, le han concedido ese efecto tan horroroso del doble final, doble de tandas de aplausos (la primera, bajo engaño al público en el fundido a negro) y la segunda, después de alcanzar el patetismo antirromántico. El golpe de soberbia que interpreta en un momento determinado para recrear el clímax es el ejemplo más clarividente de que salirse por la tangente requiere de toda una atmósfera previa que debe macerarse con más inteligencia. Es justo afirmar que nos encontramos con distintos momentos de gran pulsión, todos ellos con Ana Belén defendiendo su rol con gran entereza y esa grandilocuencia que la caracteriza. Son chispazos que nos dan esperanza sobre un destino dramático más trascendente que no termina de llegar. No ve Silvia Munt que al montaje le falta tensión y vileza en algunos instantes, que la trama se percibe plana y confusa con esa intromisión de falso onirismo, de teatro dentro del teatro que necesita un juego de espejos donde la Eva de Salvatierra debe ofrecer un contrapunto de mayor ambición. Si nos centramos en el resto de personajes habrá que concluir que Javier Albalá está muy lejos de ser significante como dramaturgo y director. Un tipo demasiado ingenuo y fantasioso; sin empaque, como para enfrentarse con una celebridad. Mientras que Manuel Morón se reparte en dos papeles. Uno de ellos como una especie de policía en ese proceso de seudothriller al que se nos quiere arrastrar y que no tiene demasiada continuidad. Y como crítico; pero este parece más un complaciente periodista parasitario a la espera de ver qué se cuece. Mientras que Ana Goya, la representante, acaba por parecer una asistente entre servicial y desencantada, que no aporta una perspectiva acerca de la profesión más experimentada. Puesto que se nos explica de qué va esto del teatro, por supuesto; pero también se incluye la cuñita insoportable de la actriz que se molesta porque las mujeres lo tienen más difícil. Las grandes ambicionadoras no entran en cuitas de tan bajo nivel. Otro aspecto que merece la pena señalar es la inclusión de dos grandes pantallas a modo de espejos iluminados tan propios de los camerinos. Son enormes y molestos para un escenario un tanto estrecho. Se entiende la idea, lógicamente; pero, si se requería —como se requiere— introducir un vídeo, una pregrabación donde se dé cuenta del viaje en coche de la protagonista, no hacían falta estos armatostes. Puesto que, después, tampoco se aprovecha demasiado en las grabaciones en directo según transcurre la función. No obstante, Enric Planas ha estado muy acercado con el estrado escalonado que lleva a la puerta lateral. Esto sí que permite una entrada y una salida más vistosa de los actores, y una mayor abertura escénica. En definitiva, para acercarse con mayor generosidad a esta Eva contra Eva, quítense de la cabeza aquella obra maestra titulada All About Eve; si no quieren ser víctimas del pecado original.

 

Eva contra Eva

Adaptación y dramaturgia: Pau Miró

Dirección: Sílvia Munt

Reparto: Ana Belén, Mel Salvatierra, Javier Albalá, Manuel Morón y Ana Goya

Escenografía: Enric Planas

Iluminación: David Bofarull

Vestuario: Nídia Tusal a partir del diseño original de Miriam Compte

Sonido: Jordi Bonet

Creación y realización de vídeo: Daniel Lacasa

Caracterización: Chema Noci

Piano: Jaume Vilaseca

Ayudante de dirección: Matilda Espluga «Tilda»

Ayudante de vestuario: Monica Teijeiro

Diseño técnico de vídeo: Martín Elena

Dirección técnica: Pedro P. Pérez, Trasescena

Técnico de luces: Víctor Cadenas

Técnico maquinista: Juan Duarte

Regidora y gerencia compañía: Ruth Alonso – Trasescena

Confección de vestuario: Sastrería Pretaporter

Construcción de escenografía: Taller de escenografía Jorba Miró

Fotografía: Javier Naval

Jefa de producción: Clàudia Flores

Producción ejecutiva: Macarena García

Dirección de producción: Josep Domènech

Distribución: Bitò

Una producción de Bitò Produccions

Teatro Reina Victoria (Madrid)

Hasta el 9 de enero de 2021

Calificación: ♦♦

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