Dis7opía

La Sala Intemperie recoge siete escenas morales para un futuro que nos amenaza a la vuelta de la esquina

He de reconocer que la obra de Esteve Soler, Contra la democracia, que pudimos ver hace unos pocos meses, y la versión rumana, a la que pude asistir tiempo atrás, me había dejado un mal sabor de boca; puesto que las siete piezas que configuraban ese «guiñol» me parecían de un zafio populismo tremendo. Salvo uno de los fragmentos, el cual fue llevado en forma de cortometraje al cine, titulado Interior. Familia (2014), en el que unos padres declaraban su odio imperioso a su hijo el día que cumplía dieciocho años. Me pareció de un absurdo corrosivo extraordinario y chocante. Afortunadamente, esta Dis7opía, también compuesta de siete secuencias, sigue más la línea de ese sketch, lo que nos permite hallar situaciones altamente paradójicas con las que el espectador puede verse interpelado. Desde luego, no todas las teselas que configuran este mosaico entre pesimista y crítico, poseen calidad suficiente; pero, al menos tres, creo yo, establecen una mirada suficientemente original y contemporánea; además de estar escritas con inteligencia. El marco de referencia es la estética prototípica del futurismo que suele mostrar a los individuos ante un sofisticado y uniformado mundo dominado por la tecnología y el control. Aunque luego cada historia funciona con total independencia. Es necesario destacar que el espacio escénico y las videoproyecciones de Álvaro Espinosa, y la escenografía de Clara Maseda, son un verdadero acierto y cubren con creces las lógicas carencias materiales y económicas que uno encuentra en los locales tan modestos como la Sala Intemperie. La primera pieza es un breve golpe de efecto sobre la aparición de una niña negra (recreada como un seudoholograma) en el salón de una joven pareja que los desconcierta. Primeros toques ilógicos que anuncian el choque manifiesto entre la realidad y nuestras posibles disquisiciones de un mundo que va superando totalmente nuestra imaginación. La segunda porción es una de las flojas, no por el concepto (la idea de que en un futuro toda la gente estará empastillada para mantenerse en estado de enamoramiento); sino por la multitud de explicaciones que se llevan a cabo en lugar de desarrollar la mínima trama. Lo mismo ocurre cuando, en otra de esas escenas similares a Black Mirror, se plasma un sistema futurista de matrimonios concertados, donde todo queda preestablecido (incluso el divorcio). En esta medida, las actuaciones de Jorge Páez y de Alba Fontecha se ven un tanto lastradas, porque se ven sometidos a una expresividad levemente exagerada que les resta verosimilitud. Ambos, además, participan en otro fragmento, donde se recrea esta situación que ya empieza a repetirse en la red, y que consiste en grabar accidentes o a personas heridas, demostrando que importa más la posible viralidad del vídeo ―y la suma de visitas al canal del responsable―, que la lógica ayuda que debería prestarle. Definitivamente, esta pieza se embrolla al final con un diálogo poco trabajado e inconsecuente, lleno de excusas ridículas. Por su parte, Javier Hernández nos brinda unas interpretaciones repletas de vigor, cuando protagoniza los tres trozos más valiosos y por los que de verdad merece atender a esta obra. En la primera de ellas, este se cuela en la casa del vecino y adopta una kafkiana normalidad ante el estupor de su dueño cuando llega a su piso. En la segunda, una de las más críticas e irónicas, vemos al actor engrandando su ego mediante una especie de «espejito mágico» de Blancanieves; una aplicación que sirve para que alguien ―un empleado precario a miles de kilómetros de distancia― te alabe sin el más mínimo pudor, hasta que se «rompe» el acuerdo. O, finalmente, en donde Adán y Eva se topan en su cocina con una manzana gigantesca, que ya no representa la tentación, el pecado; sino la abundancia. Juan López-Tagle ha engarzado con sabiduría y gran medida de los tiempos todas estas escenas morales, que se caracterizan por encontrar derivas dentro del discurso racional, con una visión futurista. Un espectáculo breve, de buena factura y con aspectos llamativos y atrayentes que persuadirán a un público que, indudablemente, pillará desprevenido.

Dis7opía

Autor: Esteve Soler

Dirección: Juan López-Tagle

Reparto: Alba Fontecha, Jorge Páez y Javier Hernández

Espacio escénico y videoproyección: Álvaro Espinosa

Escenografía: Clara Maseda

Vestuario: Anita Singers

Producción: Mesina Troupe

Sala Intemperie (Madrid)

Hasta el 5 de julio de 2018

Calificación: ♦♦♦

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