Los vecinos de arriba

Una comedia de parejas sobre el liberalismo sexual con la que debuta el director Cesc Gay

Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

Uno de los aspectos que caracteriza la filmografía de Cesc Gay es la sinceridad, es decir, qué papel juega la sinceridad en una sociedad que necesita tanto la hipocresía para solventar las complejas relaciones que se establecen a nuestro alrededor. En fin, o contamos lo que pasa, lo que ocurre de verdad (si es que lo sabemos) o continuamos con la farsa que, al fin y al cabo, puede resultar cómoda, modestamente tranquila e, incluso, divertida si se da el caso. Pero para forzar el nudo, el ahora dramaturgo, tensa los hilos, presiona y, al final, esa sinceridad de la que hablaba antes se desborda. Normalmente, sus películas (podemos fijarnos en algunas como En la ciudad, Una pistola en cada mano o, en la última, Truman) se mueven en el melodrama, con tendencia a la comedia, pero no, desde luego, con esta clara propensión hacia la sátira, hacia el retorcimiento de las costumbres de un matrimonio que, al principio, nos parece que se maneja en un equilibrio suficiente con altas dosis de cinismo irónico y oxigenante. «Yo he sido de izquierdas de toda la vida», comenta más adelante. Hablamos de modelos, de estereotipos, de esquemas sociales en los que nos vemos incluidos cómodamente o no. Balanceamos nuestra mirada hacia una pareja o a otra como si fuera un combate en el que alguien debe ganar necesariamente, en el que la victoria o la derrota de todos es imposible. Sigue leyendo