El discurso del rey

El Teatro Español acoge la versión dramática de la exitosa película acerca del monarca tartamudo

seven15cdm05280186Glúteos y espalda torneada del futuro e inesperado monarca son vestidos por un mayordomo antes de que su tartamudez lo exponga al ridículo en un discurso que él no debería haber pronunciado. La película El discurso del rey fue tan popular en su momento y tan sobrevalorada (cinematográficamente no aguanta un análisis mínimamente crítico) que no podemos quitárnosla de la cabeza. El argumento juega con dos líneas que obligatoriamente deberían tender a la confluencia. Ni la conseguía el film, ni la logra su versión teatral. Por un lado, Europa va de cabeza hacia la segunda guerra mundial, es un hecho de tal calibre que es imposible esbozarlo únicamente como contexto narrativo, de hecho, esta línea debería ser la fundamental. Por otra parte, el rey Jorge VI posee graves problemas en el habla que, para más inri, proceden de conflictos en la infancia, ya se sabe, el segundo que no recibe el cariño adecuado y se nos pierde (doble trance). Como digo, ambas líneas deben aunarse para que el famoso discurso cobre la relevancia que en verdad debería tener y, mucho más, si nosotros conocemos el sanguinario desenlace del conflicto bélico que se aproxima. Aquí parece que las peripecias pedagógicas del peculiar terapeuta de su majestad y las victorias vocales de este permiten crear una historia trascendental. Lo trascendente tiene que ver con la paradoja que se establece entre la baja autoestima de un heredero, manifestada en su tartamudez, y las descomposiciones dinásticas en el seno de su familia, sumadas a las disoluciones políticas con el ascenso de Hitler.

La versión que ha preparado Emilio Hernández y que ha dirigido Magüi Mira es innecesariamente larga y pesada, sobre todo la primera media hora. Es evidente que si cargas las tintas sobre un personaje tartamudo la obra difícilmente va a fluir. Somos conscientes de las dificultades del duque de York, al que da vida Adrián Lastra en el que seguramente sea el papel de su vida hasta el momento. El tono que adopta desde el primer instante, la manera en la que su mirada tímida y su habla trastabillada van apoderándose de la función, permiten una cohesión actoral que no posee el texto dramático. Aún brilla más su actuación gracias a un elenco con gran experiencia y profesionalidad. Hace muy pocos días disfrutábamos de Ana Villa en Mujeres y criados sobre las mismas tablas, y ahora con la reina Isabel vuelve a ejercer su dominio como actriz. Lo mismo que Ángel Savín, que en esta temporada ha triunfado con la ganadora del Max, Cuando deje de llover. Aquí manifiesta su firmeza y su seguridad con un Winston Churchill rotundo, que debería tener mayor presencia y que debería ser el enlace entre las dos líneas narrativas. Roberto Álvarez (el año pasado lo vimos en Continuidad de los parques) es el otro gran protagonista, Lionel Logue, el falso terapeuta, el actor fracasado que emplea métodos curiosos, mucho más enfocados a la cuestión psicológica que a la fonadora, perfila su personaje con apostura y encanto. Finalmente, Lola Marceli dispone de un pequeño papel como Wallis Simpson; es una pena que su presencia sea tan breve, ya que desengrasaría más una obra que por momentos se observa demasiado sombría. Junto a ella, el títere duque de Windsor, que interpreta Gabriel Garbisu, intenta agitar a su desvalido hermano.

Es un acierto de la directora haber creado un espacio escénico sencillo y haber dado cabida a pequeñas coreografías (ejecutadas con cierto anquilosamiento) que permitan un paso más cómodo entre las escenas. Aunque se echa en falta que el conflicto bélico en ciernes permee más profusamente en la conciencia de un hombre imbuido por su tartamudez, es, indudablemente, una gran historia que cuenta con un magnífico reparto, aunque le falte unidad y concisión.

El discurso del rey

Autor: David Seidler

Versión: Emilio Hernández

Dirección: Magüi Mira

Reparto: Adrián Lastra, Roberto Álvarez, Ana Villa, Gabriel Garbisu, Lola Marceli y Ángel Savín

Vestuario: Helena Sanchis

Iluminación: José Manuel Guerra

Coreógrafa: Fuensanta Morales

Espacio sonoro: Marco Rasa

Espacio escénico: Magüi Mira

Teatro Español (Madrid)

Hasta el 28 de junio de 2015

Calificación: ♦♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso el 15 de junio de 2015.

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