El año del pensamiento mágico

Jeanne Mestre se mete en la piel de la escritora Joan Didion para revelarnos su personal annus horribilis

El año del pensamiento mágico - FotoAhora que somos inmortales, en Occidente, la muerte es una tragedia inédita y tan insoportable que hasta que no llega uno es incapaz de convencerse de su existencia. Joan Didion nos da la buena nueva, ella ha sufrido una pérdida y, nos avisa, «a ustedes también les va a ocurrir». Fue la primera mujer en perder a su marido de repente; John Gregory Dunne, a la edad de 70 años.

¿Cómo nos debemos tomar el discurso sobre el alabado texto El año del pensamiento mágico? Por lo escuchado en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español quizá como la liberadora expresión de una escritora que vive en Nueva York y a la que parece que la vida le ha respetado hasta ese fatídico momento. Lo verdaderamente duro es que su hija estuviera en coma en esos mismos instantes debido a las complicaciones de una neumonía. Indudablemente horroroso. Luego, cuando despertó, pudo asistir al funeral de su padre. ¿Cómo integrar desde nuestra posición ese recorrido descriptivo de los hospitales como si fueran hoteles de cinco estrellas? Uno busca la respuesta a tanto dolor, pero se encuentra con aquello del «pensamiento mágico» que, en la Gran manzana, en diciembre de 2003, por mucho que se decore con parafernalia antropológica y chamanismo apache, huele a técnica coaching, a truco de autoengaño como al que recurren todos aquellos que se enfrentan a una muerte cercana e inesperada. Si no recojo sus zapatos, volverá. Hasta que el duelo remite y la espera se esfuma. ¿Por qué este texto debe ser extraordinario? ¿Qué nos aporta? ¿Es Joan Didion el ejemplo de algo?

Se conjuga la desgracia con el relato glamuroso acerca de Malibú, de sus playas, de lo fantástico que es escribir guiones para Hollywood o de cómo se organiza un viaje en avión para trasladar a tu hija que de nuevo se ha puesto enferma. Se atisba la locura, pero no se vive en ella. El narrador lo cuenta todo a posteriori con la distancia del estilo de fría no-ficción. Jeannine Mestre asume el texto con cierta monotonía y leves dudas, de los que escapa con la pronunciación exagerada del inglés y de ciertos respingos cuando recuerda momentos alegres. ¿Por qué Juan Pastor no nos ha adentrado en ese pensamiento mágico y en esa inmersión hacia la esquizofrenia de la pérdida irreparable? La escenografía representa una playa de esas con agua que no moja y sol que no quema.

Joan Didion forma parte de esos escritores exitosos como Truman Capote o Tom Wolfe que configuran el Nuevo periodismo, ese juego de no-ficción literario que emana glamur bohemio neoyorkino y que ha devenido en trampantojo y superficialidad, en gloria efímera que suena como la flauta de Hamelín, como a campaña de Céline con la escritora de modelo. Ellos son, en gran medida, culpables de la cochambre americana de la posmodernidad, de la distancia irónica y protectora que otorga la hegemonía. Es de suponer que la muerte real en un mundo tan holográfico sea verdaderamente horrorosa; aunque las penas con pan son menos.

El año del pensamiento mágico

Autora: Joan Didion

Dirección: Juan Pastor

Reparto: Jeannine Mestre

Iluminación: Sergio Balsera

Espacio escénico: Juan Pastor

Vestuario: Teresa Valentín-Gamazo

Joyas: Chelo Sastre

Teatro Español – Sala Margarita Xirgu

Hasta el 14 de junio

Calificación: ♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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