Séneca

Una versión del texto de Antonio Gala acerca del filósofo cordobés, musicada y carente de buen gusto

Foto de marcosGpunto

La posmodernidad nos está estampando tales artefactos que uno puede llegar a la conclusión de que acabaremos subsumidos por una gran y única obra llamada Batiburrillo. Si pensábamos que con César y Cleopatra, Emilio Hernández había logrado un imposible, con esta función se alcanzan unas cotas inenarrables para el Centro Dramático Nacional. Séneca ha perdido la aposición —«El beneficio de la duda»— que Antonio Gala le impuso. Ahora viene a secas, aunque podríamos renombrarla como Séneca, el musical o Séneca, en Las Vegas. Parece que aquí lo único que cuenta es crear un producto con aires de clásico (algo que suene a Roma o a Grecia), al que se le usurpen todos aquellos posibles devaneos intelectuales o vericuetos filosóficos, y al que se le sumen toda clase de elementos espectaculares (música, canciones, humo, desnudos, etc.) para que el próximo verano el Teatro romano de Mérida esté a rebosar y nadie salga con la más mínima intención de suicidarse estoicamente. Lo que nos hemos encontrado en la sala principal del Teatro Valle-Inclán es un pastiche kitsch, un montaje hortera en el que se mezclan sin sentido aderezos que sumergen lo sentencioso del discurso senequista en el subsuelo como una mera excusa. Sigue leyendo

César y Cleopatra

Encuentro de los célebres personajes en una propuesta demasiado fría para representar su pasión

César y CleopatraConocemos la trayectoria como directora teatral de Magüi Mira en los últimos años. Sus montajes cumplían, desde luego, con el interés y la profesionalidad que se le exige a una persona experta en esta lides, ya fuera en Kathie y el hipopótamo, En el estanque dorado o El discurso del rey. Más allá de ciertas cuestiones de mayor calado, no se puede afirmar que fueran inadecuadas dentro de la esfera dramática. Pero con lo que nos topamos en César y Cleopatra es un desatino. Sospechamos que la propia Mira es consciente de ello. A priori, el tema parece atractivo. Gracias a la fantasía del autor Emilio Hernández, los espíritus encarnados de Cayo Julio César y la reina de Egipto se encuentran en el presente para recordar su amor apasionado y para clarificar las tropelías que han cometido los historiadores con ellos. Estos espectros que surgen de la bruma son Ángela Molina y Emilio Gutiérrez Caba. Sigue leyendo

En el estanque dorado

Lola Herrera y Héctor Alterio protagonizan en el Teatro Bellas Artes el clásico de Ernest Thompson

enelestanquedorado-5La obra que estrenó Ernest Thompson en 1979 huele a clásico por los cuatro costados. Es un texto muy deudor  de los grandes autores estadounidenses como Eugene O´Neill o Thornton Wilder, donde lo que prima es el  núcleo familiar con esas lógicas grietas que se van abriendo según avanza la función. También es evidente la  influencia de Chejov, con ese paso del tiempo tan lento y esa sensación de que no ocurre nada. Aquí, dos  ancianos, Etel y Norman, vuelven un año más a su retiro en el Estanque Dorado, una laguna repleta de patos,  peces y millones de insectos. Ella es Lola Herrera, una de esas madres y esposas alegres, activas y con una  paciencia henchida de generosidad. La actriz nos regala de nuevo una de esas actuaciones cargadas de  magisterio. Sigue leyendo

El discurso del rey

El Teatro Español acoge la versión dramática de la exitosa película acerca del monarca tartamudo

seven15cdm05280186Glúteos y espalda torneada del futuro e inesperado monarca son vestidos por un mayordomo antes de que su tartamudez lo exponga al ridículo en un discurso que él no debería haber pronunciado. La película El discurso del rey fue tan popular en su momento y tan sobrevalorada (cinematográficamente no aguanta un análisis mínimamente crítico) que no podemos quitárnosla de la cabeza. El argumento juega con dos líneas que obligatoriamente deberían tender a la confluencia. Ni la conseguía el film, ni la logra su versión teatral. Por un lado, Europa va de cabeza hacia la segunda guerra mundial, es un hecho de tal calibre que es imposible esbozarlo únicamente como contexto narrativo, de hecho, esta línea debería ser la fundamental. Por otra parte, el rey Jorge VI posee graves problemas en el habla que, para más inri, proceden de conflictos en la infancia, ya se sabe, el segundo que no recibe el cariño adecuado y se nos pierde (doble trance). Como digo, ambas líneas deben aunarse para que el famoso discurso cobre la relevancia que en verdad debería tener y, mucho más, si nosotros conocemos el sanguinario desenlace del conflicto bélico que se aproxima. Aquí parece que las peripecias pedagógicas del peculiar terapeuta de su majestad y las victorias vocales de este permiten crear una historia trascendental. Lo trascendente tiene que ver con la paradoja que se establece entre la baja autoestima de un heredero, manifestada en su tartamudez, y las descomposiciones dinásticas en el seno de su familia, sumadas a las disoluciones políticas con el ascenso de Hitler. Sigue leyendo