Fuente Ovejuna

La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico dinamiza esta atrayente propuesta sobre el clásico de Lope

Es, sin duda, una de las obras de teatro español más conocida; se sigue comentando en los institutos e, incluso, leyendo. Aunque también es cierto que los acontecimientos históricos y dramáticos han derivado en una lectura un tanto errónea en el acervo popular; puesto que se habla de ella como la comedia que defiende que la unión hace la fuerza. Hoy en día no parece aceptable a nuestros ojos la actitud de los lugareños de aquel pueblo cordobés frente al comendador, Fernán Gómez. El tiranicidio como justicia y refrendada por los reyes. Fuente Ovejuna siempre ha sido, en cierta medida, una obra desigual. Primero porque la historia de amor entre Laurencia, aquí con una Paula Iwasaki poderosa y, a la vez, zalamera, y Frondoso, que Pablo Béjar, a pesar de que se le ve algo aniñado, es capaz de expresar heroísmo; y en la que interviene el propio comendador —interpretado por Jacobo Dicenta con buenas dosis de engreimiento y aplomo dramático—, no sirve ni de columna vertebral ni de núcleo tensional suficiente como para atraernos, por mucho que nos topemos con encuentros de flirteo entre los amantes o el rapto de la labradora encienda los ánimos. Por otra parte, la tendencia abusiva a remarcar el grupo disuelve en él a los posibles secundarios y a la concreción de subtramas que complejicen el drama. Sigue leyendo

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Pedro de Urdemalas

La pieza de Cervantes inaugura una nueva sala en el Teatro de la Comedia con una versión audaz

pedro-de-urdemalas-fotoUn pastiche fenomenal es el que ha montado Denis Rafter, apoyado en la ingeniosa versión de Jerónimo López Mozo, con las gentes jóvenes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico ─estaría bien denominarlos de otra forma, pareciera que son inexpertos y la mayoría tienen más trote que muchos mayores─. Ante todo y principalmente buscar un entretenimiento sagaz e inteligente, un divertimento repleto de referencias culturales de antes y de ahora (casi imposible pillarlas todas); un artefacto dividido en múltiples escenas que parecen diseñadas como cajones estanco, a veces, solamente comunicadas entre ellas por un fino hilo. Son como sketches en los que no falta un guiño, una remisión irónica, un retruécano, un entrar y salir, un jolgorio, una danza, una música sorpresiva con ánimo de empastar sin romper la armonía (complicado, a veces, con tanta mezcolanza). Sigue leyendo

Addio del passato

Margarita Gautier se convierte en la cantante de su propia vida en esta versión teatral de La Traviata

Addio del passatoJulio Bravo ha acometido un valioso cambio de perspectiva y ha reconfigurado el papel de Margarita Gautier, aquella famosa cortesana protagonista de La dama de las camelias de Alejandro Dumas que después inspiraría a Francesco Maria Piave para escribir el libreto de La Traviata. Addio del passato recoge el espíritu del aria del mismo nombre de la susodicha ópera. Al igual que esta, se compone de tres actos más ese epílogo en el que se consuma el anunciado desenlace. No deja de ser un melodrama donde el amor de tintes románticos transcurre en la eufórica endeblez de un imposible. Margarita, encarnada por Lola Baldrich, con un punto persuasivo entre el encantamiento y el divismo, cae enamorada de Alfredo Duval de una forma un tanto inverosímil, quizás más motivada por el repudio hacia su amante Raúl que por las habilidades de ese timorato fan al que da vida Fran Calvo, quien en verdad se va creciendo interpretativamente hasta llegar a cierto tenebrismo una vez ha pasado por la patética desesperación del beodo. Que sepamos que la Gautier padece una enfermedad incurable ─quizás habría que retocar el texto en el momento en el que el médico revela el fatídico dictamen, se llega a escuchar algo así como… «¿son buenas noticias?», «me temo que no», «entonces son malas»─ no hace más que ver ese amor improbable como una situación agónica en la que los espectadores poseemos esa información privilegiada y nos compadecemos del pobre desdichado. Sigue leyendo

La ola

De cómo un proyecto con jóvenes sobre manipulación mental puede alcanzar el éxito en menos de cinco días

Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

A mí el experimento de Ron Jones me parece falaz. Que se puede manipular a un grupo de alumnos eso lo puede comprobar cualquier profesor a diario. La cuestión radica en la pregunta inicial e ingenua de uno de los alumnos: ¿cómo pudieron tantos alemanes «convertirse» en nazis en tan poco tiempo? La respuesta que debería haber dado el profesor —y es en la que se basa la obra— no es que fueran manipulados, sino que muchos alemanes, como se puede comprobar leyendo a los pensadores del siglo XIX como Hegel, Marx o Nietzsche (si no queremos irnos más lejos) eran antisemitas (de la misma forma que lo eran o lo habían sido otras gentes en otros países) y, además, estaban faltos de trabajo, heridos en el orgullo por la guerra perdida y hambrientos. Por lo tanto, una cosa es crear una secta (algo que ocurre habitualmente con multitud de grupos en mayor o menor medida, en ámbitos religiosos, culturales o estéticos) y otra muy distinta es que se pueda transformar a toda una sociedad «sana» intelectualmente, y que ningún grupo contravenga esas posiciones. Por lo tanto, La ola no pasa de experimento para ratas. Sigue leyendo