Los empeños de una casa

Aurora Cano organiza una fiesta barroca repleta de boleros con una sugerente escenografía, para esta comedia de sor Juana Inés de la Cruz

En varias ocasiones se ha llevado a escena esta comedia de enredo de sor Juana Inés de la Cruz. La última memorable fue aquella de 2018 que representaron los jóvenes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Ahora llega la Nacional de México a sobredimensionar esta obra hasta llevarla más allá de las dos horas. Todo un exceso, producto de la inclusión de los boleros más célebres del planeta para que la fiesta barroca se haga contemporánea y se folclorice otro tanto. Realmente, todos los elementos artísticos que se ponen en juego permiten que el espectáculo resulte más llevadero, entretenido y gustoso, pues el texto no es gran cosa. Sigue leyendo

Blaubeeren

Sergio Peris-Mencheta dirige con sobriedad esta obra de teatro-documento sobre la cotidianidad de los nazis en Auschwitz a través de un álbum de fotos

Foto de Javier Tolosa

El contexto actual es, como todos sabemos, la masacre que está aconteciendo delante de nuestros ojos en Palestina. De allí también aparecerán álbumes con el rostro de la «banalización del mal». Es la sempiterna idea, que tanto remite al concepto de teodicea. Si Dios existe, ¿por qué permite este horror? Cuando asistimos a estas obras sobre el nazismo, debemos reconocernos en este 2025 atenazados por, insisto, puestas en escena que nos remiten a la invasión israelí. En los mismos Teatros del Canal hemos asistidos hace muy poco a House, Amos Gitai o a Todos pájaros, de Wajdi Mouawad. Sigue leyendo

Coriolano

Antonio Simón cuenta con un buen elenco para dirigir esta tragedia de Shakespeare en los Teatros del Canal

Coriolano – Foto de Jero Morales

Si a principio de temporada daba cuenta de la versión contemporánea ofrecida por Emilio del Valle, ahora llega la mirada más ajustada al original de Antonio Simón para trazar la biografía de héroe. Ambas propuestas dialogan, en cualquier caso, con nuestro presente. Es fácil encontrar líderes por doquier tan ambiciosos como nuestro protagonista rodeado de grupos igualmente pertinaces. Volvemos a encontrarnos, por lo tanto, con una función que sobresale, ante todo, porque el elenco está configurado por actores y actrices de gran solvencia. Creo que Roberto Enríquez es una estrella de la interpretación teatral que no está considerado como se debe. No hará ni unos meses cuando demostró sus habilidades en Los cuernos de don Friolera. Sigue leyendo

Divinas palabras

Atalaya recupera su visión sobre el clásico de Valle-Inclán para insistir en su estilo expresionista

Si hace unos meses los Teatros del Canal daban cobijo a Los cuernos de don Friolera, uno de los esperpentos más logrados de Valle-Inclán, ahora vuelven los de Atalaya sobre su montaje de 1998. La compañía sevillana ofrece su habitual estilo expresionista de influencia germánica que tan pertinentemente se ajusta a las concepciones de nuestro célebre dramaturgo. Muy distinto de la estética propuesta por José Carlos Plaza quien presentaba su visión nuevamente en 2020 (sobre su idea de 1987) y muy contrario a la crítica vitriólica que exponían los gallegos de Chévere con su Divinas palabras revolution en 2018. El Brujo, con El alma de Valle-Inclán, discurrió por sus propios derroteros.

Ricardo Iniesta exprime hasta la saciedad un objeto, un símbolo, un motivo, que observaremos durante toda la función. El cono luminoso, multiplicado por otros tantos y a varios tamaños, que nos sirven de caperuz semanasantero, tipi de estos indios correcaminos, arboleda fantástica, copas doradas de licores deletéreos, velorio de veladores en sacristía, riscos para cabras montesas y hasta cunnus empoderante. Sigue leyendo

House

El cineasta israelí Amos Gitai traslada al teatro su trilogía sobre la ocupación en diversos territorios de Palestina

Foto de Simon Gosselin

Estamos ante una sinécdoque, una parte que da cuenta de un (casi) todo. Observamos desde un satélite cómo se ha ido procediendo a la ocupación israelí sobre los territorios de Palestina y uno contempla todas esas nuevas construcciones que han nacido sobre el derrumbe de otras. Terrible es que este montaje que recorre tanto tiempo vaya a ser tamizado a partir de un contexto actual tan acuciante. Cómo vamos a caldear el ambiente nosotros desde nuestra conciencia, pues lo que descubrimos en escena es bastante frío, bastante distanciador, tan carente de una violencia expresa. Este hecho nos puede echar para atrás. La propuesta no es muy atractiva en su ritmo y en su estatismo. Menos, si tenemos que leer tanto. Más de cuatro lenguas se emplean, entre ellas el francés, el inglés, el yidis y el árabe.

El director de cine Amos Gitai decidió hace unos años enlazar teatralmente los documentales House (1980), A House in Jerusalem (1997) y News from Home News from House (2005). La primera parte ─si uno quiere visionar la película─ informa de cómo se ha derrumbado una casa y cómo se está construyendo de manera casi idéntica. Todo ello en blanco y negro, con los trabajadores golpeando la piedra. Así se representa sobre las tablas. La contundencia de esos martillazos no tiene nada que ver con las explosiones de los últimos meses, pero perturba el espacio escénico. Los andamios flanquean el foco central, y en ellos se hospedan los músicos. Alexey Kochetkov tocará el violín distintas ocasiones con tinte folclórico para matizar las discrepancias, mientras que, en el otro lado, Kioomars Musayyebi se ocupará del dulcimer para insistir en la tensión creciente. Sumémosle un pequeño coro, con la sobresaliente y conmovedora actuación de Dima Bawab, que logra verdaderamente despertarnos del tedio que, de vez en cuando, nos atenaza. De hecho, la música es el elemento que más infunde la pasión dentro de un proyecto algo monolítico en sus expresiones directas, pues se presentan con sus nombres y detallan su biografía en un procedimiento reiterativo.

Porque no asistimos apenas a diálogos que supongan agrias discusiones políticas. Los dos obreros, al principio, gentes de los pueblos cercanos, se manifiestan desde la derrota, con humildad y con furia contenida. Lanzando, si acaso, preguntas retóricas a los propios espectadores sobre qué haríamos nosotros si nos usurpasen nuestras propiedades. Se habla, entonces, de una casa que tuvo que ser abandonada por un médico palestino en 1948, durante la guerra árabe-israelí. Es la familia Dajani, la que tuvo que emprender el camino del exilio. Por eso, de una forma muy elocuente, observaremos a Bahira Ablassi encarnándose en una anciana que nos resume el periplo.

Por otra parte, conoceremos a Michel, un artista belga que es interpretado con descaro y un ápice de soberbia por Micha Lescot, un sionista convencido de su posición ideológica. Muy convincente en sus intervenciones. Se acoge a la huella de sus ascendentes, asesinados unos y otros supervivientes del holocausto. Ofrece, desde luego, el contraste a la evidencia de un robo.

Algunas escenas de los susodichos documentales se cuelan en la gran pantalla. También algunos fragmentos de otras películas del cineasta. El repaso de la historia del último siglo en aquel territorio queda marcado con una serie de hitos. Se escucha a un constructor hablar sobre la casa, revelarnos los significados del nombre de aquella calle: Dor Dor Vedorshav, que deja hoy un panorama espléndido de chalets repletos de enredaderas. Otros individuos sucumben a la melancolía que exige la desesperanza. De todas formas, el asunto se extiende enormemente. No querer incurrir en el propio conflicto de modo tajante implica, de alguna manera, que nos movamos en círculos, que volvamos una y otra vez sobre la metáfora principal. Las cuestiones geopolíticas, el terrorismo o la actitud del resto de países indirectamente implicados a lo largo de estos años queda para que nosotros completemos la función.

Hace unos meses, en los mismos Teatros del Canal, asistíamos a Todos pájaros, de Wajdi Mouawad. El propio director de La Coline ha sido el responsable de enviarnos el espectáculo de Gitai. Podríamos considerar que sus procedimientos dramatúrgicos insisten en la incomunicación; pero las importantes remisiones son, en el presente, ineludibles.

House

Texto y dirección: Amos Gitai

Reparto: Bahira Ablassi, Dima Bawab, Irène Jacob, Alexey Kochetkov, Micha Lescot, Pini Mittelman, Kioomars Musayyebi, Menashe Noy, Minas Qarawany, Mark Bonney, Danielle O’Neill, Nathan Mercieca y Ghassan Ashkar

Asistente de escenario: Talia de Vries

Adaptación del texto: Marie-José Sanselme y Rivka Gitai

Escenografía: Amos Gitai asistido por Philippine Ordinaire

Vestuario: Marie La Rocca asistida por Isabelle Flosi

Iluminación: Jean Kalman

Sonido: Éric Neveux

Dirección musical: Richard Wilberforce

Colaboración en el video: Laurent Truchot

Peluquería y maquillaje: Cécile Kretschmar

Preparación y dirección de sobretítulos: Katharina Bader

Construcción de escenografía: taller de La Colline – théâtre national

Producción: La Colline – théâtre national

Estreno en La Colline – théâtre national 14 marzo 2023

Extractos de las películas de Amos Gitai: House (1980), House in Jerusalem (1998), News from Home / News from House (2005), Kippur (2000) y Field diary (1982)

Con la colaboración de la Fundación Casa Pintada – Museo Cristóbal Gabarrón

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 26 de abril de 2025

Calificación: ♦♦♦

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El efecto

Juan Carlos Fisher dirige el éxito de la dramaturga británica Lucy Prebble, un drama sicologista sobre el poder de la química en nuestro cerebro

Foto de Elena C. Graíno

El efecto es efectista. Se la recomendaría, para que se entretuviesen, a los adolescentes. Cuesta pensar que el público adulto que suele ocupar las butacas de los Teatros del Canal no vaya a detectar las simplificaciones con las que se acomete el planteamiento. Por un lado, habría que señalar que la obra, tan acuciante para el momento que vivimos a partir de este constructo tan avieso de la «salud mental», se ha quedado anticuada. De hecho, ya lo estaría en aquel 2012 en el que se publicó. Los fármacos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina han sido puestos tan en cuestión que la siquiatría más seria declara abiertamente que esa vía antidepresiva apenas «funciona» en el 10% de los casos. Sigue leyendo

Música para Hitler

Yolanda García Serrano y Juan Carlos Rubio nos destinan a un intenso encuentra entre Pau Casal y un oficial nazi

La medida concisión y el clímax que se nos propicia en el desenlace estructuran un proyecto que tiene todos los ingredientes para alcanzar el éxito de ese espectador serio y maduro que tanto anhelan ciertos dramaturgos y directores. No negaré las virtudes del texto firmado por Yolanda García Serrano y Juan Carlos Rubio; pero el riesgo y la complejidad artísticos apenas se concitan. Cuando una obra lleva el nombre ‘Hitler’, uno ya sabe que la lucha frente al mal supremo, simbolizado en este dictador, será la razón de ser. Ahora, el montaje al que asistimos, con toda una Sala Roja Concha Velasco a rebosar, nos usurpa un coherente conflicto. Es decir, en cualquier otro esquema dramático o cinematográfico al uso, la duda, la cuita, la posibilidad de una pérdida flagrante o, incluso, dejarse la vida aparecen en algún momento de manera acuciante. Sigue leyendo

Los cuernos de don Friolera

Ainhoa Amestoy plantea una adaptación de este esperpento de Valle-Inclán repleta de motivos grotescos aunando tiempos diversos

Foto de Pablo Lorente

Enfrentarse a este esperpento de Valle-Inclán, incluido, como se sabe, en el ciclo Martes de Carnaval, publicado en su versión definitiva en 1930, no es tarea fácil, por mucho que el argumento sea tan polémico en estos momentos. Formalmente es un desafío, si uno se quiere hacerse cargo de sus diferentes niveles metateatrales, amén de un vocabulario expresionista que posee todas las características ingeniosas del dramaturgo. La mayor pega, sin duda, su extensión y, si acaso, recalcar demasiado las ideas principales. Anhela el autor enmarcar tanto su artefacto que no ceja hasta situar a cada quien como le corresponde. Sigue leyendo

La gran ilusión

Lluís Pasqual regresa a Eduardo de Filippo con elenco argentino para propiciar un mero entretenimiento en los Teatros del Canal

Foto de Carlos Furman

Planteemos si era necesario el programa doble, es decir, insistir con el proyecto que en su momento Lluís Pasqual tituló A teatro con Eduardo. Ahora se nos «vende» como La gran ilusión, aunque el nombre solamente sea indicado para la extensa segunda parte y que es adaptación de la obra La gran magia del dramaturgo italiano. El primer cuadro procede de Señor y gentilhombre, que escribió en 1928. Y pienso que sobra, que no termina de engarzarse con lo que viene después, que es un ejercicio pirandelliano de metateatro que ya hemos visto copiado demasiadas veces en estas últimas décadas. Es un divertimento, donde unos cómicos ensayan su función de la tarde y evidencian que aún les queda mucho para tenerla lista. Así que el apuntador (un Paco Gorriz muy gracioso) tendrá que intervenir «demasiado» para llevar hasta la exasperación al director-protagonista. Poco más, porque no hay más camino que trazar. Sigue leyendo