La veterana actriz argentina Marilú Marini representa la adaptación de esta autobiografía sui géneris de María Negroni, donde ajusta cuentas con su madre

La poeta María Negroni posee versos en los poemas que pueblan los libros que ha publicado realmente sugeridores. En España todavía su obra no ha logrado permear suficientemente entre los lectores, y esto hace que El corazón del daño tengo menos atractivo. Posee un mundo lírico lleno de audacia, donde la sorpresa se esconde en la seducción de las propias palabras. No obstante, este artefacto que nos compete deja versículos de calidad, se entreteje con azares y con una especie de escritura a vuela pluma en un avance que, a veces, parece impelido por el automatismo inconsciente. Sigue leyendo




La extrañeza que se consigue en los primeros instantes de esta función, cuando todo lo que sucede no parece más que dirigirnos hacia una atmósfera de cercanía, es lo que logra atraparnos durante la mayor parte del tiempo. Una señora mayor, de pelo cano, una Lola Casamayor que posee un rostro capaz de expresar una ambigüedad natural que encaja excepcionalmente en este prólogo. Un gesto maniqueo de alguien que duda y que nos hace dudar; porque parece una ancianita algo desnortada, solitaria, vagabunda, sin un lugar al que ir. La picaresca de alguien que ha robado en un supermercado y que tiene la capacidad para seducir al segurata. ¿Qué ocurre ahí entre tanto diálogo rayano en el absurdo? Quizás este clima de misterio que el dramaturgo consigue alargar hasta bien avanzada la pieza sea la demostración de su habilidad en la escritura; pero luego uno tendrá la sensación de que la cuestión esencial no deja de ser una reverberación en tres personajes que están esbozados con los rasgos esenciales, que nos valen para hacernos una idea; pero no para profundizar en la complejidad de su personalidad. 

